El trap y el reguetón: que alguien me salve de esta pesadilla

El trap y el reguetón: que alguien me salve de esta pesadilla

Aun a riesgo de parecer una postureta, os juro que no me sé ninguna canción de este tipo. Y también desconozco quién canta qué o qué dice quién.

“¡Venga ya, Mala!”, -me recriminan-. “¡Pero si suenan en el autobús, en el súper y en las patronales de tu pueblo ! ¡Es imposible que no te sepas la letra de ninguna canción!”. Y tanto que es factible, teniendo en cuenta que cuando algo no me interesa desconecto ipso facto, y a partir de ahí voy a piñón fijo en mis viajes astrales. Ya pueden cantar los niños de San Ildefonso mi Gordo de Navidad que yo ni me entero. Imaginaos entonces lo que me la sopla que suenen doscientas canciones exactamente iguales entre sí, a excepción de que en una de ellas un tipo enseña su pechamen a una tipa y, en otra, una tipa enseña su culamen a un tipo.

Como veis, melódica y poéticamente cuenta con un patrón variadísimo y de exquisito gusto; es por ello que se merece un análisis más profundo con mi marca de la casa: la rigurosidad. Procedamos, pues.

Los nombres de sus artistas se forman combinando aleatoriamente las sílabas Bu/Ba/Di/Da con Do/Be/Vi/Tan: Lanzas al aire las fichas de ambos bombos y te sale Vicky Love, Doggy Bad, Diva Go o Bunny Danger. Hala, con un par. Y si luego les va bien, ya entonces se cambian a Vicky L., Doggy B. y Bunny D. Muy estiloso todo. Y sobre todo, ¡facilísimos de recordar!

Imprescindibles los duetos o colaboraciones, llamados en inglés featurings: Se ve que individualmente no se comen ni una rosca, así que los de la casa de discos juntan a uno que ya tiene su público con otro que no arranca ni a la de tres. ¿Resultado?: Doggy B. ft. Bunny D., de manera que no sabes si son nombres de cantantes o elementos de la tabla periódica.

Y si alguien tiene la retentiva suficiente como para poder mencionarlos de nuevo, que me comunique el truco. Gracias.

Looks indescriptibles: Se resumen en: LO QUE ANTES ERA CHONI AHORA ES LO MÁS.

Comencemos por ellas:

Su fondo de armario básico es el CHÁNDAL, a partir del cual se forman variaciones de lo más eclécticas y de dudoso gusto: chándal con brillis pegados, chándal con tacones, chándal con plataformas, chándal con un sujetador al aire o con una sudadera de talla similar a la de un levantador de piedras vasco. A ver, comodidad a tope, no voy a decir yo que no, y si quiere usted imitarlas, acérquese a su mercadillo más cercano. Vestirá igualita y por un precio de lo más popular.

Vayamos ahora con su complemento estrella: LAS UÑACAS. ¿Pero qué está pasando en nuestra sociedad? ¿Por qué se han manifestado los Chalecos Amarillos en París en contra de la desigualdad social, o la niña Greta poniendo verdes a los peces gordos de la ONU y, sin embargo, no ha salido nadie a la calle para pedir que acaben ya con ese dolor para los ojos y para el alma que es la manicura de estas tías? Lo digo muy en serio: STOP. Muerte a las garras de águila con las joyas de la reina Isabel de Inglatarra incrustadas en ellas.

Prosigamos con los conjuntitos que lucen ellos:

Su aspecto es un amalgama de: EL TÍO DE LOS AUTOS DE CHOQUE DE LA FERIA + EL QUE PASABA DROGAS EN TU INSTITUTO + PROYECTO FALLIDO DE CULTURISTA. A partir de ahí podemos ir sumándole complementos como unas GAFAS tan caras que parecen baratas. Tremenda figura literaria basada en la antítesis de conceptos que acabo de crear, y encima, partiendo por supuesto de la más cruda realidad. Los cachivaches que llevan colgados esta gente siempre tienen pinta de haber salido del chino de tu calle, lo cual es de gran mérito. Disfrazar algo deluxe en algo chinil solo lo pueden conseguir unos pocos, cosa que abre un debate: ¿el lujo y la horterada son lo mismo? Cuidado todo el mundo, que en el fondo son el germen de una posible controversia mundial que puede desembocar en un movimiento antisistema. Y nosotros pensando que son unos simples.

Por otra parte, no olvidemos su GESTO FACIAL COMO SI LE DEBIERAN MUCHA PASTA A HACIENDA. Sí, amigas y amigos, estos tipos siempre tienen cara de cabreados y de estar hartos de la humanidad. No me extraña, diez mil euros se han gastado en una camiseta marca-bíceps y en un pantalón de chándal del cual se han enterado que en Aliexpress lo venden a 4’90. Como para estar de buen humor.

Las letras de las canciones: Nada que aportar que no se haya dicho ya, excepto el trauma que me causó la actuación en la tele de una de sus estrellas más rutilantes, quien, vestida con su chándal de los domingos, le dedicaba a las mujeres un tema que, en sus palabras, era un canto al feminismo y a la lucha actual por nuestros derechos fundamentales. Perpleja me quedé cuando empezó a ¿cantar? y pude comprobar cómo los versos rezaban que le gustaban los señores mayores, porque le compraban flores y le abrían la puerta como los buenos caballeros.

Oye, puede que aquellas estrofas escondiesen, mediante metáforas de  complejidad propia del Siglo de Oro, un mensaje que yo no alcanzaba a descifrar. O puede que aquello de “menea tu cucu” ya se haya quedado como algo vintage, y yo me niegue a creer que según estos artistas las mujeres nos pasamos todo el día con la boca abierta, y no para comer, precisamente. Y venga estribillos en los que abrimos la boca, y venga estrofas en los que seguimos con ella abierta. ¡Qué cansino! Con lo cual, no me queda otra que sospechar que se trata de un código de alta encriptación. Ay, ¡qué rabia! ¿Qué querrán decir con todo esto?

Definitivamente, prefiero pensar que soy yo la ignorante, en vez de concluir que lo que transmite esta panda de idiotas es mierda pura. Me quedo más tranquila.

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