Me encanta ser una paleta (II). Pueblerinos nivel pro

Me encanta ser una paleta (II). Pueblerinos nivel pro

Mala paleta en el hotelHa llegado el momento.

Aquí estamos con el siguiente tomo de los acontecimientos más palurdos de nuestra vida. Por supuesto, el hecho de hablar en plural indica que no estoy sola en dichos incidentes, sino que el Costillo será el compañero fiel de toda vergüenza. Es un alivio, quieras o no.

Pues así como os contaba en la anterior entrega, nuestros coches siempre han sido elementos clave en este tipo de situaciones. Como poseedores de flamantes cuatrolatas, es obvio que nunca vas a ser el más molón del pueblo. O sí, que ahora los hipsters los toman como bandera de autoafirmación de su esencia. Perdón, de su postureo.

En nuestro caso no era así, ya que nuestra relación de infinito amor hacia esos vehículos con doscientos mil kilómetros y la espuma del tapizado saliendo disparada, viene de lejos y sigue siendo inquebrantable.

Cierto es que un día nos dimos cuenta de que ya estaba bien, que los coches usados seguirían siendo nuestra elección, pero ya teníamos un estatus y un rango social. Ya bastaba de coches de ochocientos euros. Ahora éramos una pareja con cierta categoría, de modo que concluimos que era hora de subir un poco la gama de nuestro automóvil a …pufff…yo que sé….mil cuatrocientos euros.

¡Halaaaaa! Pero en qué nos habíamos convertido? ¿En unos nuevos burgueses? Mira, mejor ni pensarlo.

Con lo cual, nos plantamos en el punto de encuentro con el futuro vendedor en un lugar serio, profesional y apto para todo tipo de negocios: EL APARCAMIENTO GRATUITO DEL PUEBLO.

Ahí, ahí, que se vea que nos sobra distinción ante todo.

Acto seguido, nos dimos una vueltecilla para ver cómo iba la máquina; aunque con que los mandos de luces y el intermitente funcionen correctamente, ya poco más nos importa. De manera que llegó el momento de hacer cuentas. ¿En dónde? Ya lo he dicho: EN EL APARCAMIENTO DEL PUEBLO. Emplazamiento respetado, como os anunciaba, para contar billetes a plena luz del día. Lo normal, vamos.

El caso es que una vez comprobado el tema monetario, el tío nos suelta que preferiría quedarse con el dvd que había incrustado en el asiento posterior, y, así, nos rebajaría unos cientos de euros más.

SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ, respondimos al unísono.

Pero, esperaos, que yo me emocioné con este tema de las rebajas y a punto estuve de decirle: “¿Y si nos saca el freno de mano, en cuánto nos quedaría?”, “¿Y si se lleva los asientos, nos hace un descuento? Podemos conducir en una banqueta”. Finalmente calladita me quedé, aunque a día de hoy sigo pensando que sería un buen negocio.

Si es que lo de ser paleto tiene su intríngulis, como las arenas movedizas; te vas metiendo y luego a ver cómo sales.

Lo mismito nos ocurre con los hoteles, perfecto donante de sucesos palurdos. Os cuento por ejemplo que, en una ocasión, teníamos reservada una habitación con derecho a spa, aunque como a nosotros nunca nos salen las cosas modo habitual, sino que algo raro ocurre en el aire que nos envuelve; al llegar a recepción, nos comunicaron que solo disponíamos de domitorio, pero nada de chapotear en amorosas aguas. ¿Quéééééé? Aunque afortunadamente, y después de esperar media hora allí plantados, solucionaron el problema; sumándole además, reconfortantes palabras de perdón.

Perfecto, pues venga que nos metimos bajo los chorretes y piscinitas con sendos gorros de goma trepana-cerebros. Y ya cuando volvimos a la habitación….

TACHÁÁÁÁÁÁÁÁÁNNNNNNNNN

¡Una bandeja de fruta fresquita como disculpa por las molestias causadas! ¡Como en el hotel de Pretty Woman!

Y aquí viene el momento mega paleto: fue contemplar aquel racimo de uvas y nuestras voces afinaron a la par un: “OHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH”. Puede que divisáramoss alguna vez un unicornio blanco con su cola multicolor, pero parece que nunca hubiésemos visto una manzana y una naranja.

Por supuesto, bajamos al mostrador y se lo agradecimos como si fueran lingotes de oro. No era para menos, acostumbrados a hospedarnos en habitaciones adornadas con figuritas de arlequines de porcelana.

Por causa de ello, ahora cada vez que entramos en la habitación de un hotel con una filigrana de toalla en forma de cisne, no podemos evitar emocionarnos: estamos ante un aposento de máxima categoría.

Por otra parte, el universo de los restaurantes se dispone también como un entramado rico en episodios de este género. La de veces que, turisteando por ahí, hacemos un alto en algún sitio para avituallarnos, y de repente te plantan en la mesa unos piscolabis para picar y no sabes qué hacer con ellos. En tu pueblo conoces las reglas del sector hostelero a la perfección, pero cuando estás en terreno desconocido…..PROBLEMA. Comienza en ese instante la ronda de dudas:

Empiezo yo, por supuesto, que soy como un grano en el culo: “ ¿Y esto para qué es?”, “ Hija, ¡para comer!”, “¿Pero para comer gratis o para que te lo cobren a precio de sangre de dragón?”, “Coñe, ahora tengo dudas. Espera que lo busco en Google.”, “¿Y cómo se pregunta eso? ”, “Pues pongo: los pinchos en Villapuebla del Cogote, ¿son gratis o hay que pagarlos?”, “Bueno, pues a ver qué encuentras”, “Joer, me salen respuestas sobre pinchos en Castañuelas del Palangar pero no me sale en Villapuebla del Cogote”, “¿Pero entonces me lo como o no?”, “Espera que aquí dicen que……..”

….Y EN ESTO VIENE EL CAMARERO Y NOS SACA LA FUENTE DE LOS PINCHOS Y YA NOS PONE LA COMIDA.

Pues francamente, casi mejor. Nos sacó de un plumazo la duda de nuestra vida. Si bien pusimos cara de ser los Marqueses de Guijuela, el pueblerismo lo llevaremos bien anclado en nuestro pecho hasta el fin de nuestros días.

Como tiene que ser.

4 comentarios

  1. Bravo de nuevo👏👏! Me parto con el tema bodas, viajes y coches de esta y la entrega anterior. Yo creo que hay algunos que van hasta sólo con tres ruedas. Tenías q hacer un estudio sobre eso jeje y en cuanto al detallito hotelero, a quién no le ilusionan aunq sean unos plátanos q en dos días ya se ponen pochos? Ni con caviar del bueno se pone uno tan contento😂😂 . Besitoss

  2. Author

    Y ya no te digo nada si en el hotel te ponen una cafetera o un hervidor de agua. Es el éxtasis turístico!😂😂

    Gracias y gracias por leer a Mala. Ella y yo contamos contigo para las próximas aventuras!

    Abrazooo😘😘😘

  3. Me encantan tus historias😉 me siento menos sola en el “mundo del glamour”😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂

    1. Author

      JAJAJAJA

      Fenomenal, Almu! 🙂
      Esto es un hermanamiento global ante las adversidades “deluxe” de la vida, que son unas cuantas.Pero lo que más me gusta es que te lo pases tan bien con Mala de los Nervios.

      Un abrazoooo.

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