Mi padre: el cromañón que más adoro

Mi padre: el cromañón que más adoro

papá cavernícolaTodos hemos visto esas series americanas donde el padre es pluscuamperfecto: nunca se pierde los partidos de su hijo (que es el quarterback con más futuro del condado), y siempre que tienen una riña, va a su cuarto para soltarle una frase que cambiará el rumbo del adolescente y el de los telespectadores, que quedan petrificados ante la belleza de esas sabias palabras.

Sin duda, se trata de un padre que se escapa del hospital el día que va a ser operado de urgencia de apendicitis. Y ahora yo pregunto: “¿Vuestros padres se han levantado de la cama del hospital, se han arrancado de cuajo las vías pinchadas en el brazo para ver vuestra actuación de “baile moderno” en el auditorio de vuestro cole?” No, ¿verdad? Ya bastante tiene

con cagarse de dolor y de miedo, porque esos doctores vestidos de verde dan un poco de telele.

Mi padre, ya os digo que si está allí en la cama del hospital, mi madre le comentará, simplemente para intentar desviar el tema de la operación: “¿Cómo le irá a nuestra Mala?” Ya os aseguro que mi padre contestará: “¿Por qué lo dices?”, “Pues porque hoy era el festival, ¿no ves que estuve cosiendo a mano la faldita con volantes?” Mi padre, zanjará el asunto con un “Ahhh, sí, sí”

::::::::No se acordaba ni de coña:::::::::::::

Pero los padres de las series americanas puede que tengan el apéndice inflamado, sí; aunque nadie evitará que contemplen cómo sus hijos obtienen una beca deportiva en la Brown University.

Mi papuchi es un tío curioso. Te da besitos, te pasa el brazo sobre tu hombro cuando paseáis, y es de los de apretujarte la mano sobre tu muslo mientras ve el partido de fútbol. En este último caso, hay que calcular no ir a visitarlo a la hora punta futbolística; porque te pedirá que te sientes un rato con él en el sofá. En cuanto a lo que viene luego, os lo resumo muy fácilmente: apretujón que te mueres en mi muslo a cada saque de córner, balón al larguero o penalti fallado. Moratones al día siguiente, os lo juro.

Pero después, si una conversación por teléfono deriva en asuntos así como más personales, ya ipso facto me dice: “Bueno, te paso con tu madre”, que yo me quedo en plan ¿einnn? ¡Pero si yo he marcado el teléfono de mi padre para hablar con él! Y en esto se pone mi madre al teléfono, la cual me dice: “Hola, ¿qué pasa?” Pues lo que es pasar, no pasa nada; simplemente que mi padre me enchufó a mi madre a la oreja y no sabes qué decirle: “Hola mamá…err…pues nada……¿todo bien?” (ya me diréis qué le digo, porque la mujer se ha puesto al teléfono pensando que me ocurre algo), “pues sí, todo bien. Pero ¿ha pasado algo o qué?”. Y tú ya sin disimulo ninguno, que aquí las dos ya sabemos cómo actúa el cromañón: “ah nooo, es que estaba hablando con papá y me ha pasado contigo, porque ejem..ya sabes cómo es”.

El asunto es que cuando llamo a mi padre en exclusiva es porque sé que tiene celillos de mi madre. En mi casa, cuando los baby-cromañoncitos vamos de viaje y llamamos para decir que hemos llegado bien, se llama a MAMÁ; cuando nos encontramos regulín y vamos al médico, se llama a MAMÁ; cuando queremos hablar solo con mamá, se llama a MAMÁ. Con lo cual, mi padre va sumando desaire tras desaire y un día, este maravilloso hombre cavernario explota en nuestras dulces, amenas y, sobre todo, silenciosas comidas familiares. Así que por ejemplo, cuando sale un tema nuevo tal que “oye, hermanito, cómo vas en ese curso que estás dando?”, mi papi-cromañón se levanta en rebelión: “¿Curso de quééééé´?”, quejándose de que en esa casa nadie le cuenta nada, que es el último en enterarse y un largo etcétera de su actuación mártir.

Por supuesto, en nuestra cueva-hogar se ha hablado de ese asunto, pero él estaba en su mundo de los tres temas que realmente le apasionan, y desconecta el botón de “Prestar atención a los intereses de los demás”. Entonces evidentemente te sientes mal y te preguntas si estás siendo una buena hija. Así que un día decides llamarlo por teléfono, porque está lejos del calor hogareño, ejerciendo su papel cromañonístico de ir a cazar bisontes para abastecer a su familia.

Lo dicho. Lo llamas, y comienzas así tu parlamento en plan “holaquetal, qué tal la semana bla bla  abrígate bien que por esa zona hay un frío horroroso y bla bla”. El caso es que tu padre interpreta que lo estás tratando como a un viejillo con pañales; con lo que tiempo después te suelta que agradece las llamadas, pero que no hace falta que lo hagas porque de momento es muy joven y se vale perfectamente por sí solo.

¡¡OBVIAMENTE, PAPÁ!!

Y yo ya no entiendo nada. Os juro que hay ocasiones en las que necesitaría un padre de serie americana que me soltase una frase propia del racionalismo francés y me quedase claro cuál es su postura. Ese señor acudiría a una cita de Montesquieu y me solucionaría la vida.

Pero mi padre es un hombre  que protege su cueva, que caza bisontes y que te apreta el muslo hasta el hematoma. Comprueba que los suyos están bien, así por encima, (tampoco es que se mate mucho) y concluye que si esbozas una sonrisa estás súper bien, y que si no te ve muy animada, pues….¡te pone al teléfono con tu madre!

Eso sí, lo hace con todo el amor cavernícola del mundo, que no es poco.

 

2 comentarios

  1. Los papis y mamis somos bastante raritos.
    Pero ya sabes damos la vida por nuestros hijos.
    A ver si mejoramos con el tiempo, jajajajaja…

    1. Author

      No es que hagáis lo que podáis. Es que para mí ya sois ídolos, porque hay que ver cómo es el asuntito:
      Primero preocupados por dar el pecho, después porque llora en la guardería, luego porque suspende matemáticas, más tarde porque anda con compañías que no te gustan… y así hasta el infinito.
      Lo dicho: ÍDOLOS

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