El Costillo se va de compras.

El Costillo se va de compras.

CostiAmigas, amigos;

Mi Costillo es un hombre con las ideas claras en cuanto a sus estilismos. Él sabe lo que le gusta, lo que le sienta bien, lo que le sienta regunlinchi y, sobre todo, maneja como nadie la gama de colores en la que va a moverse, esto es: gris perla, gris humo, gris antracita, gris carbón, gris marengo, gris piedra y gris zinc. Ojo, que es un hombre atrevido, y por ello se lanza también a la piscina con el azul marino, azul marino noche, azul marino pavo real, azul marino tormenta, azul marino índigo y el azul marino egeo. Por supuesto tampoco le disgusta el verde militar, verde caqui, verde grisáceo, verde depresión y verde amazonas después de ser deforestada por una compañía maderera de Donald Trump.

Aunque no seré yo quien mienta. Si mi Costi tiene un día de subidón puede que se atreva con algún granate bajo de ánimos, que es aquel granate con cara de hastío y aburrimiento por ser granate. Que lo mismo le apetecería ser rosa fucsia y le ha tocado ser granate apagado. Un rollo de vida, ¡pobre color! Lo comprendo totalmente. Y ahí es justo cuando aparece el Costi para realizar su obra de social de turno, pues ese tono feúco que se iba a quedar hasta el final de las rebajas arrinconado junto esa camiseta XXXXL va a ser rescatado de su existencia abocada al olvido.

Descartados, por lo tanto, los tonos tropicales, estampados de frutas caribeñas o dibujitos varios, véase bicis miniatura/trenes miniatura/vespas miniatura/helicópteros miniatura o cualquier otro medio de locomoción, los cuales asegura, no pintan nada en una camisa; que esas máquinas tienen que estar en una carretera o en el espacio aéreo, pero que a él no le da la gana de ponerse sobre su pechamen peludo nada que te lleve de un sitio a otro.

Y hablando de vellos en partes corporales, todavía no he entendido qué les ocurre a los tíos con el tema del pecho con felpudito; porque para una vez que el Costi encuentra una camisa de lino que le gusta y NO ES DE COLOR GRIS, resulta que se la prueba pero dice que le transparenta la pelambrera de macho cabrío. “Bueno, ¿y qué problema hay?”, le digo yo, “¡Pues que parezco Tom Selleck en la serie Magnum”; “Para nada”,-respondo-, “Magnum estaba cachas”.

Esta comparación es solo uno de los clásicos de mi Costillo cuando vamos de compras. Pruebe lo que se pruebe, siempre se va a comparar con alguien que ni te acordabas de que existía. Es lo que denomino su momento “PAREZCO”. Pongamos que se prueba una prenda. El patrón que sigue siempre es el mismo: “Joder, es que con esta camisa parezco“:

-el bajito de los Morancos.

-un señorito andalú que sale de su cortijo.

-Jaime peñafiel.

-uno que va a la calle Génova.

 

Y así hasta el infinito. No parará hasta que encuentre su modelito ideal en gris, azul marino o verde caqui. O ni aun así, ya que puede que haya sentido un flechazo esplendoroso con un polo que ha visto colgado de una percha. Sus pupilas se dilatan y su respiración se entrecorta, pues ha encontrado un subtono de gris que solo aprecia él (obvio) y que según sus palabras “Es muy distinto a los que tengo”. Pues bueno, en fin. Le digo que sí. Lo que hay que hacer por amor.

De camino hacia el probador sus expectativas son muy altas. Tiene en sus manos la que puede ser la prenda de su vida. Lástima que en menos de diez segundos entraremos en su fase “ME HACE”.  Bien se mire de frente, de lado o por detrás, siempre entonará un “Joder, es que este polo me hace“:

-los brazos más delgados.

-un bulto raro en la barriga. Y tú ya sabes que no tengo barriga, lo que pasa es que ayer los garbanzos de tu madre me dieron mogollón de gases.

-cuello de cura.

-postura de suricato.

 

Vamos, una desilusión que se ha llevado mi pobre Costi. Y eso que yo siempre estoy ahí para animarlo y ser su mejor azafata y ayudanta. Entro y salgo del probador unas tres mil veces para traerle el mismo polo en otra talla, la misma talla pero en otro color, otro polo que no sea ese polo, y así hasta hasta agotar todas las posibilidades y salir de allí sin haberse comprado nada. Ahora bien, no dejamos los descartes en el montón de ropa para doblar, sino que yo misma me encargo de memorizar en qué estante estaba cada cosa, la doblamos e intentamos dejarlo todo como estaba.

Adorables, lo sé; pese a que seguro que le habremos dejado al personal doble trabajo, porque ahora tendrán que  desdoblar y volver a doblar todo aquel simulacro de estante bien ordenado según nosotros vs. estante que da pena según los pobres trabajadores.

Finalizada la fallida jornada de compras, paramos en una terraza para relajarnos y dejar que el Costi se desahogue acerca de la moda de hoy en día. “Todo lo hacen para tíos cachitas”,- dice-. “Mañana puede que me compre unas pesas por Amazon para sacar bíceps y pectorales”. “Bueno, ¿pero te vas a tomar este pincho de tortilla o no?”, “Por supuesto”. ¡Ese es mi chico!

 

 

2 comentarios

  1. He leído esto y me declaro tu fan desde YA 😀

  2. Biennnn!👏👏👏👏👏
    Muchas gracias, Rosa! Bienvenida a esta comunidad de taradas y tarados 😁
    Espero que sigas disfrutando, porque todavía queda mucha guerra por dar! 😘 Abrazoo

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