No hay nada como crear un personaje basado en ti para ejercer un completo dominio sobre algo. Tuya será su imagen, de ti dependerá su identidad, su gracia, la virtud de gustar o el desafío de incordiar. Y siempre moldeándolo a tu antojo y conveniencia sin rendirle cuentas a nadie. Cierto es que poco tengo que reajustar en el traspaso de mí misma a Mala -siempre seré una dramas de la vida como ella- pero es hora de concretar datos y puntualizar informaciones. Para empezar, no luzco tan joven ni estoy tan buena como en las ilustraciones. Mis limitadas dotes para el dibujo me empujaronLEER MÁS

  Hace un tiempo leí que una de las claves para escribir un blog o cualquier contenido en el que predomina tu voz, consiste en no pensar en quién va a leerlo. Deberás olvidar que va a leerlo tu amiga, tu madre o tu suegra, ya que de lo contrario, el proceso creativo se complica; la fluidez y la creatividad desaparecen y tu pequeña narración se convierte en una tortura y en hago-deshago continuo. Así que no criticarás la naturopatía, porque no quieres molestar a una amiga que sí la practica; suprimirás el párrafo en contra de algunos funcionarios de ventanilla porque puede haber líoLEER MÁS

  Incomprensiblemente, los hombres ven las películas en silencio. Si bien gracias a mi olfato analítico de sabueso policial y a mis vastos conocimientos sobre el universo masculino, desentramaremos los motivos de este extraño comportamiento que afecta a todos los varones del firmamento. Reconozco, aun así, el mérito de ver una película de principio a fin sin decir ni mu, pues dicha virtud solo está al alcance de aquellas mentes predestinadas a la enajenación más absoluta. Esta abstracción con respecto al medio es la que hace que caigan rendidos veinte segundos después de meterse en cama, o de seguir el argumento de una peli aunqueLEER MÁS

En mi pueblo han abierto una gran superficie de bricolaje para ir a pasear. El plan es que vayamos a airearnos a una nave industrial junto con otras dos mil personas durante tres horas y media. Es lo que solemos hacer en mi pueblo si queremos dar una vuelta. Me han dicho que alguien ha entrado a comprarse un taladro, pero de momento es solo un rumor. Yo creo que ha sido una medida formulada desde la concejalía de familia, porque a no ser que vayas en pareja, en las grandes superficies no te dejan entrar: “¡Yo solo he venido a por una broca deLEER MÁS

  Yo nunca he sido muy avant-garde en casi ninguna cosa. Mi propensión a no detenerme demasiado en ciertas innovaciones ha hecho que tenga un perfil más adecuado para ingresar en una residencia de mayores, que en un festival de verano con todo su moderneo. Y es que, más experta en pijamas de franela y en colutorios para las encías que cualquier persona de mi quinta, definitivamente, soy pura desgracia anticontemporánea. Para empezar, DETESTO COMPRAR ONLINE, lo que me proporciona al mínimo, una posición en el pódium de lo vejestorio. Que no te guste comprar por internet es el nihilismo del siglo XXI. Es negarLEER MÁS

Dado que siempre he sido yo persona de un marcado carácter observador, podría confeccionar, sin despeinarme, un extenso catálogo sobre lo que se estila actualmente con respecto a las buenas o malas maneras de la ciudadanía en su día a día. Para ello es necesario seleccionar un entorno que nos sea común y reconocible a todos y todas: el supermercado y/o sus variantes, ese entorno que me fascina desde siempre. El supermercado es un establecimiento tremendamente generoso. Te regala momentazos simplemente porque sí. A cambio solo tienes que comprar, pero basta un paquete de arroz para convertirte en cliente, y ser así testigo de laLEER MÁS

  Este año, en mi anárquica pero responsable familia, hemos decidido que las Navidades las celebremos cada uno a la lumbre de su propio hogar. Nos es indiferente que cantantes octogenarios entonen villancicos ante cinco mil personas. En nuestra casa, aunque vamos sobrados de contradicciones, como casi todo el mundo, cuando nos toca ser buenos ciudadanos, lo somos. Así, mientras otros cantan El tamborilero, nosotros cantamos Cada mochuelo a su olivo, lo que empodera nuestra ética familiar. Dicha decisión determina que mi Costillo y yo pasaremos, por primera vez, la noche del 24 de diciembre a solas con nuestro gato. Y a varios días vista, yaLEER MÁS

  En el momento en que toca la escena de sexo cuando estás viendo una peli en compañía, se te queda cara de imbécil y no sabes qué hacer. Yo, de naturaleza simple y, en ocasiones, también práctica, cuando paso vergüenza solo tengo un recurso: decir chorradas. Cualquier cosa menos quedarse en silencio sepulcral ante la estampa de dos personas jadeantes que se revuelcan entre sábanas de satén. Aun así, entre tontería y estupidez tengo tiempo de sobra para llevar a cabo una extensa indagación por los entresijos de estas escenas centradas en revolcones ajenos. No resulta un ejercicio complicado, pues por poco observadora queLEER MÁS