Qué envidia cada vez que veo a las chicas Hitchcock conduciendo absolutamente divinas aquellos maravillosos descapotables. Iban como si nada, glamurosas a más no poder, con sus gafas de sol hechas a medida, con el pañuelo en su pelo de un rubio dorado, a juego con el Hollywood de verdad. Qué magnífico todo, salvo por el insignificante detalle de que iban a ser asesinadas, perseguidas, acosadas o interrogadas; salvo por eso, las envidio muy mucho porque en la carretera eran lo más. Por otra parte estoy yo. Sí. Yo. Posiblemente un Caza del ejército norteamericano se ponga en la autopista y causa menos pánico. TodoLEER MÁS

Por superar la adolescencia,  el ser humano se merece ganar el cielo o incluso un sueldo de por vida de los sobres de Nescafé. Ahí es nada. Todo agasajo inferior o de menor valía no será justo de ninguna manera, pues esta etapa de la vida es como irse a la cruzadas medievales. Tú, ir, pues ibas; ahora bien, salir de allí sin pasar por algún que otro problemilla ya era más complicadete. ::::::Suspiro:::::: La edad del pavo, la primera juventud…qué curiosa época, oigan. Básicamente se resume en que te gusta pertenecer a la tribu, que tus colegas son los únicos que te comprenden yLEER MÁS

Quién fuera a decir que yo, que me paso el día cagándome en todo, convirtiendo ese “Me cago en” en mi coletilla por antonomasia, tuviese problemas para cagar de verdad. Sin duda, la más grande contradicción del universo entero. Para mí, cagarse metafóricamente en todo lo que se menea, tenga o no vida, tenga o no voz propia, exista o no exista, es uno de mis pasatiempos favoritos; bien por su practicidad, bien por el alivio que me produce. En cuanto a lo primero, mantengo y subrayo que cagarse en todo en una de las expresiones más fáciles de construir. No hay más que colocarLEER MÁS

Grandes esperanzas, ese novelón de Charles Dickens, es el libro que debería ocupar los revisteros de todos los salones de peluquería del mundo. Adiós a las revistas de cotilleo y a las publicaciones de moda. A partir de ahora mismo, sobre las mesitas de toda peluquería que se precie, ha de lucirse esta obra en todas sus versiones: en su lengua original para los más avispados, traducida al castellano para el lector medio o adaptada en forma y contenido para los más pequeñajos o, en su defecto, para la clientela masculina. En todo caso, es una opción fantástica de lectura mientras esperas a que seLEER MÁS

Venía yo de leer un tochazo, y dado que la belleza también está en la variedad, decidí acudir a mi madre, esa lectora voraz, en busca de un préstamo en forma de libro sin pretensión alguna más allá que la de leer unas paginillas antes de conciliar el sueño. Lo malo es que pedirle a mi madre que me recomiende algo de lectura es como caer en unas arenas movedizas de las que no saldrás nunca: “Pero… ¿policíaco estilo escandinavo o más bien novela negra americana? Ah…que lo mismo prefieres algo en plan espionaje de John Le Carré, o si quieres también tengo el últimoLEER MÁS

Ahora que estamos saturados de campañas políticas, mitings, carteles pegados en muros y sobres que empachan el buzón de casa; y venga promesas, y venga debates, y venga atriles y besos a bebés como si fueran vírgenes sanadoras, y apretones de manos más falsos que una peseta veo, sobre todo, MUCHO UNIFORME. Qué pereza. Pensé que habíamos mejorado algo al respecto, pero me temo que no; básicamente porque yo también sufro en mis carnes el síndrome del uniforme. Yo y todo el mundo, que en eso y en casi todo lo demás tampoco soy nada especial. Centrémonos entonces. Resulta que en este país siempre haLEER MÁS

En la gloriosa inmensidad del firmamento, allí donde habitan los dioses que reparten el don de la concisión, se celebró un animado debate en el que decidieron de manera unánime despojarme de la bendición de la brevedad. Y es cierto. Jamás he sido parca en palabras. Desde mi más tierna infancia, cuando la profe nos mandaba hacer los ejercicios en clase, yo me dedicaba a cotorrear con el de al lado; con el de delante también y con las dos del otro lado. Luego, cuando llegaban las notas, en el apartado de “observaciones”, curso tras curso siempre aparecía un “HABLA MUCHO EN CLASE” . ¡Ja,LEER MÁS

Yo, de naturaleza siempre generosa y desprendida, tomo estas líneas para aconsejaros que optéis por obviar los debates políticos en televisión y la campaña electoral en general. Seguir con atención todas las noticias relacionadas con este tema sería un acto fútil, vacío y sin trascendencia alguna; un tiempo perdido imposible de reponer. Y, apelando a ese carpe diem recitado desde Góngora hasta Constantino Romero, para quienes “El tiempo es oro”, me niego a que mi apreciada masa lectora desperdicie sus dorados minutos escuchando discursos que quedarán olvidados en los más profundos de los abismos políticos. Todo ello se debe a que estos señores han llegadoLEER MÁS