Los machotes no me van nada (por eso adoro a mi Costi)

Los machotes no me van nada (por eso adoro a mi Costi)

Mala cachas machoteEl macho español.

Qué preciosidad de concepto, qué criterio identificador tan moderno y ajustado a nuestros tiempos, ¿verdad?

¡Diga usted que sí, gentil y gallardo caballero! Si es que ese codo apoyado en barra, esa mano sujetacubatas y esa mirada escrutinadora y analizadora de todo ser vivo que posea el cromosoma “xx”, modela una estampa de fantástica e incomparable belleza.

Deberemos añadir, ciertamente, unos modales, gestos y entonaciones laríngeas propias de un hidalgo galán. De este modo, tendríamos el prototipo perfecto de machote que (SEGÚN ÉL, repito: SEGÚN ÉL), las vuelve locas.

He de aclarar de antemano que no me interesa examinar ese espectro clásico de rey alfa de la selva. Las películas de Ozores las dejaremos para otra ocasión. Lo que atrae mi interés es el concepto del chulito-machito encubierto. Como sabréis, me autoproclamo experta en acuñar y nominalizar ideas que no somos capaces de definir. Pues tranquilos todos y todas, para eso está mi menda y su facilidad de ponerle etiquetitas a todo.

Por lo tanto, inspeccionaremos todo aquello relacionado con este espécimen que, visto mi pre-estudio de campo (todavía no lo he acabado ni creo que lo haga nunca, dado el material de trabajo tan extenso), sigue gozando de una gran aceptación entre el sector femenino.

En primer lugar, el “machito encubierto” ya no lleva ni camiseta de tirantes con el pechamen al aire, ni riñonera, ni se baña en la playa del pueblo en slip en plan Mark Spitz. Ya he avisado antes que eso pertenece al pasado y tiene que ver mucho con el chulo-guarrete del salón de recreativos, al que se le podía sumar la uña larga del dedo meñique y aquello tan estiloso de encender el cigarro rasgando la cerilla sobre su barba de dos días.

Aclarado eso por enésima vez, constataremos que el macho de ahora va incluso de feminista y se pone la chapita violeta el Día de la Mujer Trabajadora. Pero va dejando un rastro, cual caracol, que te informa; es más, te asegura, te jura y te perjura que él es un señor con sus cataplines bien puestos.

Ilustraremos esto último con un intercambio de enunciados fácilmente reconocible: “Oye, José Luis, ¿no te parece más guapo Brad Pitt que Leonardo Dicaprio?” Y ahí va la respuesta (más predecible que el final de una comedia romántica): “Y a mí qué me cuentas, que yo no soy gay”

¡¡Bravo!! [plas plas plas plas]

Claro, obviamente, solo se puede opinar de la belleza de alguien si pertenece al otro sexo, porque de lo contrario, eres homosexual y eso está muy feo. Lógico y comprensible.

Pero tal y como os relataba, esta versión actualizada del varón nacional (según su parecer), profesa el feminismo más que las primeras sufragistas y, después de haber comentado en voz alta “¡que no hay derecho, hombre!; que el salario de las mujeres tiene que equipararse al de los hombres”,  suelta que en su oficina hay una tía que lleva unas camisetas tan ajustadas que va con las peras cual misiles, y que eso le indigna. Normal, la compostura ante todo.

No obstante, lo que se le olvida al pobre es mencionar también que su propia vestimenta diaria consiste en una camiseta comprada en la sección de niños, donde encuentra esa minúscula talla que se ajusta a sus bíceps recién ciclados. Ahí, ahí, marcando músculos que no aparecen ni en los libros de biología.

Efectivamente, él no solo es feminista, sino que ahora es un chico fitness. Le regaña a su mujer por haberse gastado cincuenta euros en un perfume, porque la cosa no está para andar despilfarrando, pero se convierte en un tío desmemoriado al omitir que él ha invertido trescientos eurines en un bote de polvitos de proteínas.

Y es que, a ver, comprendámoslo; lo del perfume es algo totalmente prescindible, sin embargo lo suyo no es vanidad; es salud. Sin duda alguna. Por supuesto. Clara y taxativamente.

Es más, mi médico me dice cada vez que entro en consulta que me tome los antiobióticos durante diez días, pero que lo fundamental es que me inscriba en una asociación de culturistas para ponerme como uno del Pressing Catch. Obvio. Si no, ¿de qué otra manera se me va a curar la otitis?

Recapitulemos pues: nuestro macho encubierto es, según su criterio, feminista, un chico preocupado por su salud y también muy interesado en la moda. Como muestra un botón: mientras toma su cerveza directamente del botellín, agarrando el cuello de la misma únicamente por el dedo pulgar, índice y corazón se dedica a criticar a las jovenzuelas con sus shorts-megashorts. Por lo que con supremo enojo manifiesta: “¿Pero cómo pueden ir así? ¡Eso va en contra del feminismo!” (recordemos que es el abanderado de este movimiento. Considera incluso que solo le falta hacer topless como las Femen).

Lo malo es que vuelve a quedarse sin memoria, dado que no se percata de que lleva puestos unos vaqueros más apretados que los tornillos de un submarino. Consecuentemente, lo que viene siendo la bolsa huevera-cataplinera acompañada de su noble miembro viril, quedan más visibles que una ecografía. Han llegado a pararlo por la calle porque se le intuía el testículo izquierdo con una forma rara.  “Gracias, mañana pido cita”, contesta él con voz de Luis del Olmo, para que quede claro que su tono es de un semental de categoría. “Espero que me atienda un doctor en vez de una doctora”, añade. “No es por nada, ¿eh?”

Uy, “no es por nada” dice. Pues ya me quedo más tranquila.

Menos mal que mi radar anti-machotes me avisa siempre muy a tiempo. En caso de fallo, se tira de sentido común.

 

2 comentarios

  1. Jajajajajajaj… Me ha encantado lo de los tíos que se niegan a decir que otro es guapo porque ellos no son gays. Me parto!

    1. Author

      Esa frase es más antigua que el Partenón de Atenas! jaja. Yo la he escuchado tantas veces que creo que se merecía un buen párrafo. 🙂

      Me encanta que te guste y que te rías con Mala.
      Abrazooo.

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