Mi fin de semana Coronel Tapioca

Mi fin de semana Coronel Tapioca

Coronel TapiocaRecientemente, el Costi y yo decidimos que sería buena idea irnos de fin de semana de desconexión total.

Y dado que mi reto era conseguir relajarme, dicha tarea debía comenzar desde casa; así que me acerqué al Costi con sus trescientas pestañas abiertas con alojamientos diversos, me senté a su vera, a la verita suya y le dije mientras señalaba con el dedo: “Esta habitación, esta fecha y este destino”.

Para qué liarse.

Llegamos un viernes a la casita rural totalmente sudados, hambrientos y con pinta de guiris. Como tales, en menos de un cuarto de hora ya estábamos en la zona de la piscina, con su césped, sus arbolitos y sus tumbonas. Un chapuzón para refrescarse, un estudio pormenorizado para escoger la mejor sombra y es aquí cuando llega EL MOMENTAZO DEL AÑO.

No hay palabras que puedan describirlo: mi Costi, mi relax, mi temperatura perfecta…ahhh [suspiro], sin duda era el momento ideal para empezar nuestra típica conversación paletoide, en la que todo nos parece asombroso:

-Mira qué tumbonas. Joder, esto es vida.

-Mira, hay árboles. Ya te digo, vidorra.

-¿Has visto esa toalla?, qué chula. Buah…qué gusto de vida.

-Hay aire para respirar, ¿lo has notado? Vidorra, vidorra.

-Mira, una mosca. Gustazo de vida.

Y así nos podemos pasar horas, salvo que uno de los dos se calle, que en ese caso fui yo porque percibí en lo más profundo de mi ser una PAZ ABSOLUTA. Había conocido el éxtasis en una hamaca de plástico bajo un arbolillo. No sé qué hacían antiguamente los monjes subiendo a una montaña y malviviendo en una cueva, con la humedad que hay allí que va fatal para el asma; si con una hamaquilla se puede llegar a la misma sensación de esplendor.

Aunque ahí no acaba la cosa. ¿Y si os digo que al día siguiente fui yo misma la que propuso ir a hacer senderismo por la sierra, en plan De la Cuadra-Salcedo? Pues sí, sí. Y ojo, que el Costillo se empeñó en resoplar y decir que nada nos salía bien, ya que nos perdimos varias veces y demás contrariedades.

Sin embargo, ahí estaba yo, siendo la guía espiritual del viaje. ¿Que hemos subido cuatro kilómetros arañándonos las piernas con los matojos y al final nos hemos encontrado un párking en vez de la roca milenaria? No hay problema, por favor. Ahora mismo los bajamos charlando y arañándonos las piernas gustosamente.

El Costi estaba simplemente asombrado. Yo, mostrándome pasmosamente tranquila ante las pequeñas adversidades siendo positiva y buenrollista.

Si es que soy un amor.

Esperaos que un rato más tarde encontramos la cascada que salía en la guía. Lo resumo: TENDRÍA QUE HABERME HECHO UN PAR DE OCHO MILES DE ENTRENAMIENTO para poder trepar las rocas que te llevaban al chorrete aquel que no tenía nada que ver con la foto del folleto (pese a que me pareció igualmente maravillosa. Recordemos que estaba en modo zen).

Pues eso, yo creo que debería haberme entrenado con el K2 o algo, porque la madre del cordero los pedruscos de marras. Así que subí y trepé los piedrolos aquellos modo sui generis pero me daba igual.

El problema era que el sitio que encontramos para ponernos el bañador consistía en una esquinilla de un saliente de un desfiladero, donde solo cabían nuestros pinrelillos. Mal asunto. Con lo que sin más dilación, me saqué la ropa y me quedé en sujetador color carne resudado, a conjunto de unas cómodas bragas de cuello vuelto ornamentadas con los pelillos en ingles mal depiladas.

¿Y sabéis qué?

Que me importó un huevo. Allí me puse yo con todo mi blancor y mi culillo fofo a chapotear en una charquita, porque lo del lago y la cascada se lo dejé para el Costi, que se pegó un bañito con sus gayumbos de andar por casa.

Esperaos que ahora queda lo mejor: volver a hacer el camino pedrusquil de nuevo para poder irnos. Y venga pon-un-pie-aquí, agárrate-a-esa-piedra-allá, y mientras hacíamos el recorrido nos cruzábamos con parejitas de jovenzuelos muy en forma y súper divinos de la muerte. Nada que ver conmigo, que parecía un polluelo mojado sujetándose a aquellas piedras como cuando las abuelas se agarran al asa del coche.

En esto, justo cuando pasaba una parejita de estas en plan “Tronistas Viceversos” me dice el Costi: “Cari, ¿vas bien?”, y yo le respondí con un “Pues estupendam…”

::::::::::::::CATAPLOFFCHOFFF:::::::::::

Mi menda se escoñaba en una charca entre roca y roca. Golpe en la rodilla, arañazo con sangre en el codo, pies con playeras empapadas y un Costillo que me viene a socorrer y también mete las pezuñas en el agua.

Todo esto delante de los ojos de aquella odiosa parejita joven, bronceada y fibrada.

Pero me siguió importando un huevo.

Además, debido a las condiciones de nuestro calzado, que albergaba medio litro de agua en cada pie, propiciamos el denominado “Paso-Cloch” de camino al coche, que siempre queda gracioso:

-[cloch cloch cl] Pues el baño me ha sentad[cloch cloch]o divina[clochh]mente.

-[Cloch cloch] Pena que  casi me [cloch cloch] haya mata[cloch]do justo al irme [cloch].

-[Cloch cloch cloch cloch cloch ]

 

De todas maneras, puedo prometer y prometo que la lié un poquillo el domingo de camino a casa. Un pronto de estos míos, una idea de esas que te llega, a la que le das vueltas y vueltas en silencio hasta convertirla en algo que no tiene que ver con su original.

Jo, qué rabia, ¡con lo bien que me había portado!

Bien es cierto que si estuve pasota y positiva para unas cosas, confieso con alegría y devoción que también lo he estado para olvidarme de esa cagadilla en mi fin de semana pasota y molón.

Porque de vez en cuando, molo.

 

4 comentarios

  1. Jaja! Yo cuando voy de senderismo siempre soy la última del pelotón y siempre me caigo en algún sitio. Y por supuesto, no voy vestida de Coronel Tapioca, sino del decathlon.😉

  2. Ayyyy…. Calla, calla. Menudo momentazo el de los pedruscos. Mejor deja esas cosas para los sherpas y tú dedícate a escribir, que lo haces de maravilla.

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