Salir en Fin de Año. ¡Pros y contras a continuación!

Salir en Fin de Año. ¡Pros y contras a continuación!

Me siento pletórica, radiante.

Hoy es el último día del año, lo cual quiere decir que a esta pesadilla en forma de brillis llamada Navidad, le queda menos para finalizar.

Y quedar con unos, y quedar con otros, y comida allí, pero cena aquí, y entre medias vete a devolver la Muñeca Mil Peinados de Frozen porque justo te acabas de enterar de que ahora ya no le gusta Frozen, sino Rosita la cerdita de Canta, que baila con el cerdito Gunter, y a ver en dónde encuentras tú ahora a Rosita la cerdita de Canta que baila con el cerdito Gunter, pues vas, y la encuentras. Y no solo a Rosita la cerdita de Canta, sino a la elefanta de Canta, al ratón de Canta, al gorila de Canta, a la llama de Canta y a la puerco espín y a su novio de Canta. Incluso está de oferta la camaleón nonagenaria de Canta, pero no te la juegas, porque si dice que quiere a Rosita la cerdita es que quiere a Rosita la cerdita.

Y más o menos en esto se resume la navidad.

Me cuentan, me dicen que también hay momentos para el ocio y el asueto, la fiesta y la algarabía, como por ejemplo en Nochevieja, festejo que ha ido creando su propia polémica gracias al combate entre sus adeptos y sus enemigos. Consecuentemente, si se trata de un tema con enjundia, con chicha; ahí estaré yo hasta el fin de mis días para desmenuzar los pros y contras, los detalles que se te pueden haber pasado por alto y los clasicazos de esta fiesta de indescutible raigambre.

Comencemos por los pros. Son muchos, no lo negaré: bailar, cantar, vestir bien, hacer el idiota, emborracharte, conocer gente y TRES MILLONES DE COSAS MÁS QUE PUEDES HACER CUALQUIER OTRO DÍA. ¡Y MEJOR!

Fin.

Vayamos a por los contras. Amigas, amigos, aquí llega lo bueno; un entramado de sinsentidos que nos parece de lo más lógico simplemente porque se acaba de estrenar el año. De hecho, hace cinco horas detestabas el sonido del matasuegras, pero ahora que te acaban de dar un saquito con paparruchas similares, las consideras fundamentales para desarrollarte como persona molona y divertidísima. Si bien, estas serpentinas y gorritos chorras de la fiesta de Fin de Año deberían estar bañados en oro de 24 kilates para que a mí me compense la cantidad de adversidades que tengo que pasar por alto:

El puto frío del 1 de Enero: Pues súmale además que son las tres de la mañana y que hay un 96% de humedad. Si es que me entran unas ganas de salir tremendas, ¡y no es para menos! Sobre todo teniendo en cuenta lo que abriga un vestido de lentejuelas, así que desarrollemos este tema a continuación.

– Modelito propio de la gala de los oscars, muy acorde para ir al bareto de al lado de tu casa: Cierto, un mes antes te recorres mil tiendas para comprarte algo para la festiva ocasión. O sea, que hay una festiva ocasión, pero también quieres que te sirva para ponértelo después. Ah, ¿dónde exactamente? ¿En la cena de gala de la Casa Blanca?, porque otra opción no veo. Entonces escoges un conjunto que es de fiesta, y te convences a ti misma que es muy ponible y que le sacarás muchísimo partido, porque lo puedes llevar a……y también a……sin olvidarnos de….

Que está intacto en el armario, vaya.

Una digestión que no parece terminar nunca: Has acabado de cenar a las 23:15 de la noche y aunque sean las cuatro menos diez de la mañana, llevas los langostinos justo en el cardias, esa simpática válvula que se abre y se cierra cuando le da la puta gana, recordándote el sabor de los langostinos a la plancha cada diez minutos. “Voy a la barra. ¿Qué te traigo?”, te preguntan. “Una manzanilla con anís estrellado, por favor”. “De eso no creo que tengan, cari”, me dice el Costillo. “Qué pasa? ¿Que no puedes preguntar? ¿Eh? ¿Eh?”, le suelto toda borde. “Vale, valeee, ¡tampoco hace falta que te pongas así!”. Empieza bien la noche.

Garito que se cree el Studio 54 de Nueva York poniendo los precios: “Cari, ¿tienes algo suelto en tu cartera?“, me pregunta el Costi. “¡Pero si yo he venido sin cartera! ¿Por qué? ¿Qué pasa?”, “Joder, que se me olvidó ir al cajero ¡y el de la barra me dice que son 43 euros!”, “Pero ¿qué has pedido? ¿Agua del río Jordán?”, “No, que al final me dicen que pudieron hacerte la manzanilla, pero que han tenido que encender la máquina adrede y me cobran un sobrecargo”. Pero no pasa nada, porque es Fin de Año.

Música espantosa de cassete de gasolinera: BONEY M. ¿Qué pasa con sus canciones? ¿Tengo que escuchar By the rivers of Babylon a pesar de haber pagado por asistir? ¿No deberían indemnizarme ellos a mí por bailar Ra-Ra-Rasputín por enésima vez?

Acabar la noche como la versión barata de Keith Richards: Cara sudada, ojos mapache, pelo guarro…¿de verdad que no te queda ni un poco de dignidad? No. Y si has bailado a Boney M, mucho menos.

– Pasar el día siguiente haciendo la fotosíntesis en el sofá: Como vegetal que eres, debes realizar la función fotosintética para poder sobrevivir. Además de eso, no tienes el cuerpo para nada más. Hablas a base de monosílabos, y si tienen más de dos letras, ya solo te comunicas con un gesto de mentón. Y así hasta el día 2, día en el que piensas que se te van a pasar todos los males, pero no.

Puede incluso que la resaca de manzanilla te dure todo el año, y justo cuando te empiezas a recuperar, ¡pum!, ya ha llegado el Fin de Año otra vez. Pero eso os lo contaré dentro de 364 días.

¡No faltéis!

2 comentarios

  1. Jajajaja muy bueno, clavadito a la realidad. En mi caso ya no, soy mayor para salir a esas fiestas, pero me recuerda cuando lo hacía. Pero la historia se repite, soy madre y lo “padece “mi hija 🤣🤣🤣🤣

    1. Author

      Lourdes!!
      Perdón!!!!🤗🤗🤗🤗🤗🤗 Se me ha quedado tu comentario por responder! Es que menudas Navidades, hija. Qué rollazo y qué locura y qué rollazo y qué locura.😂😂
      Menos mal que Mala vuelve con sus historias de siempre este lunes 13. Bravo!
      Podrás aguantar?
      Beso y me encanta que te haya gustado el post.😘😘

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