Tú a Boston y yo a California

Tú a Boston y yo a California

Boston defLo que yo quiero a mi Costi no está escrito. Lo adoro hasta la última constelación estudiada por el ser humano, y si no se ha encontrado alguna que esté a su altura, la descubro yo misma aquí y ahora para él; ya que mi Costi es un hombre que, mínimo, se merece una galaxia a su nombre. Él ha nacido para eso y mucho más. Injusto sería bautizar a un satélite con sus iniciales, porque los satélites son un coñazo que lo único que hacen es dar vueltas alrededor de otros chismes, y mi Costillo ha venido aquí para brillar como un astro, por eso hace tan buena pareja conmigo.

Mi Costi es el compañero ideal para la vida. No solo te dice que eres la más hermosa de entre todas las criaturas del planeta, sino que además es una persona que se orienta mejor que una brújula, y eso a mí me viene de cine, ya que nunca me acuerdo en dónde he dejado aparcado el coche. Menos mal que con su voz calma y su paciencia de santo, siempre me da la solución para todo; y nuestro tiempo juntos es siempre de una tranquilidad celestial:

-¿Otra vez has olvidado la calle del aparcamiento?

-¿Ya estás con lo de que conduzco fatal? Yo es que soy más de transporte público.

-¡Un peligro público, más bien!

-¿Perdonaaa?

-¡Ya me dirás, cari! Si cuando estás al volante, en vez de ver a la carretera te pones a hacer la coreografía del Single Ladies, mientras te retocas el pintalabios y te quedas mirando el cartel de Leonardo Dicaprio!

-Uy, ¡perdone por no ser tan perfecta como usted! ¿Querías discusión? ¡Pues toma discusión!

Y ya me pongo de morros, claro.

Es por ello que por mucho que quieras a tu pichurrín, un ratito para uno mismo viene fantástico. Y quien lo niegue, miente impunemente. Que se lo digan al Costi, sin ir más lejos, porque no hace falta ser una renombrada pitonisa para averiguar cuándo le apetece estar a solas; como por ejemplo ese momento en el que está tirado en el sofá, tablet en mano, enfrascado en una de sus habituales búsquedas por internet de lo que sea que indaga ese hombre. Ya puede irrumpir en casa un miembro de la Yakuza, que a él le da igual:

[Abro la puerta con las llaves y entro]:

-¡Hola amor!

-Ññññmmhola.

-¿Sabes? Esta mañana me he operado las tetas.

-Eh…Perdona, ¿qué decías?

-Que esta mañana me he operado las tetas.

-Ajá. Las tetas, muy bien. (Sigue tecleando como un poseso).

-Y me han puesto una copa 120.

-Eh…Perdona, ¿qué decías?

-Que me han puesto una copa 120.

-Ajá. Copa 120, muy bien. (Sigue tecleando como un poseso).

Y ya le puedo decir que nos ha tocado el Euromillón que la conversación seguiría un crecimiento exponencial hacia la nada más absoluta. Lo cual quiere decir que está inmerso en su parcelita personal de entretenimiento con uno mismo.

Al igual que cuando está solo leyendo su querido National geographic, o viendo una de sus series de futuros apocalípticos/criaturas infernales/bichos asquerosos/argumentos que no entiende ni su puñetera madre; las cuales ha decidido ver única y exclusivamente si se encuentra a solas; de lo contrario yo lo atosigo a preguntas porque no me entero de nada, y no hace más que darle al pause del mando a distancia, que incluso está borrado ya el simbolito de la tecla de tanto utilizarlo.

Por otra parte, cuando el Costi se va un par de días fuera por cuestiones de trabajo, lo veo fascinado con su faceta de adolescente en su cueva-dormitorio. Por las noches llega al hotel encantado de la vida, oigan. ¿Que se pone encima de la cama con el móvil en una mano, el ordenador en la otra, un documental de astrofísica en la tele y otro sobre el mar de plástico en la tablet, junto con un Colacao fresquito encima de la mesita? Pues sí, porque él lo vale. Y con todas las luces encendidas; la de la habitación, la de las dos lamparitas, la del baño y la del espejo.

::::::::::::::::::Y luego me dice que nos estamos cargando el planeta:::::::::::::::::::::::::

Sin olvidarnos de que puede que vaya al váter al mismo tiempo que se come una galletita de esas del café que le ha quedado en el bolsillo de la chaqueta. Y sin que yo le aporree la puerta del aseo. ¡Si es que es para estar en la gloria!

Además, se ve que no solo se lo pasa en grande en el hotel, sino que cuando le mando un mensajito de superamor por la noche, suele ocurrir que:

-¡Carichú!! ¿Qué tal el día?

[Espero una media de dos horas y cuarto para que me conteste]:

-¡Hola carii! ¡Perdona, es que estoy con unas compis tomándome una cerve!

-¡Genial! ¿Y qué tiempo hace por ahí?

[Qué más da, porque cuando se lo pregunto puede que haya sol y cuando me responda puede que ya estemos en otra estación. Así que una horas y tres cuartos más tarde…]:

¡Perdona, cari! Es que nos hemos cambiado de garito y ahora estamos de tapas. ¡Qué ambientazo!

-¿Me echas de menosssss?

[Vuelvo a esperar dos horas y media]:

-Síííí. ¡Mogollón! Te dejo que vamos a tomar un café a una terraza de mucho postureo. Besooo.

 

Conciso y cristalino. Aunque en esas ocasiones no me hace falta más palabrerío. Me sobra con saber que la persona a la que quiero es feliz.

 

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