Cuando te das cuenta de que estás enamorada

Cuando te das cuenta de que estás enamorada

No hay tema más universal que el amor. Ni más amplio, ni más complejo, ni más íntimo, ni más público. Además, todo los misterios que conlleva dan pie a un estudio desde el más filosófico al más ñoño, eso ya depende del estilo de cada uno. Yo optaré en esta ocasión por un aire más mundano, porque para mostrar todo mi vasto dominio sobre cualquier materia ya tengo el resto de días, como habrá podido comprobar la masa lectora gracias a los innumerables conocimientos aquí expuestos y desarrollados.

Es por ello que me basaré en datos empíricos y, en consencuencia, fiables; siempre que estos hayan sido contrastados a partir de una muestra verosímil y en absoluto exagerada de mi vida amorosa. Por lo tanto, indicaré de antemano que trataré de no tender a la exageración o idealización de ese bello y sugerente proceso que es el enamorarse.

Y dado que el tema es tan amplio como un infinito océano, solo me centraré en uno de los aspectos que, personalmente, me parece más interesante: ¿cómo narices se da cuenta uno o una que está hasta la médula? ¿Cuándo eres consciente de que ya no caminas por la calle, sino que flotas gracias al gozo del enamoramiento? Veamos entonces, sin más dilación, todas aquellas pistas que me hicieron ver que mi Costi era mi amorcito de verdad.

En primer lugar, estar separados unos días se convertía en un sufrimiento que solo Lord Byron podría reflejar en sus versos. Te despedías un domingo por la noche con las misma pasión con la que lo haría un guerrero medieval antes de partir camino a las Cruzadas. ¡Tres días sin verse! ¿Qué mundo cruel y hostil te esperaría durante esa larga agonía? No querías ni saberlo, así que después del adiós, te entraba un bajón raro y cursilón; aunque con seguridad de remontarlo la víspera de la nueva cita con el enamorado.

Por otra parte, te das cuenta de que esa persona te hacía la vida más fácil. Cuando estabas a su lado, todo era menos complicado, menos dramático, más chulo y relajado. ¿Melodrama pseudoinventado por quien ahora escribe? No hay problema, amigos y amigas. Con el Costi al lado y su pico de oro, su sentido común y su generosidad a tope, todo es más facil. Un gustazo.

Además, resulta que las cosas buenas con él cerquita eran mejores. Y todo lo malo, era mucho menos malo. ¿Magia? Noo, es el amor, queridas y queridos. Si algo es fantástico de por sí, resulta que si lo puedes compartir se convierte en cojonudo. Por lo que, al loro, que este hecho puede codificarse en una fórmula matemática que se me acaba de ocurrir, la cual, como todo lo relacionado con esta disciplina, lo más probable es que sea incorrecta o directamente inventada; pese a que nadie me sacará la ilusión de enunciarla: Fantástico por fantástico, igual a fantástico al cuadrado”. Pitágoras, ¿quién era ese?

Otra pista que nos ayuda a comprobar si estás hasta el tuétano es disfrutar (lo que posteriormente se convertirá en “soportar”) de sus monólogos sobre algún tema que te trae al pairo, pero que el milagro del amor lo convierte en una exposición interesantísima acerca de “La capa de aplicación de internet que incluye diversos protocolos, tales como el HTTP, SMTP y FTP”. Efectivamente, hoy en día desconecto y me hago un viaje astral de esos que tanto me gustan y vuelvo aterrizar a tiempo para decir que es interesantísimo. Pero cuando caes en manos de Cupido por primera vez, hasta la composición mineral del agua te parece un tema de diversión extrema.

Continuemos, pues, desmenuzando los entresijos del enamoramiento con una de las señales principales sobre el verdadero amor: le desvelas tus más bochornosos secretos, como que te encantan las revistas de cotilleo, que con lo de que te chiflaba Bukowski te referías a que en realidad, solo habías leído una obra; que lo de que tu pelo era así de bonito sin hacerle nada era una bola, y que cuando decías que te encantaba jugar con animales, la verdad es que te referías a:

– Perritos monos

– Gatitos monos

– Cualquier animal cachorrito que se pareciera a un peluche

Y, finalmente, la señal definitiva del amor es cortarte las uñas de los pies delante de él: AMOR PARA SIEMPRE, ETERNO Y VERDADERO. Porque si ya de por sí los pies son feos, imaginaos la estampa de estar cortándote los mejillones a su lado mientras las uñas salen diparadas por el aire a golpe de chak-chak-chak. Lo siento, pero me he emocionado con esta tierna y romántica imagen y las lágrimas me embargan.

De esta hermosa manera os emplazo para la siguiente aventura. Abrazos y mucho amor.

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