La coronilla es la nueva cara. Esa parte de la cabeza humana de la que nace en distintas direcciones el pelo, formando un grácil remolino situado en la zona más alta de todo el melón, se está convirtiendo en el rasgo físico diferenciador de las personas. En otra época, por cortesía del bipedismo, reconocías a tu amigo Juan Antonio por su nariz chata, ojos pequeños y oscuros, labios finos y mentón pronunciado. En cambio, ahora, a Juan Antonio tendrás que recordarlo por su coronilla: nivel de frondosidad de cabello, tono exacto y trayectoria del remolino. Si se afeita con la maquinilla, se complica el asunto.LEER MÁS

  No sé por qué muchas veces nos avergonzamos de nuestra parte creativa. De hecho, algunas personas que han conseguido cierta gloria en Twitter, o los que suben sus recetas de empanadillas a Youtube, o los que enseñan sus acuarelas en tutoriales para principiantes o los que escriben un blog de poesía en verso libre, se mueven en el más profundo de los anonimatos. Ni en su casa lo saben. He reflexionado sobre esta clandestinidad artística y he llegado a la conclusión de que cualquier actividad creativa resulta muy personal. Es más, el arte es algo muy íntimo. El ingenio y la imaginación nacen yLEER MÁS

Hace nada me dijeron que tengo la suerte de ser propietaria de un buen escudo con el que protegerme de muchas cosas de la vida: el humor. Tras agradecer semejante halago, no sin sonrojarme terriblemente, dado la convicción con la que me lo confesaba, me di cuenta de que en realidad nunca he sido demasiado consciente de ello. Es decir, sí, sé que tengo sentido del humor, pero para mí es lo mismo que tener dos ojos: los tienes ahí pero no les prestas mucha atención. Vienen contigo de serie y nunca te has parado a agradecerle a la vida que te los haya puestoLEER MÁS

  Cuando era más joven, me pasaba la vida recriminándole a mi padre que no se involucraba lo suficiente con sus hijos, que no se implicaba con las tareas del hogar y que nunca nos preguntaba por nuestras ilusiones o miedos. Ahora que ya soy mayor, me he dado cuenta de que MI PADRE ES HIJO DE UNA ÉPOCA. Por aquel entonces a un hombre casado solo se le exigía que fuese una sola cosa: proveedor de su familia. Los buenos hombres se diferenciaban de los malos en que eran trabajadores. En mi pueblo todavía se sigue utilizando ese criterio diferenciador para calificar la bondadLEER MÁS

  Recientemente, en la cola de la panadería, dos personas hablaban sobre la elaboración de la tortilla de patatas: “Es que es un trabajón. A nosotros, si nos apetece cenar tortilla la pedimos a [nombre de app de comidas a domicilio]”. Su interlocutor asentía con una naturalidad pasmosa, señal de que usaba un procedimiento parecido en cuanto a las tortillas. Yo me sentí desfasadísima tortillamente hablando. No obstante, prosigamos con su conversación: “Y como a mí me gustan jugositas, siempre las encargo en ese sitio; a no ser que llame a mi madre y le pido que me haga una, porque tiene una mano buenísimaLEER MÁS

Llamarla pocilga sería otorgarle más valor del que tiene, puesto que en ella se revuelcan los adorables cerditos. La tele es un auténtico vertedero adonde van a parar las ideas más infectas del ser humano. Sin imaginación y con muy mal gusto, los creadores de contenido, productores y directivos han creado un microcosmos del horror. Salvo La 2, esa cadena que contiene mucho más que documentales de gacelas en el Serengeti, todo lo demás es una basura incendiaria. Lo peor de todo es que la mayoría de estos grupos mediáticos alardean de innovadores formatos y de audiencias millonarias, aunque todos sabemos que ni una cosaLEER MÁS

  Como resultado del júbilo con el que mucha gente se dirige al Costillo y a mí en cuanto a parejita que somos, he llegado a la conclusión de que nos tienen por un dueto amoroso chispeante. Para empezar, siempre nos tratan como a una pareja de novios, cuando en realidad, hace ya unos cuantos años que firmamos unos documentos en una ceremonia de tres minutos ante un juez, de la que no recuerdo mucho, salvo que me leyeron un artículo de la Constitución que me obligaba a cuidar de mi suegra cuando la ocasión así lo requiriera. Obviamente, me comprometí en alta voz aLEER MÁS

Contemplo, atónita, a una ancianita japonesa de ciento dos años en pleno calentamiento antes de nadar sus cincuenta metros mariposa. Pese a ser la mejor noticia de todo el informativo, apago la tele y me levanto del sofá, no sin EMITIR UN EXTRAÑO RUIDO NACIDO DESDE LO MÁS PROFUNDO DEL ESTÓMAGO -como las sopranos-  liberado simultáneamente por boca y fosas nasales. Una resonancia de ecos primitivos, acompañada de un sutil carraspeo de garganta y de un resoplido estertoroso. Definitivamente, estoy más cerca de la muerte que la japonesa centenaria. Tiempo ha que no abandono la butaca ni me ato los cordones sin desprender cierto bufidoLEER MÁS

  Me asombra enormemente la capacidad de algunas personas para descalificar el trabajo de otros, sobre todo cuando no se anda demasiado versado en según qué temas. Es más, a mayor desconocimiento sobre equis asunto, mayor es el libreparloteo a la hora de desacreditar el esfuerzo ajeno. No tiraré de tópicos y no diré que la práctica de esta costumbre forma parte de la identidad cutre de este país, porque idiotas e ignorantes los hay en todos lados. No obstante, me centraré en los idiotas de aquí por dos motivos; uno, porque de los de fuera no dispongo información alguna, y dos, porque “agradecer esLEER MÁS

Últimamente no hago más que encontrarme con artículos y vídeos que me informan de los beneficios de levantarse muy temprano. Dado que para mí, lo único positivo de levantarse de cama es el alivio del dolor de ciática, en principio me negué a escuchar esos fundamentalismos que penalizan a todos aquellos que no son hiperactivos, megadeportistas y supercreativos las 24 horas del día. No obstante, la carne es débil, y no me pude resistir al gancho que me ofrecían estos señores madrugadores: una fotografía que mostraba los resultados de su estudio. A la izquierda, un hombre vestido con ropas extraídas de un contenedor que apenasLEER MÁS