¿Por qué los tíos no hablan cuando ven una peli?

¿Por qué los tíos no hablan cuando ven una peli?

 

Incomprensiblemente, los hombres ven las películas en silencio.

Si bien gracias a mi olfato analítico de sabueso policial y a mis vastos conocimientos sobre el universo masculino, desentramaremos los motivos de este extraño comportamiento que afecta a todos los varones del firmamento.

Reconozco, aun así, el mérito de ver una película de principio a fin sin decir ni mu, pues dicha virtud solo está al alcance de aquellas mentes predestinadas a la enajenación más absoluta. Esta abstracción con respecto al medio es la que hace que caigan rendidos veinte segundos después de meterse en cama, o de seguir el argumento de una peli aunque les estalle una granada a dos metros. Es por ello que los idolatro y me intrigan a partes iguales.

Como resultado de mi curiosidad, expondré un simple y didáctico tratado con las precisiones pertinentes para entender esta inconcebible praxis.

Antes de nada, debemos partir de dos premisas generales:

Por una parte, los tíos son capaces de seguir todos los nombres, apellidos, y datos sobre el turbio pasado de un personaje sin consultar Google con el móvil por debajo de la manta. Saben quién es quién, averiguan de dónde ha salido fulano, conocen de quién es la maleta con el dinero e intuyen quién va a meter a quién un puñal por la espalda. Ojo, no es fácil.

Por otra, los tíos mantienen su rostro sereno ante escenas en las que yo, por contra, aplaudo, golpeo el apoyabrazos del sofá, doy cachetazos en el muslo de quien esté a mi lado y emito indefinidamente interjecciones y onomatopeyas. Sin embargo, ellos permanecen con el semblante intacto en el momento en que la pequeña Meredith da sus primeros pasos después del terrible accidente montando a caballo. Se quedan como si nada, como si estuvieran viendo la Santa Misa televisada.

Ahora bien, tras un análisis más detallado, he llegado a la conclusión de que ellos no necesitan comentar las escenas por causa de varios factores:

Lo que ven no les permite pestañear, mucho menos, hablar: Películas de Christopher Nolan en las que hoy no es hoy sino ayer, pero es un ayer adelantado, o sea, que es un futuro; pero un futuro pasado, que no es lo mismo que un futuro-futuro, porque si fuese un futuro normal sería un sueño de nivel tres dentro del cuarto nivel del sueño de ayer, que no es ayer, sino hoy.

Pues facilísimo. No sé qué opináis.

Evidentemente, con este panorama, mejor tomar apuntes sobre la película, que comentar algo sobre ella.

Nunca se levantan para ir al baño: Yo, persona de vejiga facilona, cada quince minutos voy a hacer pis, lo que no facilita en absoluto el buen entendimiento de la película: “Dale al pause” -le pido. “¿Otra vez?” -me recrimina. “¿Qué quieres qué le haga si me he tomado una infusión y un trozo de sandía?”.

Cuando vuelvo, mi Costi le da al play pero ya la hemos liado porque no recuerdo qué había pasado con la banda de albano-kosovares, por lo que tiene que pulsar de nuevo el botón de pause y ponerme en antecedentes. Es mi Google particular. Cada vez que me despisto, ahí está para aclararme cualquier duda.

Él, por el contrario, se levanta solo una vez durante la trilogía de El Padrino vista de un tirón. Un total de once horas y media de metraje y un solo pis como promedio, supone una gran ayuda en términos de comprensión y entendimiento argumental.

– Durante las escenas de sexo mantienen la misma seriedad que si estuvieran escuchando el veredicto de un jurado: Una ráfaga de planos absurdos repletos de clichés no conseguirá que se alejen de su estado de concentración. Actúan como si ya estuvieran hartos de practicar o contemplar -más bien lo segundo- estas secuencias y ponen cara fingidísima naturalidad.

Yo, en cambio, me convierto en actriz de doblaje. Dado el bochorno que paso en estas ocasiones, me pongo a hacer soniditos de carácter sensual pero con finalidad cómica, aunque esto último solo me lo parece a mí.“¡Ya está la otra!” -me suelta el Costi. “¡Queremos desnudo frontal! -exijo yo-. Buah, creo que me voy a tener que conformar solo con el culo. ¡Y seguro que es de un doble!”.

“Ya te aseguro yo que ese culo es de un doble” -dice el Costillo. “¿Y por qué Hugh Jackman no va a tener ese culo, eh? Pues de la Bellucci siempre dices que es todo natural!” -le respondo.

Y ahí es cuando nos ponemos a discutir por culpa de culos ajenos y ya desconectamos definitivamente de la película.

– Poseen una facilidad pasmosa para concentrarse en general: Los tíos pueden engancharse a una película aunque comiencen a verla cuando ya ha transcurrido una hora y cuarto, pueden seguir una serie aunque se hayan perdido capítulos alternos y pueden ver un documental sobre el peligro de la extinción de especies mientras conversan con su madre por teléfono.

Después le explico que un pijama de color rosa se puede poner en una colada blanca, pero no hay manera de que lo entienda. Eso es porque Christopher Nolan no ha tenido bemoles de hacer una película sobre la colada blanca y la de color.

¿Qué pasa, Nolan? ¿No hay huevos, eh?

Si tienen dudas, no preguntan: Por fin hemos llegado al núcleo de la cuestión. El género humano siempre tiene dudas, y si no es así, debería empezar a cuestionarse las cosas. No lo he inventado yo, sino Descartes. Es por eso que el género masculino, cada vez que se encuentra ante una incertidumbre mientras ve la tele, responde de la siguiente manera: SE LO CALLA.

De la misma manera que cuando se pierden en medio de una ciudad que desconocen, prefieren dar mil vueltas con el coche y pasar novecientas veces por la misma estatua, con tal de no preguntar a ningún paisano. El resultado será un embrague quemado, con lo que si eso no es amor por el silencio, ya me diréis.

Y hasta aquí.

El valor de mis estudios es incalculable, así que nada más que añadir.

Hasta la próxima.

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