Turquía, ese país descendiente del Imperio Bizantino y Otomano, de copioso patrimonio histórico, étnico, cultural y geográfico, ahora resulta que es conocido principalmente por ser la tierra en la que entras calvo pero sales peinando melenaza. Casi que prefería que la gente conociese a Turquía por el motivo de antes: porque de allí eran el Galatasaray y el Fenerbahce. Una razón como otra cualquiera. Sin embargo, el modo en el que se está tratando este asunto del injerto capilar, está comenzando a irritarme levemente. Y lo que en otra persona sería levemente, en mí se convierte en mucho tirando a me molesta bastante. Resumiendo, haceLEER MÁS

¿En qué que quedamos? ¿Nos queremos tal y como somos o no? Hace unas semanas tuve el inmenso placer de leer una revista cuyo contenido me pareció más que inquietante, ya que no me quedó muy claro si me dirigían hacia el amor propio o hacia el autorrechazo. Juro que desde los textos de Kant que no leía algo tan lioso. Se trataba de una publicación destinada al público femenino, de esas que ponen a una mujer en la portada bien aderezada con vinagreta de Photoshop. Mientras, a golpe de titular, nos vaticinan un verano a tope porque gracias a ellos luciremos jovencísimas, delgadísimas yLEER MÁS

  Como ya sabréis, llevamos tres meses con el mismo lema: que saldremos de esta convertidos en seres humanos más concienciados y altruistas. No sé de dónde viene esta hipótesis, pero quien la haya formulado mejor que se dedique a otra cosa que no sea la adivinación, porque augurar la llegada de una nube mundial de generosidad justo cuando todo el mundo se pone a comprar papel higiénico sin pensar en los pobres culos ajenos, francamente, me parece una predicción muy poco acertada. Yo es que no me fío de la gente que se olvida de los aparatos digestivos de los demás. Es una maníaLEER MÁS

Este inesperado receso nos ha enseñado a algunos que el mundo sigue girando pese a la interrupción de algunas costumbres y actividades. Al final, a todo se acostumbra uno y, salvo motivo de vida o muerte, concluyes que al menos durante una temporada se puede estar sin eso o aquello; o conviertes este eso y aquello en otra versión acoplada al nuevo día a día. Sin embargo, intereses de todo tipo y cierto miedo al apocalipsis han determinado que algunas ocupaciones sigan adelante, no sea que su suspensión cause un cataclismo irreparable. Hablemos, por ejemplo, de la EDUCACIÓN. Bien, nos encontramos ahora mismo con todosLEER MÁS

Por razones obvias, durante estas semanas hemos recibido un bombardeo masivo de anuncios que muestran imágenes de personas trabajando desde casa. A lo poco que me he detenido en ellas, he comprobado que la dicha más absoluta se te aparece como un espectro divino en forma de un estudio pequeñito aunque coquetuelo, de diseño escandinavo pero con luz sahariana, con cuadros de arte contemporáneo en la pared y un bebé que nunca llora sobre tus rodillas. Y mientras la criaturita da palmaditas y hace cucamonas, tú trabajas relajadamente, ataviada con una confortable ropa de lino en tonos neutros que combinan con el ambiente. Todo aLEER MÁS

  Después de casi dos meses en casa, el Gobierno dio comienzo a un protocolo que nos permite a los adultos salir a hacer deporte a determinadas horas. Yo, de naturaleza curiosa y de tendencia agorera, me temía que el día de la denominada “desescalada” iba a ser un regalo para mi amplio sentido del análisis. Me moría de ganas de conocer las variantes de todas las infracciones que se iban a perpetrar. Nada más tuve que esperar al sábado día dos de mayo, hora: ocho de la tarde. Como día especial que era, el Costillo y yo también salimos a formar parte de laLEER MÁS

  Juro y perjuro que este tema lo había preparado antes del confinamiento, pero decidí guardarlo en ese baúl donde los textos me piden en bajito que los saque a la luz. “Sácanooooss, sácanooooss”, me dicen. Y me dan penita, claro. La historia es la siguiente: yo había escrito una entrada en la que hablaba de lo perjudicial que resulta para un estado de ánimo no muy boyante quedarse en pijama todo el día. Y tres días antes de publicarlo, el Gobierno decreta un confinamiento en el que la gente iría masivamente… EN PIJAMA. A partir de entonces no supe si debía centrarme en misLEER MÁS

Tras más de un mes confinados en casa hemos tenido la oportunidad de leer teorías de variadísima temática sobre el origen de esta pandemia. Todas ellas realmente hilarantes. Hay algunos que aseguran que se trata de una guerra bacteriológica para equilibrar el número de cotizantes y jubilados. Otros, abogan por intereses geopolíticos y económicos con farmacéuticas de por medio; sin olvidarnos de esa hipótesis de algunos círculos chiripitiflaúticos que aseguran que esto es una epidemia psicológica con la que pretenden atontar nuestros cerebros. ¿Más? ¡Pero si ya estábamos todos medio alelados! Y si fueran pocas estas conjeturas, yo lanzo una sospecha que nadie se haLEER MÁS