Las madres: las únicas que llevan un collar de macarrones por  amor

Las madres: las únicas que llevan un collar de macarrones por  amor

 

Recientemente, en la cola de la panadería, dos personas hablaban sobre la elaboración de la tortilla de patatas: “Es que es un trabajón. A nosotros, si nos apetece cenar tortilla la pedimos a [nombre de app de comidas a domicilio]”. Su interlocutor asentía con una naturalidad pasmosa, señal de que usaba un procedimiento parecido en cuanto a las tortillas.

Yo me sentí desfasadísima tortillamente hablando. No obstante, prosigamos con su conversación: “Y como a mí me gustan jugositas, siempre las encargo en ese sitio; a no ser que llame a mi madre y le pido que me haga una, porque tiene una mano buenísima para las tortillas”.

STOP.

Detengámonos unos minutos para tratar este tema.

Efectivamente, los tiempos han cambiado, todos vamos de un lado para otro a un ritmo taquicárdico: llevas a los niños a la guarde/cole/casa de tus padres, trabajas, sales tarde, problema, recoges al mayor de natación, al pequeño de la de tu suegra, problema, tiene fiebre, Dalsy, llegas a casa, no hay para cenar, problema, esperas a que llegue el costillo-costilla, bajas al súper, cenáis tarde, problema, el pequeño vomita, preocupación, el mayor no duerme, uno va a urgencias con el pequeño, el otro se queda con el mayor; todo bien, menos mal, son las seis de la mañana, problema, a las siete menos veinte, arriba, empieza el día.

Según esto, lo más probable es que cuando llegas a casa a las ocho de la tarde, no estás para hacer un potaje de garbanzos a fuego lento; sin embargo, lo de hacer una tortilla es más factible. La opción de pensar que a tu madre le sobra tiempo, que no tiene nada que hacer o, lo que es peor, que así le haces un favor manteniéndola entretenida, es una costumbre muy, muy fea.

De modo similar, tenemos que evitar comparar nuestros tiempos con los suyos, porque me imagino que también sufrirían sus agobios para organizarse, llegarían a cama rendidas, estarían hasta el cuerno de pensar qué hacer de comer o de cómo llegar a fin de mes. Porque, que yo recuerde, conciliación laboral y familiar no había mucha, por muy modernos que fuesen los ‘80. Y todas las madres trabajaban, unas fueras de casa y otras dentro, con la única excepción de que estas no eran remuneradas.

En cualquier caso, ambos tipos de madres guardaban en común un obstáculo: no podían escaquearse de nada, cosa que nosotros y nosotras, sí. Por ejemplo, nos podemos escaquear de hacer la cena, pidiendo la tortilla a una app.

Hace tan solo unos años, LAS MADRES NO SE PODÍAN ESCAQUEAR DE NINGÚN MARRÓN DE MADRES:

Seguían haciendo la comida y las tareas durante las vacaciones: Irse al pueblo, viajar a un sitio turístico con apartamento, ir de cámping o, simplemente, quedarse en casa. En todos los casos, las madres tenían que seguir haciendo la compra, pensando en menús y lavando los platos. ¿Desconexión? Inexistente. La diferencia era el bañador debajo del mandil, pero el resto era lo mismo.

Nos preparaban las comidas para la excursión del cole: Nosotros éramos quienes iban a tener un día guay, pero ellas se levantaban a no sé qué hora para dejarnos la bolsa preparada con el bocata, el DanUp y unas galletas Príncipe para matar la gusa. En realidad fueron las primeras en crear en take away; allí tenías tu mochilita con todo preparado para irte. Luego te dabas cuenta de que había madres que se lo habían currado mogollón con empanadas y bizcochos, pero a ti te daba más confianza lo de tu madre, que para eso era la tuya.

Se acostaban tarde y se levantaban temprano para preparar un día de excursión familiar: En casa se había decidido que ese domingo ibais a comer a la playa. Acto seguido, las madres estudiaban las condiciones climatológicas que nos íbamos a encontrar, comprobaban si había merendero o no y, conforme estos datos, creaban su menú veraniego. Nada de apps, ni de comprar bocadillos en el bar de abajo. Las madres ponían el despertador para hacer la ensaladilla y los filetes empanados para que el día fuese fantástico. Ahora bien, como se les olvidaran las cucharillas, había fallo para recordarles el resto de su vida.

Los domingos a la hora del vermú tenían dos opciones: o no ir, o levantarse a las ocho para hacer la comida y que todo estuviera listo al mediodía: La comida de los domingos era sagrada y no había excusa para escaquearse. Mientras los demás se levantaban tarde, o se iban a tomar el Cinzano por ahí, tu madre se quedaba en casa con el pijama puesto y el mandil por encima. Nadie le preguntaba si era lo que le apetecía, pero es que a las madres nunca se les ha preguntado nada.

Cuando te hacías mayor y te quedabas solo en casa, te dejaban todo preparado: Tus padres se iban dos días, pero tu madre cocinaba durante seis para dejarte mil tuppers; con algo a mayores por si venía a visitarte alguna amiga. Además, pegaban una nota informativa en la nevera ante posibles episodios de emergencia, como quedarte sin tomate frito Solís.

Soportaban estoicamente tus ensayos con una agonizante flauta dulce y te ayudaban con los deberes: Apuntar a los hijos a las clases de apoyo no se hacía por sistema, sino cuando la criatura no tenía remedio, como era mi caso con las mates de BUP. Por lo demás, mi señora madre pasaba mis trabajos a meca y yo me chuleaba de madre molona al día siguiente en clase.

Y aquí llega el fruto del amor más profundo que quepa en este infinito universo:

Se ponían los collares de macarrones que le hacías en el cole por el Día de la Madre: No sé en qué planeta averiguaron las profes de plástica que unos macarrones pintados con témperas multicolores iba a lucir bonito en el cuello de tu reverenciada madre. Unidos con aguja e hilo, todos los macarrones desembocaban en una joya de belleza estrambótica, como la cara que tenía que practicar tu madre cuando se lo regalabas ese domingo. Tras su reacción, yo me quedé contentísima. Se lo ponía para ir a todos lados y, dado el éxito, le prometí una pulsera a juego.

Pobre mamá, ni siquiera se pudo escaquear de aquel horror de collar. Imaginaos entonces cuánto nos quieren.

 

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