No tengo ganas de ñaca-ñaca

No tengo ganas de ñaca-ñaca

Kit para follar de Mala de los NerviosVaya por delante que en casa tengo lo que se llama un MAROMAZO: alto, guapo, estiloso, culto, ingenioso, graciosísimo…y un etcétera de cualidades solo propias de él o de alguna deidad de la Grecia Antigua.

El problema es que mi Costillo tiene, digamos, un pequeño defecto. Pero vaya, una cosilla así, sin importancia, que tampoco nos vamos a cebar ahora con el muchacho; y es que resulta que de vez en cuando, tiene ganas de ñaca-ñaca. Sí, hombre; que ya sabéis por dónde voy; de ñaca-ñaca, de kiki, de revolcón, de vicio y fornicio, de polvete. Resumiendo: de darle un homenaje al cuerpo.

Ya veis, mi maromo no es perfecto del todo. ¡Qué pasa!

Y yo…pufff…no sé…como que no me apetece. Pienso: “ostras, qué pereza, ¿no?” Con lo bien que estaba aquí yo en el sofá haciendo el autodefinido que no me sale ni a la de tres, y me hago trampas a mí misma yendo al solucionario, pero cuando llegas allí, no recuerdas si tu autodefinido era el número 52 o el 53; con lo que tienes que volver a la página en la que estabas y cerciorarte de que, efectivamente, era el 53; y nada, que descubres la palabrita que buscabas, y ya de paso ves la de al lado. Y así te vas metiendo tú solita en tu mundo autodefinidístico, en el que estás tan a gusto y no necesitas nada más.

Y mucho menos echar un lerele con el Costillo. Pero es que vamos a ver, ¿vosotros pensáis que un ejemplar como yo tiene ganas de zumba-zumba? ¡Si tengo la cabeza llena de rollazos, de líos, de ideas que se entrecruzan o de ideas que van por libre; de culpas y más culpas, de complejos ultrasecretos  y, sobretodo, de megadramones!

A ver quién es la persona que se pone cachondona ante este panorama. Yo no, desde luego.

Pero el Costillo tiene momentos tontorrones de esos en los que pienso: “uy…me da que este quiere ponerse a ello. Joerrrr, ¡¡¡y no tengo ganas!!!”. Entonces es el momento de desplegar toda mi artillería pesada para estos momentos de alerta Def con uno.

Lo sé, podría decir sencillamente: “mira, cari; es que estoy haciendo el autodefinido y estoy atascada en esta que pone ‘ave migratoria del sureste de Kenia’, y si no encuentro la solución, no me quedo tranquila”. Pudiese ser que el Costillo dijese: “ahh…valee. Claro, claro, cariño; primero termina eso; y si no lo acabas hoy, pues tienes toda la semana para terminarlo. Tú no te preocupes, pichoncito mío”.

Aunque obviamente, tampoco quiero quedar como una amargada o una monja. Así que en vez de ponerle la excusita del crucigrama, barajo dos opciones dependiendo de mi humor:

  • Decirle que no me apetece nada, así en plan romanticón (¡las buenas maneras siempre por delante!)
  • Acceder al asuntillo, ahora bien, con la misma pasión desbordante que un paramecio.

Menos mal que tal y como os comentaba, si hay algo que le sobra a mi pichurrín es sentido del humor. Porque ahí me veo yo, creyendo que lo estoy bordando en cuanto a mis dotes interpretativas, pensando que mi papel de amante apasionada está cuajando de verdad; cuando de repente me suelta: “uffff…¡¡para!!, ¡¡para!! ¡Me vas a matar con esa fogosidad apabullante! Las pupilas de tus ojos destilan tal erotismo que no creo que lo pueda soportar!”

Así que aprovechando la situación cómica, ya nos pasamos a otro tema, y a lo tonto a lo tonto, ahí nos veis en bragas y en calzoncillos, buscando en Google cuál puede ser el ave migratoria de Kenia.

Realmente pienso que nos salen escenas de peli de Berlanga sin quererlo. O de Almodóvar, siempre que le sumes un seminarista enamorado de un joven capellán que no le corresponde, ya que este lo está de una novicia la cual antes era cabaretera.

Para ser honestos, las cosas del copular, del yacer (que queda muy fino esto último); son fundamentales para cualquiera. Pero también hay épocas en que estás divinamente sin él. El tema es que si estás en parejita, la cosa no depende solo de ti, sino que hay otro individuo que necesita de tu cuerpo serrano y de tu ardiente y desenfrenado fuego. Y este es el problema de Mala de los Nervios, que entre el Autodefinidos Orion (yo no me los compro en los chinos, ¿eh?) y las pastillitas que se toma para ir esquivando la ciclogénesis de su cerebro, le apetece más estar en pijama de franela, la bolsita de agua caliente y una tacita de Colacao. De tal manera que lanzo un mensaje de apoyo a todos aquellos que no tengan ganas de menéito y normalicemos juntos la problemática.

De hecho, recuerdo una actuación de un cómico que contaba que últimamente no había polvetes en su matrimonio. Y la culpa de todo la tenía… ¡la ducha! La cosa era que se ponía todo meloso y la otra le respondía:“ahora no, chiqui, que me acabo de duchar”. Así que al día siguiente procedía de la misma manera, y la respuesta era: “ahora no, chiqui, que estoy sin duchar”.

A mí me ocurre lo mismo, pero con mi pastillita: “jo…es que no me tomé la pastillita y ando nerviosita” o: “jo…es que me acabo de tomar la pastillita y estoy toda tranquilita”.

¡Pero al loro, comunidad!, que son etapillas. Esto, en menos de nada…¡hala…alegría!

¡Curiosidad tengo de saber que pasa por vuestro lares!

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