Sentirme fuera de onda es mi ADN; como aquella peli francesa de Los visitantes, con unos aldeanos de la Edad Media en la época actual y sus delirantes y (esperables ) gracietas por culpa del choque temporal. Para mí, la cosa nunca ha sido “cuando tú vas, yo vengo de allí”, sino que cuando los demás ya han llegado y luego se han ido, entonces llego yo; tarde, a destiempo, pasota con lo que se lleva y lo que no se lleva. Y en el caso de que el genio de la lámpara maravillosa aparezca concediéndome el deseo de estar siempre a la última,LEER MÁS

  Me sube la fiebre cada vez que escucho o leo una estupidez del estilo “En la vida todo se consigue si trabajas duro”, “Nunca renuncies a tu sueño”, “Sé perseverante y podrás alcanzar lo que te propongas”. Va a ser que no. Es la mayor patraña que se ha dicho nunca. Hortera y ñoña, suele formar parte del corpus literario de autores como Paulo Coelho o cualquier becario que esté trabajando en las oficinas de Mr. Wonderful. También es un forracarpetas, una frase para tazas de café con leche que acaban siendo lapiceros, un motivo para dar los buenos días en Facebook y enLEER MÁS

De la paciente sufridora de “No tienes hijos y no tiene ni p**a idea de lo difícil que es educarlos”, “El día que tengas hijos, me avisas, listilla” y “Si aparco el coche en la puerta del colegio es porque no tienes ni pajolera de lo que es tener hijos”… Nace un nuevo estudio, perfectamente perimetrado, cotejado y basado en sensaciones personales, tan valiosas como las de otro ser humano, incluso aunque este ser humano tenga hijos. Hace unos días, inmersa en mi actividad favorita, a saber, observar costumbres ajenas, pude contemplar a una familia con un hijo de unos seis años jugando con elLEER MÁS

En la última novela de Isabel Allende, un muchacho en edad universitaria decide matricularse en Ingeniería de minas. Dado que fue criado en un hogar de inquietudes humanísticas, nadie se explica el motivo de su elección hasta que el joven replica: “Porque las piedras no opinan ni contestan”. Entendí al pobre Marcel a la perfección. Ahora mismo todo el mundo cree que sus opiniones son fundamentales para el resto de la humanidad. Convencidos de que te están haciendo un favor, te nutren de consejos y avisos, alejándote de aterradores peligros como el de picotear unas patatas fritas después de las seis de la tarde. TeLEER MÁS

  Así, a primeras, no podría decir nada en contra de este deporte. Practicado con escasos recursos, ejerce una acción democratizadora sin igual; desde Turkmenistán hasta Uruguay se practica el fútbol con la misma pasión. Incluso actúa como calmante de tragedias en campos de refugiados o en las cárceles, y todo con un simple balón de por medio. Por otra parte, es un deporte bien lucido, en donde los protagonistas corren con una pelota pegada al pie, cosa que me parece magia; capaces de serpentearla entre sus piernas o colarla entre las del contrario. Y si encima el equipo juega bonito, ya es de premio.LEER MÁS

  Más de dos años llevaba yo sin escuchar música en directo y lo echaba de menos. No así las colas, las aglomeraciones o las muertes por inhalación de gases en los retretes portátiles. Lo que yo echaba de menos era sentir cómo retumba la música en mi pecho a modo de tum tum tum. Esa es la señal que te indica que es un día diferente. Y en este caso, más aun: el plan era acudir a un evento concebido históricamente para que se aglomere gente, solo que en una época en la que que se deben evitar las aglomeraciones. ¿Cómo se consigue eso?LEER MÁS

  Partamos de la base de que eso no existe. En veinte años te aburrirás en algún momento, se trate de amor o de comer lo que más te gusta del mundo: las croquetas de tu madre. Un día le dices a tu madre que si por ti fuera comerías croquetas todos los días de tu vida. Dado que estuvo dieciocho horas de parto por ti, ha desarrollado el hábito de hacer tus deseos realidad y te dejará un tupper de croquetas todos los días durante veinte años. Dicha travesía gastronómica se desenvolverá de esta manera: los cinco primeros años, estupendamente. Los cinco siguientes, bien,LEER MÁS

  Dada la impresión tristona y la panorámica deshabitada que nos están ofreciendo los Juegos Olímpicos es hora, por fin, de mostraros mi versión renovada de esta cita deportiva. Es preciso que una fresca brisa desmantele muchas de las apolilladas disciplinas transformándolas así en versiones más afines a los tiempos actuales. Teniendo en cuenta el infinito número de especialidades que se practican en este festejo, me ceñiré exclusivamente a sus clásicos, con lo que sin más dilación, que comience mi programación olímpica. ATLETISMO Sin duda, el deporte rey de las Olimpiadas. Con el llameante pebetero en el horizonte, los atletas se lucen en la pistaLEER MÁS

  Yo suelo reaccionar mediante contrarios. Puede que sea mera provocación o simplemente se trata de esta arrebatadora personalidad mía. Lo cierto es que si intentan meterme algo por los ojos, más me alejo yo de catar una novedad. Esta costumbre la traslado a todos los campos que me sean posibles: una película, un viaje o un remedio para la tos. Si me insisten en exceso, mi parte díscola se pone en funcionamiento hasta el punto de tirria absoluta hacia aquello tan altamente recomendado. Pues todo eso me ocurre con el Mercadona y su pléyade de admiradores. El Mercadona no es un supermercado. Al parecer,LEER MÁS

  Me da la sensación de que los andaluces jamás se podrán sacar de encima lo de vagos, exagerados y fiesteros. Pero cada uno con su sambenito, que para eso están; para soportarlos eternamente. Dibujándolos como paisanos que se pasan la vida con su lolailo en la romería o en la feria, todavía hoy son legión quienes desconocen que se trata de una tierra fértil en poetas, pintores e intelectuales; desde Alberti hasta Lorca, desde Velázquez hasta Góngora. Definitivamente, su gentío me creaba curiosidad. Sabía que no todo es calor ni taconeo ni toros ni chistes, pero mejor si lo comprobaba yo misma mediante miLEER MÁS