No será por no haber buscado una pócima mágica que impida que los demás hablen mal de ti. Y subes montañas y desciendes valles y te vas al Nepal y a la Patagonia e intentas convencer a un chamán de una tribu del Amazonas para que elabore el antídoto contra el palabrerío ajeno. Nada. No aparece por ningún lado. ¿Será que no existe? Pues cosas que parecían impensables se han hecho realidad, desde clonar una oveja hasta convertir a verdaderos ineptos en gobernantes de un país. ¿Y me dicen que es imposible evitar que opinen sobre tu vida? Será que es cierto y tendré queLEER MÁS

Por mucho que nos guste desmarcarnos de los demás creyéndonos seres únicos e irrepetibles, lo cierto es que una vive en un mundo enmarcado en una época y en lugar, con sus convenciones sociales, sus manías y sus modas. Y aunque me encantaría ir por la vida en plan Valle-Inclán, pasando absolutamente de lo establecido, sería una mentira como una catedral si dijese que siempre voy a mi aire vistiéndome la capa de Batman para ir a por el pan, simplemente porque me da la gana y porque me veo guapísima con ella. Pero no, es una pena pero no lo hago. De la mismaLEER MÁS

Por supuesto, como no podría ser de otra forma, voy a comenzar mi textito liándola parda para no variar. Y es que si una es así de chulita e imprudente, ¿para qué cambiar? Un clásico es un clásico y meterme en berenjenales es mi debilidad, con lo cual entonaré aquí y ahora que: LA GENTE SIN SENTIDO DEL HUMOR ES RARA. Hala, ya está. Ya lo he dicho y me he quedado como dios. Qué alivio, chica, que estaba que si sí que si no, que si lo digo que si no lo digo….un sinvivir, vamos; pues sabes perfectamente que siempre va a aparecer unoLEER MÁS

Yo, no contenta con querer ser top model, artista, humorista, activista de los derechos humanos, intelectual, pacifista, superdotada y eternamente joven y grácil; he llegado a la conclusión de que también soy psicóloga en mis ratos libres. Lo cual indica que, además de polifacética, me la trae al pairo lo del intrusimo profesional. En cualquier caso, esta faceta mía como terapeuta me la tomo muy en serio; no creáis que me leo la revista Psychologies y luego me agencio como míos algunos de sus consejos. Para nada. De hecho el único contacto que yo he tenido con esa revista era leer sus titulares en elLEER MÁS

“¡Señor, sí, señor!” Visto cómo se manejan muchas personas por ahí, parece ser que esta sería nuestra consigna para poder sobrevivir en la jungla de los yomimeconmigo; de los aires de terratenientes que se traen algunos y de la tendencia al mandato sin decoro alguno. Francamente, no sé si el día que se repartió la buena educación ellos estaban en un búnker, o que su familia no era muy amiga de una de las enseñanzas míticas de tu infancia. Que ni siquiera es que tus padres te hayan perseguido toda la vida con ella. Solo te entrenaban unos añitos y después tú ya pasabas aLEER MÁS

En la gloriosa inmensidad del firmamento, allí donde habitan los dioses que reparten el don de la concisión, se celebró un animado debate en el que decidieron de manera unánime despojarme de la bendición de la brevedad. Y es cierto. Jamás he sido parca en palabras. Desde mi más tierna infancia, cuando la profe nos mandaba hacer los ejercicios en clase, yo me dedicaba a cotorrear con el de al lado; con el de delante también y con las dos del otro lado. Luego, cuando llegaban las notas, en el apartado de “observaciones”, curso tras curso siempre aparecía un “HABLA MUCHO EN CLASE” . ¡Ja,LEER MÁS

No dudo que haya gente que muera por sus ideales. Y los envidio, porque yo, por mucho que quisiera ir del Che Guevara, me declaro incongruente en grado máximo. No es fácil admitirlo, no; sobre todo porque una se mueve por el mundo como si fuese una romántica decimonónica. Voy doblando las esquinas creyéndome Espronceda, que con sus diez cañones por banda surcaba los mares como le daba la real gana, defendiendo a muerte su libre albedrío y condenando a los opresores. Sin embargo, mi esproncedismo no da la talla. Me quedo simplemente en una copia de mala imitación, una pensadora del palo, comprada enLEER MÁS

En mi casa siempre ha habido una máxima: no se habla de dinero. Y punto. La verdad es que en caso de hacerlo, tampoco tendríamos mucho de lo que hablar. Es lo que tiene ser parte del modesto proletariado. Pero una cosa no quita a la otra. Éramos humildes, sí; pero conservábamos el mismo savoir faire que la gente adinerada y con poderío: hablar de dinero es muy personal y no se saca a relucir por ahí. Así me criaron y así sigo practicando esa religión. Sin embargo, hay ciertos individuos e individuas que, por varios motivos, se pasan el día dándome más cifras queLEER MÁS

Hace varios días, charlando con unos amigos saqué a relucir el tema de la envidiable y meritoria vida profesional de un viejo conocido por todos los presentes en la conversación. Efectivamente, amigas y amigos, el deporte que estaba practicando en ese momento era el único del mundo que no requiere de unas capacidades físicas dadas, ni necesita calentamiento ni estiramientos previos. No se considera todavía deporte olímpico, aunque por el número de practicantes debería serlo. Sin duda me estoy refiriendo a la actividad universal por excelencia: hablar de los demás. Qué bien se nos da a todos y a todas. Sin diferencia de edad, culturaLEER MÁS

Cuando le echas el ojo a alguien tiendes a elevar a la categoría de lo extraordinario todo lo que dice y hace. Ni te planteas si tiene defectos. ¡Cómo los va a tener! ¡Es una criatura celestial! De repente, te ves poniéndole un marco de oro a todo lo que te cuenta. Así, si te dice que tiene un perro al que adora que se llama Bobby, lo conviertes mentalmente en el hombre de tu vida. Da igual si ha defraudado a hacienda o si ha robado el Códice Calixtino. Ama a su perro y veía la serie Doctor en Alaska; datos suficientes para concluirLEER MÁS