Amigas, amigos; Mi Costillo es un hombre con las ideas claras en cuanto a sus estilismos. Él sabe lo que le gusta, lo que le sienta bien, lo que le sienta regunlinchi y, sobre todo, maneja como nadie la gama de colores en la que va a moverse, esto es: gris perla, gris humo, gris antracita, gris carbón, gris marengo, gris piedra y gris zinc. Ojo, que es un hombre atrevido, y por ello se lanza también a la piscina con el azul marino, azul marino noche, azul marino pavo real, azul marino tormenta, azul marino índigo y el azul marino egeo. Por supuesto tampocoLEER MÁS

[Aclaración de la autora: Procedo a escribir estas líneas tras pedir permiso al protagonista y afectado; mi Costi, quien, dando muestras de su eterna generosidad me concedió su beneplácito con el júbilo de aquel que va a ser el centro de atención]. El Costillo: ese hombre inteligente, hilarante, culto, comprometido, antaño poseedor de una rebelde melena y ahora reconocedor con buen talante de su incipiente calvicie; ha compartido conmigo -de manera inesperadamente abierta- sus momentillos de inseguridad causados por la pérdida de pelo. Comencemos pues mencionando lo obvio, que uno no se queda calvo de la noche al día. Si bien sé que existen criaturasLEER MÁS

La semana pasada, en nuestro acogedor y siempre hospitalario hogar, tuvo lugar una escena que supuso el colmo de los colmos; el súmmum de una situación que necesitaba ser aclarada de una vez por todas. Uno de esos días, en plena sesión de terapia con el Dr. C., y por pura casualidad, se mencionó el título de una obra cumbre en el mundo de la literatura: Fausto. Lástima que yo, muy a mi pesar, imperdonablemente reconocí que no sabía quién era el autor. Podría decir varios nombres al azar para disimular el bochorno, pero de igual manera seguíría sin saberlo y a una le daLEER MÁS

Como experta en temas amorísticos que soy y, dado el texto publicado en este mismo blog la semana pasada, es de apremiante necesidad que tratemos en esta ocasión el asunto opuesto: aquellas conductas o rasgos que al menos a mí, Mala, me resultan altamente deseables. Erotizantes a tope. Sin más preludios, centrémonos entonces en el núcleo de la cuestión, pues no hay tiempo que perder: -La ironía y el humor por bandera: Un comentario socarrón por aquí, una burla finamente hilada por allá, reírse de sus patosidades por un lado, presumir con irónica gracia de sus virtudes por otro, o hablar de algo cutre comoLEER MÁS

Mi costi y yo nos sentimos muy a menudo un poco raritos con respecto a la parejita que formamos. Nunca hemos tenido problemas de celos. Nunca. Jamás de los jamases. Yo lo he consultado con amigas y amigos durante mucho tiempo y todos comparten una misma conclusión: no sufrir celos es lo normal en parejas sanas pero siempre hay ciertos límites. El problema reside en que dichos límites que marcan las convenciones sociales nosotros dos ya los hemos sobrepasado mil veces sin ni siquiera habernos dado cuenta. Halaaa…¡que no, malpensaos! ¿Ya estáis imaginándonos en el campo temático de la cornamenta y del ñiki-ñiki? ¿ YaLEER MÁS

Últimamente, he estado reflexionando un poquillo sobre cómo me relaciono con los demás. Esto os lo comento así, de estranjis, no vaya a ser que el Doctor C. se entere y luego, hala, otra bronca, porque me dice que trabajo mucho el INSIDE, pero que lo otro lo llevo regulinchi. Intuyo por pura eliminación que eso otro será mi OUTSIDE, y no sé que tiene de malo mi exterior, que no hay más que verme. ¡Yo más ya no puedo hacer! Cuatro capas de rímel por ojo, cinco horas diarias dedicadas a mi pelo, seis cambios de modelito antes de salir de casa… ¿pero qué masLEER MÁS

Recientemente, el Costi y yo decidimos que sería buena idea irnos de fin de semana de desconexión total. Y dado que mi reto era conseguir relajarme, dicha tarea debía comenzar desde casa; así que me acerqué al Costi con sus trescientas pestañas abiertas con alojamientos diversos, me senté a su vera, a la verita suya y le dije mientras señalaba con el dedo: “Esta habitación, esta fecha y este destino”. Para qué liarse. Llegamos un viernes a la casita rural totalmente sudados, hambrientos y con pinta de guiris. Como tales, en menos de un cuarto de hora ya estábamos en la zona de la piscina,LEER MÁS

Viviendo en la costa como vivo, me reconozco muy afortunada al tener cerca esa brisa marina, ese rumor de las olas, ese niño tocahuevos con su pelotita, esa ascazo de arenita mezclada con un litro  de crema y, sobre todo, ese yogur que te llevas sin su cucharilla porque siempre te queda sobre la encimera. En fin, como veis está todo listo para crear un collage de recuerdos maravillosos y encantadores. Tan encantadores como el niño tocahuevos de la pelota, que ahora también chilla a diez centímetros de distancia de tu oreja porque resulta que el muchachín se niega a tomarse el Danonino. “Prefiero unLEER MÁS

El macho español. Qué preciosidad de concepto, qué criterio identificador tan moderno y ajustado a nuestros tiempos, ¿verdad? ¡Diga usted que sí, gentil y gallardo caballero! Si es que ese codo apoyado en barra, esa mano sujetacubatas y esa mirada escrutinadora y analizadora de todo ser vivo que posea el cromosoma “xx”, modela una estampa de fantástica e incomparable belleza. Deberemos añadir, ciertamente, unos modales, gestos y entonaciones laríngeas propias de un hidalgo galán. De este modo, tendríamos el prototipo perfecto de machote que (SEGÚN ÉL, repito: SEGÚN ÉL), las vuelve locas. He de aclarar de antemano que no me interesa examinar ese espectro clásico deLEER MÁS

Ha llegado el momento. Aquí estamos con el siguiente tomo de los acontecimientos más palurdos de nuestra vida. Por supuesto, el hecho de hablar en plural indica que no estoy sola en dichos incidentes, sino que el Costillo será el compañero fiel de toda vergüenza. Es un alivio, quieras o no. Pues así como os contaba en la anterior entrega, nuestros coches siempre han sido elementos clave en este tipo de situaciones. Como poseedores de flamantes cuatrolatas, es obvio que nunca vas a ser el más molón del pueblo. O sí, que ahora los hipsters los toman como bandera de autoafirmación de su esencia. Perdón, de suLEER MÁS