Mala época para ser intelectual

Mala época para ser intelectual

Mala iliadaCon esto del postureo ya no se sabe si alguien es intelectual porque sí, porque mola o porque luce mejor en instagram. La otra opción, la de ser una persona genuinamente culta, la descartamos.

Que conste que para ir de falso cultureta no hace falta vivir en el siglo XXI haciéndote fotos con tu colección de vinilos de Björk, ya que hacerse el enteradillo o el avanzado erudito ha existido toda la vida.

Ahí tenemos a Cervantes, riéndose de los que leían noveluchas de poca monta sobre caballeros medievales o los que, en su época, ponían a parir a Lope de Vega por hacer teatro comercial, al contrario de Calderón de la Barca, que era como el cabeza de cartel del Primavera Sound. Para los hípsters del Siglo de Oro, Calderón era lo puto más. O sea que el instagrameo ha estado ahí toda la vida.

A ver, que no digo yo que los fans de Calderón estuviesen haciéndose fotos de sus pies en la playa con las uñas pintadas, principalmente porque no había móviles, pero fijo que se curraban unos grabados tope guapos de una puesta de sol, acompañados de una frase intensa en plan “El sol es una luz que dora mi piel, delicada como este brillo que hoy se desvanece”. Lo colgaban en la plaza del pueblo y a posturear que no había tiempo que perder.

Por lo tanto, el clásico listillo disfrazado de intelectual es una figura atemporal y necesaria en todas los períodos de la historia. ¿Acaso no creéis que en la época de las cuevas de Altamira no hubo cachondeíto con las pinturas?:

-¡Unga unga! ¿Qué cojones es eso que has pintado?

-¡Un bisonte!, ¿pareces tonto o qué te pasa? ¡Unga!

-Prffff…¿esa mierda de garabato es un bisonte? ¡Pero si el bisonte es americano y esto es Cantabria!

-¡Unga unga! ¡Ya ha salido el resabiado! Pues yo pinto lo que me sale de la flauta y punto.

-Lo que tú digas, ¡unga! Pero en la cueva de al lado hay unas pinturas abstractas que lo están petando. ¡Te estás quedando anticuado! ¡Pásate al Neolítico ya!

Consecuentemente, si en los poblados prehistóricos se postureba de lo lindo, imaginaos ahora. Sin ir más lejos, el otro día brotó desde lo más profundo de mi ser una parrafada extensa y sobrecargada de información cual tomo de la enciclopedia Larousse.

Resulta que en plena conversación sobre unas lecturas yo comento que estaba enfrascada con el gran Paul Auster, a lo que mi querido interlocutor me pregunta de refilón, de pasada, sobre la marcha o cómo queráis denominarlo, mi opinión sobre dicha obra.

(Pobre angelito mío. Desconocía con exactitud las consecuencias de su inocente comentario).

Para ello, me encontraba ante dos respuestas posibles:

a)“Pues el libro bien, pero prefiero sus obras más sencillas” (¿Desde cuándo yo respondo con un solo enunciado? Desechamos esta opción).

b) Responder a mi estilo, tal que: “Se trata de una obra en tanto y cuanto el fondo y la forma o el contenido y continente se comprimen para crear en cualquier caso una novela que, desde un principio, se intuye como la creación de una historia grandiosa y quizás mastondóntica. De cualquier modo, no es algo propio del autor, acostumbrado a deleitarnos con su prosa fluida y sus argumentos siempre universales y en absoluto complejos en lo que se refiere al segumiento de su lectura.”

TOMA YA. CON DOS OVARIOS.

Un aplauso, por favor [plas plas plas plas]. Gracias, gracias.

Me había emocionado, qué se le va a hacer. Yo luego me muero de la vergüenza, obviamente, pero soy así; intensa y exagerada.

Por otra parte, como ya he comentado en varias ocasiones, a pesar de ser ultra-fan de las revistas de cotilleos, de pintarme los labios aunque vaya a comprar unas pastillas de Avecrem y de ser la reina del joyerío y de los perfumes, confieso que disfruto por toneladas de mi parte culturetoide.

Incluso así, repito: pintarse los labios mola mucho, así que me niego a charlar sobre James Joyce todo el rato. Qué tedio me da la gente intelectual a tiempo completo.

¿Para qué está el arte si no? Para disfrutarlo cuando te viene en gana. Sin embargo, yo lo vivo de forma bastante clandestina.

Es más, muchas de mis mejores amigas aún se han enterado recientemente que toco la guitarra desde los 15 años; que escribo, dibujo y encuaderno mis propios cómics, que adoro El Padrino y el cine de Billy Wilder; que nunca nada me hará reír tanto como la serie Frasier , que la lectura me llena la vida y que me emociono cuando escucho a David Bowie.

Pero dado que quizás lo de pavonearnos se nos haya ido un poco de las manos, casi prefiero seguir a lo mío.

“Malos tiempos para la lírica”, efectivamente, amigo Coppini.

6 comentarios

  1. Jajajajajaj. No puedo contigo 😂😂😂. Ahora cuando piense en el Siglo de Oro me imaginaré a unos cuantos autores haciéndose un selfie. Aunque ahora que lo pienso, Velázquez ya se hizo uno.

    No cambies nunca esa combinación de erudición y glamour 😘😘😘

    1. Author

      Hola, Costi querido,
      Efectivamente, Velázquez querría salir en la obra visto que las Meninas eran más feas que un pie, y aquello habría que mejorarlo un poco.

      Por cierto, ¿en nuestros selfies últimamente estamos más viejos, o es cosa mía?

      1. Es cosa tuya. Guapérrimos hasta la médula

  2. Genial Mala!!!!
    Toda esta cultura se inició con la lectura de EL PEQUEÑO HIAWATA y el PATO MORGAN????

    You’ the best!!!!

    I ❤ you so much

    1. HOLA MAMÁ,
      😁😁😁😁😁😁😁😁😁😁😁😁
      Se ve que el disimulo no va contigo. 😊
      Yo también te quiero.😘

      1. Es que soy la nieta de Josefa a “Lera” y se me nota bastante🤣🤣🤣🤣🤣🤣

        ❤❤❤❤

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