Últimamente, he estado reflexionando un poquillo sobre cómo me relaciono con los demás. Esto os lo comento así, de estranjis, no vaya a ser que el Doctor C. se entere y luego, hala, otra bronca, porque me dice que trabajo mucho el INSIDE, pero que lo otro lo llevo regulinchi. Intuyo por pura eliminación que eso otro será mi OUTSIDE, y no sé que tiene de malo mi exterior, que no hay más que verme. ¡Yo más ya no puedo hacer! Cuatro capas de rímel por ojo, cinco horas diarias dedicadas a mi pelo, seis cambios de modelito antes de salir de casa… ¿pero qué masLEER MÁS

Recientemente, el Costi y yo decidimos que sería buena idea irnos de fin de semana de desconexión total. Y dado que mi reto era conseguir relajarme, dicha tarea debía comenzar desde casa; así que me acerqué al Costi con sus trescientas pestañas abiertas con alojamientos diversos, me senté a su vera, a la verita suya y le dije mientras señalaba con el dedo: “Esta habitación, esta fecha y este destino”. Para qué liarse. Llegamos un viernes a la casita rural totalmente sudados, hambrientos y con pinta de guiris. Como tales, en menos de un cuarto de hora ya estábamos en la zona de la piscina,LEER MÁS

Viviendo en la costa como vivo, me reconozco muy afortunada al tener cerca esa brisa marina, ese rumor de las olas, ese niño tocahuevos con su pelotita, esa ascazo de arenita mezclada con un litro  de crema y, sobre todo, ese yogur que te llevas sin su cucharilla porque siempre te queda sobre la encimera. En fin, como veis está todo listo para crear un collage de recuerdos maravillosos y encantadores. Tan encantadores como el niño tocahuevos de la pelota, que ahora también chilla a diez centímetros de distancia de tu oreja porque resulta que el muchachín se niega a tomarse el Danonino. “Prefiero unLEER MÁS

El macho español. Qué preciosidad de concepto, qué criterio identificador tan moderno y ajustado a nuestros tiempos, ¿verdad? ¡Diga usted que sí, gentil y gallardo caballero! Si es que ese codo apoyado en barra, esa mano sujetacubatas y esa mirada escrutinadora y analizadora de todo ser vivo que posea el cromosoma “xx”, modela una estampa de fantástica e incomparable belleza. Deberemos añadir, ciertamente, unos modales, gestos y entonaciones laríngeas propias de un hidalgo galán. De este modo, tendríamos el prototipo perfecto de machote que (SEGÚN ÉL, repito: SEGÚN ÉL), las vuelve locas. He de aclarar de antemano que no me interesa examinar ese espectro clásico deLEER MÁS

Ha llegado el momento. Aquí estamos con el siguiente tomo de los acontecimientos más palurdos de nuestra vida. Por supuesto, el hecho de hablar en plural indica que no estoy sola en dichos incidentes, sino que el Costillo será el compañero fiel de toda vergüenza. Es un alivio, quieras o no. Pues así como os contaba en la anterior entrega, nuestros coches siempre han sido elementos clave en este tipo de situaciones. Como poseedores de flamantes cuatrolatas, es obvio que nunca vas a ser el más molón del pueblo. O sí, que ahora los hipsters los toman como bandera de autoafirmación de su esencia. Perdón, de suLEER MÁS

Lo dicho. Es divertidísimo ser el estandarte de lo no–cool. Es más, mi rango de mujer palurda nivel medio tirando a alto me concede grandes momentos humorísticos; imposibles de obtener siendo una señorita cosmopolita y practicante de las novedades más sofisticadas. No obstante, la comicidad de estas aventuras se duplica cualitativa y cuantitativamente en el momento en que aparece mi Costillo, ese ser que convierte cualquier bochorno pueblerino en el acontecimiento de tu vida. Por supuesto, como nada en esta vida es en vano, le servirá a posteriori para ser el rey de la fiesta gracias a la recreación de los hechos. Aunque si he deLEER MÁS

Lo que parecía que iba a ser un personajillo de relleno del blog de Mala, resulta que ahora se está convirtiendo en el no-va-más. La gente me comenta que se parte de risa cuando aparece mi Costi y, aunque es un motivo de orgullo, en el fondo me queda un poso de pelusilla aquí, en lo más profundo de mi ser. Que no es moco de pavo, porque a profundidad no me gana nadie. Bueno, pues el caso es que vengo a denunciar el ninguneo que sufro por parte de la masa social y lectora cuando mi maromo anda de por medio. ¡E incluso familiar!,LEER MÁS

Tras el éxito cosechado en la anterior entrega de Mala de los Nervios, en verdad es justo y necesario; es nuestro deber y salvación seguir comentando esos pequeños detalles de la convivencia parejil. Cierto es que el tema nos aporta datos suficientes como para crear una saga igual de fructífera que los Episodios Nacionales de don Benito Pérez Galdós, pero hoy simplemente continuaremos con todo aquello relacionado con el mantenimiento de nuestros humildes hogares. Ojo al dato, que no es esta una cuestión vacua. ¡Ni mucho menos! Puede ser una fuente de desamores e infortunios que un dúo de enamorados no podrán nunca dejar atrás. Sí, señores yLEER MÁS

[Suspiro] Ahh…la primavera….. Caen chuzos de punta, pero me dicen que es la estación del amor y del florecimiento del deseo. Los pajarillos se ponen cochinotes en las ramas de los árboles y, de hecho, piensas: “hay que fastidiarse, hasta los gorriones tienen más ganas de ñaca-ñaca que yo”. Obviamente, me entra el bajón, así que prefiero recordar esas épocas primaverales en las que andabas más caliente que el pico de una plancha. El deber llama y es por eso que trataremos a continuación el asunto amoril con el Costillo. Mi ya célebre enamorado no apareció de la nada, aunque pueda parecer que bajó deLEER MÁS

Yo no sé qué pasa, pero cuando alguien cuenta que vio algo de la mierdi-tele fue porque estaba haciendo zapping. Pongamos que estás con una película de Lars Von Trier, y eso; que haces zapping un ratillo y justo te paras dos segundos en el programa de los vestidos de novia, donde descubres que la chica se queda con el modelito de escote corazón. Así que comentas con el Costillo: “pues era mucho más bonito el de escote barco, no me digas”. El Costillo, que a marujo no le gana nadie me responde : “ ¿pero tú te has fijado en su familia? Menuda pandaLEER MÁS