Amigas, amigos; Mi Costillo es un hombre con las ideas claras en cuanto a sus estilismos. Él sabe lo que le gusta, lo que le sienta bien, lo que le sienta regunlinchi y, sobre todo, maneja como nadie la gama de colores en la que va a moverse, esto es: gris perla, gris humo, gris antracita, gris carbón, gris marengo, gris piedra y gris zinc. Ojo, que es un hombre atrevido, y por ello se lanza también a la piscina con el azul marino, azul marino noche, azul marino pavo real, azul marino tormenta, azul marino índigo y el azul marino egeo. Por supuesto tampocoLEER MÁS

Por supuesto, como no podría ser de otra forma, voy a comenzar mi textito liándola parda para no variar. Y es que si una es así de chulita e imprudente, ¿para qué cambiar? Un clásico es un clásico y meterme en berenjenales es mi debilidad, con lo cual entonaré aquí y ahora que: LA GENTE SIN SENTIDO DEL HUMOR ES RARA. Hala, ya está. Ya lo he dicho y me he quedado como dios. Qué alivio, chica, que estaba que si sí que si no, que si lo digo que si no lo digo….un sinvivir, vamos; pues sabes perfectamente que siempre va a aparecer unoLEER MÁS

[Aclaración de la autora: Procedo a escribir estas líneas tras pedir permiso al protagonista y afectado; mi Costi, quien, dando muestras de su eterna generosidad me concedió su beneplácito con el júbilo de aquel que va a ser el centro de atención]. El Costillo: ese hombre inteligente, hilarante, culto, comprometido, antaño poseedor de una rebelde melena y ahora reconocedor con buen talante de su incipiente calvicie; ha compartido conmigo -de manera inesperadamente abierta- sus momentillos de inseguridad causados por la pérdida de pelo. Comencemos pues mencionando lo obvio, que uno no se queda calvo de la noche al día. Si bien sé que existen criaturasLEER MÁS

Yo, no contenta con querer ser top model, artista, humorista, activista de los derechos humanos, intelectual, pacifista, superdotada y eternamente joven y grácil; he llegado a la conclusión de que también soy psicóloga en mis ratos libres. Lo cual indica que, además de polifacética, me la trae al pairo lo del intrusimo profesional. En cualquier caso, esta faceta mía como terapeuta me la tomo muy en serio; no creáis que me leo la revista Psychologies y luego me agencio como míos algunos de sus consejos. Para nada. De hecho el único contacto que yo he tenido con esa revista era leer sus titulares en elLEER MÁS

“¡Señor, sí, señor!” Visto cómo se manejan muchas personas por ahí, parece ser que esta sería nuestra consigna para poder sobrevivir en la jungla de los yomimeconmigo; de los aires de terratenientes que se traen algunos y de la tendencia al mandato sin decoro alguno. Francamente, no sé si el día que se repartió la buena educación ellos estaban en un búnker, o que su familia no era muy amiga de una de las enseñanzas míticas de tu infancia. Que ni siquiera es que tus padres te hayan perseguido toda la vida con ella. Solo te entrenaban unos añitos y después tú ya pasabas aLEER MÁS

Jesusito de mi vida la que se ha montado con esta serie. Y aun habiendo visto solo tres capítulos,  me considero más que apta para exponer aquí y ahora mi visión, siempre objetiva y documentada, sobre este espectáculo televisivo del cual curiosamente no se puede mencionar ni su nombre. Aunque estés visitando un pueblo indígena del Amazonas o a los sherpas del Himalaya, te prohibirán vocalizar cualquier sonido relacionado con este fenómeno por aquello de los spoilers. Por todo ello, y porque a provocadora no me gana nadie, me veo obligada a destripar los elementos más icónicos de esta serie, de la que conoces hastaLEER MÁS

Grandes esperanzas, ese novelón de Charles Dickens, es el libro que debería ocupar los revisteros de todos los salones de peluquería del mundo. Adiós a las revistas de cotilleo y a las publicaciones de moda. A partir de ahora mismo, sobre las mesitas de toda peluquería que se precie, ha de lucirse esta obra en todas sus versiones: en su lengua original para los más avispados, traducida al castellano para el lector medio o adaptada en forma y contenido para los más pequeñajos o, en su defecto, para la clientela masculina. En todo caso, es una opción fantástica de lectura mientras esperas a que seLEER MÁS

Venía yo de leer un tochazo, y dado que la belleza también está en la variedad, decidí acudir a mi madre, esa lectora voraz, en busca de un préstamo en forma de libro sin pretensión alguna más allá que la de leer unas paginillas antes de conciliar el sueño. Lo malo es que pedirle a mi madre que me recomiende algo de lectura es como caer en unas arenas movedizas de las que no saldrás nunca: “Pero… ¿policíaco estilo escandinavo o más bien novela negra americana? Ah…que lo mismo prefieres algo en plan espionaje de John Le Carré, o si quieres también tengo el últimoLEER MÁS

Ahora que estamos saturados de campañas políticas, mitings, carteles pegados en muros y sobres que empachan el buzón de casa; y venga promesas, y venga debates, y venga atriles y besos a bebés como si fueran vírgenes sanadoras, y apretones de manos más falsos que una peseta veo, sobre todo, MUCHO UNIFORME. Qué pereza. Pensé que habíamos mejorado algo al respecto, pero me temo que no; básicamente porque yo también sufro en mis carnes el síndrome del uniforme. Yo y todo el mundo, que en eso y en casi todo lo demás tampoco soy nada especial. Centrémonos entonces. Resulta que en este país siempre haLEER MÁS