Hasta el moño del reloj de cuco.

Hasta el moño del reloj de cuco.

malarelojLos bancos: hay que ver qué sector tan comprometido con los cambios sociales, qué bien manejan la llegada de las igualdades civiles, ¿verdad?

¡Si es que siento gozo y alegría al observar cómo perciben la lucha de los derechos de la mujer!

Se ve que viven con los pies en el suelo y que son, sin duda, conscientes de habitar en una nueva era. ¡Ay…es que solo puedo decir cosas bonitas! No me digáis que no son gente majísima, con la mirada siempre puesta en el siglo XXI. Es por ello que:

¡UN UN DÍA DE ESTOS VOY A LLAMAR YO AL CREADOR DE TODA ESA MIERDA Y LO VOY A PONER DE VERANO!, ya que hasta los bemoles me tienen los señores de los bancos con sus promociones y su puñetera basura anacrónica.

Madre mía,es que toda esta panda se ha quedado en la Edad Media y, encima, van de modernos, que es lo más gracioso.

Pues nada, que ya veis que ando algo alteradilla, pero resulta que hace unos días recibí una carta de parte de mi entidad bancaria, cosa extraña, pero ahí estaba el sobrecito en el buzón.

Admito que recé y me enconmendé a todos los dioses del firmamento para que fuese una carta de amor de Andrés Velencoso, aunque no hubo suerte. Lo más probable es que yo sea “doña conveniencias” y solo rece cuando hay un tío bueno de por medio, y así, obviamente, los dioses me ignoran mogollón.

Total, que no solo comprobé que el Velencoso no quiere saber nada de mí, hecho que me decepciona, sino que además constato definitivamente que mi ámbito de triunfo se erige más bien en terreno menos escultural; en este caso, los tipos del banco de marras.

Así que en cuanto abrí semejante chasco en forma de celulosa, casi me quedo catatónica con el desfile de colorido y fotitos de tías súper felices con cuatrocientas bolsas en las manos, pues estaban viviendo el mejor día de su vida gracias a las sofisticadas y revolucionarias ideas de los señores de los bancos. ¡Y luego los llaman machistas! ¡Qué injusticia! ¡Si ellos se preocupan muchísimo por la mujer! ¿Acaso no veis las facilidades que me estaban ofreciendo para ser la reina de las compras gracias a la tarjeta especial y personalizada con mi nombre?

¡Oh, deidades del Olimpo! ¡Me siento tan especial!

Una tarjeta con mi nombre incrustado para que haga realidad mis sueños. ¿Existe la gloria? Pues claro, y tiene forma de cartita de plástico con mis nombre al completo, obviando el del otro miembro de la cuenta de ahorros: el Costillo.

Pero antes de introducirnos en el espléndido mundo de estos agasajos en su versión masculina, aptos exclusivamente para los clientes más machotes y testosterónicos, retrotraigámonos unos pocos años. Situémonos en mi hogar, con mi madre, mi padre y su cuenta de ahorros compartida.

Centrándonos en este ambiente familiar y emotivo, hagamos el esfuerzo de escuchar a mi madre ironizando sobre las cartas que llegaban únicamente a su nombre, ofreciéndole regalos y descuentos imposibles de rechazar para una ama de casa, una esposa, una madre; así en ese orden. Olvidémonos por supuesto que se trataba de un ser humano, de una ciudadana con muchos más intereses además de los ya citados. ¡Nada de eso! Los señores de los bancos consideraban que la mamá de Mala era una señora en condiciones, no una de esas progres que van con los pelos sin teñir.

La mamá de Mala esperaba cada trimestre la llegada de la carta del señor Emilio Botín como agua de mayo. En cuanto llegaba el cartero y verificaba que don Emilio la seguía cortejando como a una bella damisela medieval, la mamá de Mala se emocionaba:

-Oh,¡Emilio! ¡Feliz me siento al comprobar que nuestro amor sigue intacto como el primer día! Eres un caballero de los que ya no quedan, Emilio. No cejas en tu empeño de amarme secretamente y para ello me ofreces los obsequios que más desea una humilde mujer como yo: RELOJES DE CUCO, JUEGOS DE SARTENES, ABRIGOS DE VISÓN….Cómo se nota que conoces muy bien mis gustos, Emilio. ¡¡Esperaré inquieta tu próxima carta!!

[Anécdota basada en hechos reales. Mi señora madre desborda imaginación y humor].

Lo dicho. De esta manera los bancos intentaban ganarse la fidelidad de sus clientas: con gilipolleces llenas de clichés y de machismo. Y con relojes de cuco. ¡Muchos relojes de cuco!

Mientras tanto, a mi padre le llegaba su carta personalizadísima, en la que se leía: “Asegure lo que más quiere”, adornado con una foto de una familia cursilona y ñona. Del mismo modo que también te alertaban con “¡Contrate su plan de pensiones ya!” o “La salud de los suyos en su mano”.

¡Ole y ole! Y nosotras, por lo visto, con fundir la Visa ya estábamos felices.

Y lo peor es que al Costillo le siguen vendiendo lo mismo, salvo que ahora añaden una foto de un todoterreno para millonetis, unas teles de plasma del copón y unos móviles que hacen de todo. Yo creo que hasta te friegan los platos.

A mí me habrán visto cara de Carrie Bradshaw y solo me dan una tarjeta para que me compre muchos pares de Manolos. ¡Y seguro que gratis!

¿No son unas magníficas personas? ¡Por supuestísimo!

2 comentarios

  1. Toda la razón del mundo! A ellos le ofrecen los seguros de vida, los de la salud de la familia y nosotras quedamos de tontas sin neuronas. A mí me parece gravísimo el tema.
    Sigue así que entre todas tenemos que mandarlos a la mierda.

    1. Author

      Ajá!
      Pues claro que sí, Almu! A la mierda o al triángulo de las Bermudas, que caigan allí misteriosamente y que no se encuentren jamás.

      A la porra con la gentuza machista.

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