Ha llegado el momento. Aquí estamos con el siguiente tomo de los acontecimientos más palurdos de nuestra vida. Por supuesto, el hecho de hablar en plural indica que no estoy sola en dichos incidentes, sino que el Costillo será el compañero fiel de toda vergüenza. Es un alivio, quieras o no. Pues así como os contaba en la anterior entrega, nuestros coches siempre han sido elementos clave en este tipo de situaciones. Como poseedores de flamantes cuatrolatas, es obvio que nunca vas a ser el más molón del pueblo. O sí, que ahora los hipsters los toman como bandera de autoafirmación de su esencia. Perdón, de suLEER MÁS

Lo dicho. Es divertidísimo ser el estandarte de lo no–cool. Es más, mi rango de mujer palurda nivel medio tirando a alto me concede grandes momentos humorísticos; imposibles de obtener siendo una señorita cosmopolita y practicante de las novedades más sofisticadas. No obstante, la comicidad de estas aventuras se duplica cualitativa y cuantitativamente en el momento en que aparece mi Costillo, ese ser que convierte cualquier bochorno pueblerino en el acontecimiento de tu vida. Por supuesto, como nada en esta vida es en vano, le servirá a posteriori para ser el rey de la fiesta gracias a la recreación de los hechos. Aunque si he deLEER MÁS