Colegiala a los 40: ¡cómo mola poner chula la carpeta!

Colegiala a los 40: ¡cómo mola poner chula la carpeta!

Mala redacciónPuesto que a cazurra y zopenca no me gana nadie, puede que os extrañe saber que siempre he sido muy fan del mundo académico. Y es que donde se pongan unos apuntes o esquemitas, ahí que voy yo como si no hubiera un mañana.

De hecho, comencé mis días estudiantiles con solo dos años porque resulta que unos vecinos más mayores que yo empezaban el cole y no veáis la rabieta que pillé, que no había forma de calmarme. Claro, no era para menos. ¡Pedazo de envidia! ¿A quién no le apetece pasarse al lado oscuro de los deberes, exámenes, noches en vela y matemáticas asesinas?

¡¡A mí!!

Con lo cual, mi madre me llevó a una escuelita de barrio de esas de medio tapadillo, ya que aquellos no eran aún tiempos modernos y todavía me quedaba un ratito para entrar en el parvulario oficial. En cuanto a mí, me era lo mismo tener dos años que treinta. Yo ya me olía que ese ámbito podría configurarse como el ecosistema propicio en donde comenzar el germen de esta personalidad refrescante, sosegada, ecuánime y mesurada.

Así que vamos que nos vamossss, que enseguida mi madre me bordó en una bolsita de tela de cuadros vichy ese maravilloso sintagma nominal que reza: “MI MERIENDA”. Y de este modo comencé motu propio mi andadura escolar.

No me negaréis que no era una niña de ideas sapientísimas, pues podría quedarme yo en mi casa cagándome en los pañales, pero decidí cagarme en los pañales en un ambiente mucho más sofisticado como lo era la escuela de doña Teresita.

Habría caca igualmente, aunque una caca erudita; una caca quasi aristotélica.

Bien es cierto que pasados los años pasé de cagarme en el pañal a cagarme en las matemáticas y la gimnasia. Dos asignaturas que nacieron para convertir este mundo en una zona hostil, en un desencanto vital. Maldigo por siempre y jamás al logaritmo neperiano, ese agujero negro que te succiona como una aspiradora alemana.

Y mejor no hablar del plimpton, ese artefacto del demonio. Decían de este artilugio que estaba acolchado, pero dado que yo no era capaz de saltarlo, ni de ejercer actividad  alguna relacionada con él, salvo pegarme una leche contra el borde y quedarme con el culo en pompa delante de todos; obviamente los muslos se me ponían durante semanas de color de cardenal Richelieu.

¡Bravo! Yo siempre tan elegante y distinguida.

Aun así, aquellas fatídicas experiencias no mermaron mi amor por el estudio, por lo que continué hasta el día de hoy dando lo mejor de mí.

ME CORRIJO: dando lo peor de mí.

PERDÓN: dando lo mejor de mi lado obsesivo

PUNTUALIZO: dando lo mejor de mi lado obsesivo hasta paracer una loca y no dormir y no comer y angustiarme y sentirme boba y creerme inferior y avergonzarme y…

¿No será mejor, alma de cántaro, que dejes de empollar por una temporada?

Porque bien pensado, si cierta cosa le hace pupa a la nena, pues la nena ya está en una edad en la que puede decir “nena no gutta”, “estudiar caca” . Y ya está, que el mundo sigue girando.

Además, si llevo mil años dedicados a los libros y apuntes, tengo derecho de estar hasta el moño, ¿no?

Aunque sí. Que sí, que sí, que sí. Que existe la posibilidad de que  UNA PERSONA pueda ir para aprender, para sentirse realizada, para matar su curiosidad, para ampliar miras; para encontrar equilibrio, placer, entretenimiento y sabiduría. Repito: UNA PERSONA un sujeto o una sujeta de la masa ciudadana normal y corriente, con su cerebro bien puesto o colocado en formato estándar, que nos llega y nos sobra. Pero de ninguna manera un ejemplar como yo, quien realiza un exhaustivo cotejo de informaciones de entre tres mil quinientas fuentes distintas para escribir un trabajillo de dos páginas.

Pongamos que debo presentar la redacción de un clásico: “Mis vacaciones de verano”. ¿Os podéis creer que verifico que “vacaciones” se escribe con ”v” en cuatro diccionarios distintos? Cuatro décadas escribiendo ese término correctamente, pero, oigan; justo en ese momento me convierto en un ser desmemoriado. Y ahí me planto yo con el Diccionario de la RAE, el Diccionario panhispánico de dudas, el María Moliner, el escolar de Anaya, el tomo pertinente de la Espasa-Calpe y cuatro foros de discusión de internet en los que la gente comenta la cuestión con faltas de ortografía. Muy fiable todo.

Consecuentemente, me he tirado cuarenta y cinco minutos solo con una palabra. ¡Ánimo, Mala, que solo te quedan dos mil más! Oleeeeee. ¡Qué chica tan eficiente! ¡Qué océano de autoconfianza!

Si bien el recolmo de este sinsentido es ese momento en el que te das cuenta de que pasas más tiempo subrayando con rotuladores fosforinchis, haciendo dibujitos en la carpeta, y pegando purpurinas a los títulos, que estudiando. Mal asunto….mal asunto.

Me temo que si llegas, como yo, a ese punto de psicodelia pictórica, te informo de que tu vida colegial se está yendo al traste. Mejor será que te matricules en una guardería. Allí los brillis y los fluorescentes son síntoma de alumno trabajador y enormemente respetado.

Y mientras, guardo mi carpeta en la estantería; sabiendo que los tiempos estudiosos, sabios y doctos ya volverán. ¡Anda que no!

4 comentarios

  1. Me encanta!! Doña Teresita.
    El Palau donde aprendiste a leer: mano – ma; mesa – me, jajajajaja…
    Ahhh! Se me olvidaba el silbato (funcionabais a golpe de pitidos como los marines, jajaja) .

    Seguramente de ahí te proviene tu amor a la enseñanza
    (Las letras por supuesto) y a la lectura.

    1. Author

      Efectivamente! “Mi-ma-má-me-mi-ma” es el clásico de una generación!😊
      Además, si una sabe que su mamá la mima de verdad, es mucho más fácil de aprender.😍

  2. Jajajajajaja. Me he reído mucho contigo, Mala. Es verdad, las mates y la gimnasia eran una pesadilla.
    Gracias. Me encanta todo lo que escribes.

    1. Author

      Oh, Julia, muchas gracias.

      Efectivamente, no sé por qué ley no escrita las q éramos unas petardas en mates, lo éramos en gimnasia. Encima, cuando coincidían las dos en el mismo día, aquello era el terror escolar!! Jajajaja😂😂
      Un abrazo!

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