¿Tu madre te deja en ridículo? ¡Únete a mi club!

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Mala ridículo madre

No te sientas mal si tu madre te abochorna de vez en cuando, porque ¡la mía lo hace constantemente!

Mi santa madre es culta, curiosa y superdivertida, pero tiene un leve problema: la mujer cree que la humanidad entera comprende nuestros chistes familiares; ya sabéis, esos palabros que solo se pronuncian en vuestra casa porque vosotros mismos los habéis creado. Vendría siendo el sentido del humor interno de cada familia, y la mayoría de las veces se queda como una gracieta o palabra de uso normal y corriente DENTRO DEL SENO FAMILIAR.

Y ahí es cuando entra mi madre, que va soltando nuestras chorradas por ahí, sin pudor ninguno y, encima, con una seriedad tal que la gente pensará:

a) Que no sabe hacer la “o” con un canuto.

b) Que es idiota perdida.

Da igual la opción por la que se decante el pueblo llano, porque a ella todo le importa un pimiento. Es lo bueno que tiene. Sí, mi madre está en una fase en la que todo le resbala. Cómo la envidio. Ella dice que se lo ha currado mogollón y ha practicado mucho para llegar a este punto de pasotismo, y yo la creo, porque todos sabemos que eso no te sale de un día para otro.

Con lo cual, venga que dale nos encontramos a mi madre con sus chistecitos que solo entiende ella y como mucho, cuatro personas más. Como ejemplo, un vocablo-chiste que utilizamos mucho en mi casa es “resticios”, creación espontánea de un amigo de mis hermanos que solía utilizar dicho témino para dárselas de intelectual. Resulta que al muchacho le sonaba que “resquicios” eran los restos de algo, y de ahí su neologismo resticios, todo un clásico ya en mi casa; utilizado por todos nosotros especialmente en los que se refiere a las sobras de comida del mediodía.

[Riiiinnng riiiing]

Holaa, carichúuu (esta es mi madre que me llama). Si quieres pásate por casa, que hay unos RESTICIOS de canelones”.

Y tan panchos nos quedamos en nuestra familia.

De la misma manera procede cuando se entera de una palabra graciosa de alguna abuelilla, como “yobifur” en vez de “yogur”. Muy simpática, sí, no diremos lo contrario. Ahora bien, para soltársela a un camarero, pues no lo veo. Pero mi madre lo ve perfectamente y va por ahí hablando con fontaneros o bibliotecarios soltando estas perlas.

¡Mamá, por dios! ¡Que el camarero no ha pillado el chiste y piensa que somos gilipollas!

-¡Y a mí qué! Pffrrrrrr, ¡ya ves el problema que tengo!

Y hala, que se la refanfinfla, y si quiere decir “yobur” o “yobifur” , pues lo dice; a costa de nuestro bochorno, obviamente. Ahora bien, si mi madre no hiciera esas cosas, no sería mi madre. Y añado: con sus palabros o no, es la mejor del universo planetario.

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