Analicemos hoy un tema, cuanto menos, perturbador: esas pobres muchachas que lucen sobre una tarima sus escuchimizados esqueletos . No tienen ni que hacer mucho esfuerzo para caminar, porque con tal de que alguien deje una puerta abierta sin querer, entra una corriente que las desliza estupendamente pasarela adelante. En general, la industria a la que pertenecen les exige mantener sus cuerpos como espárragos de reducidísimo calibre, y en casi todas las exhibiciones se repiten los mismos patrones, previa advertencia del diseñador o diseñadora que monta el numerito. Las pobres no son más que unas mandadas. Enunciaré, a continuación, las principales majaderías que he observadoLEER MÁS

Mi madre no me deja en herencia joyas o terrenos edificables, no. Me deja unos ojos más grandes que mi cara a una miopía pegados, por cierto, y un grandioso historial médico familiar en cuanto a cáncer de colon se refiere. Es por ese motivo que su médico me aconsejó comenzar ya con las pruebas de detección precoz y a ello me puse, de manera que tras un tiempecito de espera, la semana pasada tuvo lugar el gran día de meterme una camarita por ese oscuro e inhóspito lugar, para asegurarnos de que mis cañerías estuviesen limpias y lustrosas. Eso sí, procedí días antes aLEER MÁS

No soy yo persona de buscar solución a mis males en internet, salvo que se presente en mi vida un problema de acuciante gravedad como una posible aparición de hongos en la uña del dedo gordo del pie. En ese caso, comprenderéis que por mera cuestión de urgencia, indague en esa fuente de sabiduría y de fiabilidad que es Google. De manera que me planté ante el cursor parpadeante con una premura similar a la de si se tratase de la peste negra. Puede que mi actitud fuese algo desmedida, pero teniendo en cuenta lo que contemplaría en cuestión de segundos, creo que hasta meLEER MÁS

Tras los meses de noviembre y diciembre que pasamos por estos lares en los que unos días llovía, otros, llovía; después, había algunos en donde también llovía y, si acaso, te podías encontrar a veces con que, sorpresivamente, llovía; sufrí alguna que otra mojadura que dejó perjudicada a mi querida billetera de marca pija, regalo de mi amiga Marta. Yo, siempre tan eficaz con mis ideas de bombero jubilado, procedí a intentar revivir a esa pobre criaturilla que guarda mis dineros y mis cien mil tíckets de compras que se retrotraen hasta el año 1997. Para ello, lo único que se me ocurrió fue ponerloLEER MÁS

Hace unas semanas, mi Costillo, ese ser de impresionante coordinación corporal, sufrió un resbalón en las escaleras y se hizo un esguince. Me extraña, pues se trata de un caballero cuyos armónicos gestos recorren todas sus extremidades, cual cisne en un lago encantado. De hecho, es tan imponente su caminar, que cuenta la leyenda que las bellas damiselas del reino salen al balcón para dejarse cortejar por semejante galán de movimientos acompasados y de refinadas danzas. No en vano, la que escribe ha padecido algún que otro traspiés por obra y gracia de este gallardo y gentil hombre, que, en aras de interpretar a Apolo,LEER MÁS

No entiendo toda esa preparación que se les exige a los controladores aéreos, si al final todo se resume en que tienes que ser hijo de un millonetis. Lo digo porque es una lástima, puesto que yo, salvo lo de venir de una familia con posibles y lo de poseer una vista de águila, la verdad es que el resto de condiciones las cumplo todas. Veamos, ¿licenciada? Sí. ¿Inglés? Yesverywellfandango. ¿Oído? Fantástico, no veas qué bien escucho fornicar todas las noches a los del bloque de al lado. ¿Controlar? SÍ. SÍ. POR SIEMPRE, SÍ. Controlo lo que me pongan por delante: desde hacer aterrizar alLEER MÁS

La semana pasada un gato se coló en mi edificio aprovechando el momento en el que entraban unos vecinos. A esa hora mi Costillo y yo estábamos en casa, relajados, a la cálida lumbre de la chimenea mientras recitábamos en alto el Soneto número tres de Shakespeare en su lengua original, actividad que solemos practicar día sí y día también porque así es nuestra vida: docta, sabia y cultivada. Y aprovechando que se trataba de la noche de leer en inglés y no en ruso, como ocurre cuando leemos algún pasaje de Chéjov, pudimos escuchar perfectamente unos maullidos ensordecedores que provenían de la entrada delLEER MÁS