La frase que cambiará tu vida

La frase que cambiará tu vida

Mala posando desastrosaRecientemente, charlando con una persona dueña de una acaudalada sabiduría y de un sentido del humor de esos que sientes hasta envidia, tuve la suerte de escuchar una de las frases más acertadas de los últimos tiempos. Y lo mejor de todo es que ¡puede que te resuelva muchos problemas!

Aclaradas en primer lugar las cuestiones lingüísticas, dado que la cita en cuestión contiene un verbo y, por la tanto, un predicado; lo correcto sería denorminarla oración o cláusula. Pero no voy a ser yo quien desluzca un texto con estas palabras tan poco literarias, así que utilizaremos el vocablo “frase” con el que nos entendemos todos estupendísimamente.

Por otra parte, teniendo en cuenta cómo se las gasta la SGAE, intentaré relatar los hechos con la mayor discreción posible, ya que el potencial y la eficacia más que comprobada de este conjunto de palabras, sin duda pronto contará con su pertinente copyright, y no me encuentro yo ahora mismo en situación de ser denunciada por hurto de la propiedad intelectual. Eso se lo dejo a Ana Rosa Quintana.

Bien, vamos entonces a ello, retomando la fantástica conversación que estaba manteniendo con dicha persona. Para no variar, ya que soy yo poseedora de costumbres fijas, el diálogo se centraba en mí y en mi tendencia compulsiva a compararme con arquetipos totalmente inalcanzables.

Por lo tanto, informo que esta frase solo será útil en el caso de seguir todavía en la edad del pavo, tal y como a mí me ocurre, mostrando desvergonzadamente mi inmadurez donde quiera que vaya. Sí, me declaro culpable de que a mis taitantos años quiero ser como las mujeres que salen en los anuncios de perfumes, susurrando cosas en francés.

Sí, quiero tener el pelo de Penélope Cruz. Sí, deseo tener la cara de Charlize. Y sí, pretendo medir uno ochenta, cuando no llego ni al uno sesenta y cinco.

Y a poder ser, todo junto y a la vez, en un solo cuerpo y en una sola alma, aunque esta última no es indispensable. Con ser despampanantemente bella, tendría suficiente.

Como veis, derrocho un juicio lógico, adulto y reflexivo.

Total, que mi acertado interlocutor me cuenta que tuvo la oportunidad de estar al lado de una celebridad de imponente atractivo, guapura y todo lo que se tercie para que te quieras morir allí mismo.

Y es ahora cuando llega el momento cumbre de la historia, ya que por lo visto, en cuanto vio a lo lejos a semejante escultura de proporciones áureas descubrió que hay gente de otra galaxia, inacanzable para el resto de mortales. En concreto sus palabras fueron:

“Después de ver tanta perfección yo me dije: ESA GENTE ES DE OTRA RAZA “.

Tras este enunciado, yo no tuve más remedio que aplaudir y alabar la conclusión a la que había llegado. Con lo cual, y desde aquí:

Bravo.

Sublime.

Me pongo a sus pies.

Sin duda, lo fantástico del asunto es que me comentaba que en vez de sentirse empequeñecido al encontrarse con aquel cisne de inconmensurable belleza, resulta que se quedó más contento que nunca consigo mismo.

Y es que, evidentemente, sabes que por mucho que te empeñes, no vas a parecerte a los que vienen de otro planeta. O puede que vengan del tuyo, sí; pero vienen más guapos que tú. Y punto final, no hay más vueltas que darle. De este modo, oye; pues una preocupación que te quitas de encima.

Por mi parte, reconozco que me habría gustado ser bailarina de ballet clásico. Mi tutú, ese Barýshnikov sujetándome mientras yo hago mi pirouette, mis aplausos y mis flores en el camerino. Pero como eso sé que es imposible, estupendamente que lo llevo, oigan.

Sin embargo, cuando pretendes ser Angelina Jolie y solo llegas a Lina Morgan, te desesperas de la forma más adolescente y tontuna posible.

Es como ir los martes y jueves una hora a natación a la piscina de tu pueblo, y como el monitor te ha dicho que te pongas en la calle rápida porque en las otras están los jubilados con el aquagym, te lo empiezas a creer y piensas que algún día lucharás por el oro contra Michael Phelps.

Lo siento, pero imposible, amigo.

Así que cuando me dicen que los muy guapisísisimos “son de otra raza”, tranquila que me quedo.

Es más, tras escuchar LA FRASE, te das cuenta de que no está nada mal lo de pertenecer a ese segmento de la población que hace pis, caca y eructa a destiempo en una comida de empresa. Ahora que ya sabes que jamás llegarás a jugar en la División de Honor de lo pluscuamperfecto, te puedes permitir tener intestinos en vez de serpentinas de colores y confeti de papel de seda.

De hecho, siempre recordaré una  viñeta de hace ya unos cuantos años de la revista El Jueves en la que una chica guapísima se tiraba un pedete delante de su novio, a lo que justo después él exclamaba:”¡Oh, mi dulce y bella flor; mi musa de la belleza! ¡No puede ser posible lo que estoy escuchando!” Con lo que su amada responde: “Discúlpame por tener aparato digestivo”.

No sé qué pasará a partir de ahora con estas palabras mágicas de mi sabio confidente, pero le aconsejo prudentemente que las registre y empiece a cobrar ya los derechos de autor.

Mientras no me llegue la denuncia vía correo certificado, yo seguiré expandiéndola como la pólvora.

Es lo que hay que hay que hacer con los brillantes comentarios de gente cojonudamente ilustrada.

4 comentarios

  1. Hola.
    Te acabo de descubrir y me pareces todo un hallazgo. Por cierto, menuda frase te has sacado de la manga.
    Me he reído mucho.
    Un beso y enhorabuena.

    1. Author

      Muchas gracias, Marta!
      Primero, te devuelvo el beso. Ahí va: 😘
      Y segundo, desafortunadamente la frase no es mía; pero mientras no nos denuncie, aprovechémosnos de ella. 😋
      Lo dicho, gracias y a seguir a Mala por mucho tiempo!

  2. Genial como siempre. Yo la frase menos voy a copiar porque me parece buenísima. Jajajaja.

    1. Author

      Aprovecha para agenciarte la frase, que la denuncia de momento no aparece!😂
      Y lo mejor es q muy útil para la vida!

      Te espero en el siguiente Mala. Abrazooo😍

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