Siempre me ha gustado escuchar a esa masa jovial y risueña que marcha por las calles a ritmo de ejército norcoreano. Amontonados y ocupando toda la acera, caminan felices y con mucha prisa, porque sea cual sea su destino, será siempre un planazo. A veces me encuentro con un grupito de muchachos y muchachas sentados en un banco del parque, acomodados sobre él de todas las formas posibles menos la habitual. No puedo evitar hacerme la tonta y sentarme cerca de ellos disimuladamente. Podría hacerlo sin tanto cuidado, ya que no reparan en mí ni un segundo; a sus ojos poco me faltará paraLEER MÁS

No iré yo de monja de clausura afirmando que me desagrada tomarme un refrigerio en una terraza. La vida tiene sus placeres y este es uno. Ahora bien, el furor terracero se ha apoderado de nuestras almas, convirtiéndonos en animales primitivos que luchan en la jungla del postureo. Enseñas colmillos, arqueas el lomo o ya directamente te pasas al insulto o a montar un pollo como Dios manda. Cualquier signo de intimidación será lícito siempre que el adversario perciba tu agresividad. La única mesa que queda libre es tuya y estás dispuesta a todo. Desconozco con exactitud cuál ha sido el desencadenante de este augeLEER MÁS

La coronilla es la nueva cara. Esa parte de la cabeza humana de la que nace en distintas direcciones el pelo, formando un grácil remolino situado en la zona más alta de todo el melón, se está convirtiendo en el rasgo físico diferenciador de las personas. En otra época, por cortesía del bipedismo, reconocías a tu amigo Juan Antonio por su nariz chata, ojos pequeños y oscuros, labios finos y mentón pronunciado. En cambio, ahora, a Juan Antonio tendrás que recordarlo por su coronilla: nivel de frondosidad de cabello, tono exacto y trayectoria del remolino. Si se afeita con la maquinilla, se complica el asunto.LEER MÁS

  No sé por qué muchas veces nos avergonzamos de nuestra parte creativa. De hecho, algunas personas que han conseguido cierta gloria en Twitter, o los que suben sus recetas de empanadillas a Youtube, o los que enseñan sus acuarelas en tutoriales para principiantes o los que escriben un blog de poesía en verso libre, se mueven en el más profundo de los anonimatos. Ni en su casa lo saben. He reflexionado sobre esta clandestinidad artística y he llegado a la conclusión de que cualquier actividad creativa resulta muy personal. Es más, el arte es algo muy íntimo. El ingenio y la imaginación nacen yLEER MÁS

Hace nada me dijeron que tengo la suerte de ser propietaria de un buen escudo con el que protegerme de muchas cosas de la vida: el humor. Tras agradecer semejante halago, no sin sonrojarme terriblemente, dado la convicción con la que me lo confesaba, me di cuenta de que en realidad nunca he sido demasiado consciente de ello. Es decir, sí, sé que tengo sentido del humor, pero para mí es lo mismo que tener dos ojos: los tienes ahí pero no les prestas mucha atención. Vienen contigo de serie y nunca te has parado a agradecerle a la vida que te los haya puestoLEER MÁS

  Cuando era más joven, me pasaba la vida recriminándole a mi padre que no se involucraba lo suficiente con sus hijos, que no se implicaba con las tareas del hogar y que nunca nos preguntaba por nuestras ilusiones o miedos. Ahora que ya soy mayor, me he dado cuenta de que MI PADRE ES HIJO DE UNA ÉPOCA. Por aquel entonces a un hombre casado solo se le exigía que fuese una sola cosa: proveedor de su familia. Los buenos hombres se diferenciaban de los malos en que eran trabajadores. En mi pueblo todavía se sigue utilizando ese criterio diferenciador para calificar la bondadLEER MÁS

  Recientemente, en la cola de la panadería, dos personas hablaban sobre la elaboración de la tortilla de patatas: “Es que es un trabajón. A nosotros, si nos apetece cenar tortilla la pedimos a [nombre de app de comidas a domicilio]”. Su interlocutor asentía con una naturalidad pasmosa, señal de que usaba un procedimiento parecido en cuanto a las tortillas. Yo me sentí desfasadísima tortillamente hablando. No obstante, prosigamos con su conversación: “Y como a mí me gustan jugositas, siempre las encargo en ese sitio; a no ser que llame a mi madre y le pido que me haga una, porque tiene una mano buenísimaLEER MÁS

Llamarla pocilga sería otorgarle más valor del que tiene, puesto que en ella se revuelcan los adorables cerditos. La tele es un auténtico vertedero adonde van a parar las ideas más infectas del ser humano. Sin imaginación y con muy mal gusto, los creadores de contenido, productores y directivos han creado un microcosmos del horror. Salvo La 2, esa cadena que contiene mucho más que documentales de gacelas en el Serengeti, todo lo demás es una basura incendiaria. Lo peor de todo es que la mayoría de estos grupos mediáticos alardean de innovadores formatos y de audiencias millonarias, aunque todos sabemos que ni una cosaLEER MÁS

  Como resultado del júbilo con el que mucha gente se dirige al Costillo y a mí en cuanto a parejita que somos, he llegado a la conclusión de que nos tienen por un dueto amoroso chispeante. Para empezar, siempre nos tratan como a una pareja de novios, cuando en realidad, hace ya unos cuantos años que firmamos unos documentos en una ceremonia de tres minutos ante un juez, de la que no recuerdo mucho, salvo que me leyeron un artículo de la Constitución que me obligaba a cuidar de mi suegra cuando la ocasión así lo requiriera. Obviamente, me comprometí en alta voz aLEER MÁS