Este inesperado receso nos ha enseñado a algunos que el mundo sigue girando pese a la interrupción de algunas costumbres y actividades. Al final, a todo se acostumbra uno y, salvo motivo de vida o muerte, concluyes que al menos durante una temporada se puede estar sin eso o aquello; o conviertes este eso y aquello en otra versión acoplada al nuevo día a día. Sin embargo, intereses de todo tipo y cierto miedo al apocalipsis han determinado que algunas ocupaciones sigan adelante, no sea que su suspensión cause un cataclismo irreparable. Hablemos, por ejemplo, de la EDUCACIÓN. Bien, nos encontramos ahora mismo con todosLEER MÁS

Por razones obvias, durante estas semanas hemos recibido un bombardeo masivo de anuncios que muestran imágenes de personas trabajando desde casa. A lo poco que me he detenido en ellas, he comprobado que la dicha más absoluta se te aparece como un espectro divino en forma de un estudio pequeñito aunque coquetuelo, de diseño escandinavo pero con luz sahariana, con cuadros de arte contemporáneo en la pared y un bebé que nunca llora sobre tus rodillas. Y mientras la criaturita da palmaditas y hace cucamonas, tú trabajas relajadamente, ataviada con una confortable ropa de lino en tonos neutros que combinan con el ambiente. Todo aLEER MÁS

  Después de casi dos meses en casa, el Gobierno dio comienzo a un protocolo que nos permite a los adultos salir a hacer deporte a determinadas horas. Yo, de naturaleza curiosa y de tendencia agorera, me temía que el día de la denominada “desescalada” iba a ser un regalo para mi amplio sentido del análisis. Me moría de ganas de conocer las variantes de todas las infracciones que se iban a perpetrar. Nada más tuve que esperar al sábado día dos de mayo, hora: ocho de la tarde. Como día especial que era, el Costillo y yo también salimos a formar parte de laLEER MÁS

  Juro y perjuro que este tema lo había preparado antes del confinamiento, pero decidí guardarlo en ese baúl donde los textos me piden en bajito que los saque a la luz. “Sácanooooss, sácanooooss”, me dicen. Y me dan penita, claro. La historia es la siguiente: yo había escrito una entrada en la que hablaba de lo perjudicial que resulta para un estado de ánimo no muy boyante quedarse en pijama todo el día. Y tres días antes de publicarlo, el Gobierno decreta un confinamiento en el que la gente iría masivamente… EN PIJAMA. A partir de entonces no supe si debía centrarme en misLEER MÁS

Tras más de un mes confinados en casa hemos tenido la oportunidad de leer teorías de variadísima temática sobre el origen de esta pandemia. Todas ellas realmente hilarantes. Hay algunos que aseguran que se trata de una guerra bacteriológica para equilibrar el número de cotizantes y jubilados. Otros, abogan por intereses geopolíticos y económicos con farmacéuticas de por medio; sin olvidarnos de esa hipótesis de algunos círculos chiripitiflaúticos que aseguran que esto es una epidemia psicológica con la que pretenden atontar nuestros cerebros. ¿Más? ¡Pero si ya estábamos todos medio alelados! Y si fueran pocas estas conjeturas, yo lanzo una sospecha que nadie se haLEER MÁS

Estas semanas estoy apreciando una disminución de series de médicos y hospitales en esa gloriosa parrilla televisiva de la que disponemos. No corren buenos tiempos para emitir historias situadas en boxes de urgencias y centros de salud, pensarán los responsables de la programación. Yo, sin embargo, creo que los planificadores están dejando pasar una oportunidad irrepetible para emitir una ficción totalmente inverosímil que nos distraiga de nuestra actual y confinada vida cotidiana, ya que no hay nada que nos evada más de nuestra realidad que ver a unas personas vestidas con bata blanca de Armani curando a pacientes que parecen modelos de lencería. Si estoLEER MÁS

  Hay familias que viven en el sobreentendimiento: se sobreentiende que te quiero porque eres mi hija y se sobreentiende que os quiero porque sois mis padres, y aprovechando esta ley natural de sobreentendernos que nos queremos los unos a los otros, puede que te lleve al acomodamiento y te dejes estar así. Ojo, que esta práctica no resta amor ni veracidad, que a estas alturas no vamos a explicar que el afecto no tiene que ir unido a demostraciones pomposas, y que la práctica de ellas no suman más devoción; aunque sí es cierto que después de un tiempo te cuestiones si podrías haberlesLEER MÁS