¡Vuelve el Costillo y su sabelotodismo! (o cómo un esguince casi nos cuesta el divorcio)

¡Vuelve el Costillo y su sabelotodismo! (o cómo un esguince casi nos cuesta el divorcio)

Hace unas semanas, mi Costillo, ese ser de impresionante coordinación corporal, sufrió un resbalón en las escaleras y se hizo un esguince. Me extraña, pues se trata de un caballero cuyos armónicos gestos recorren todas sus extremidades, cual cisne en un lago encantado. De hecho, es tan imponente su caminar, que cuenta la leyenda que las bellas damiselas del reino salen al balcón para dejarse cortejar por semejante galán de movimientos acompasados y de refinadas danzas.

No en vano, la que escribe ha padecido algún que otro traspiés por obra y gracia de este gallardo y gentil hombre, que, en aras de interpretar a Apolo, dios griego del amor, no se le ocurre otra cosa en plena orilla del lago de Sanabria, que hacerse el romántico y decirme: “Salta de esa roca que te sujeto yo, mi vida”. “Mi amor, mi tesoro, no es mi intención menospreciar tu afán romántico, pero me parece que nos vamos a escoñar los dos”, le digo. “¿Acaso no te fías de esta alma enamorada, princesa?”. “Pues vamos a ver…no mucho. Pero desde el cariño te lo digo, mi flor de alhelí”, insisto. “¡Lánzate hacia a mí, querida mía!”.

JODER, QUÉ PESADO.

Y me lanzo.

Y NOS DESCOGORCIAMOS PERO FINO FINO.

Lo de alzarme con un brazo a lo Dirty Dancing está claro que no es lo suyo, y para bailar la lambada me buscaré a otro, no hay problema. Lo que sí me preocupa es que se vuelva a hacer otro esguince, porque entonces ya me divorcio, y le digo al juez que me quedo con la colección de discos y con la custodia compartida del gato.

Pero remitámonos a los hechos. Efectivamente, el médico diagnosticó un esguince que, si bien no era grave, lo obligaría a permanecer en reposo total unos cuantos días. Tras hacer alguna que otra llamada telefónica, mi Costi me dice que esos días trabajaría desde casa. Y ya desde ese momento…ME PONGO NERVIOSITA. Enseguida averiguaréis el porqué.

Aunque veamos a continuación la cronología de este periplo:

– FASE 1: “Pues nada. Cosas que pasan y ya está”. Esta es la máxima de mi Costi. ¿Que se me quedan 200 euros olvidados en la ranura del cajero porque soy un desastre? “Nada, cari. Cosas que pasan y ya está”. ¿Que le tienen que poner un pulmón de acero? “Nada, cari. Cosas que pasan y ya está”. Si de algo puede presumir es de su talante positivo y estoico.

Así que por las mañanas, después de la ducha (previa envoltura de su pierna con una bolsa del Carrefour y pegársela con cinta aislante), y del cafecito con tostada, empezaba su jornada laboral.

Con más aparatos que en Cabo Cañaveral, el Costi se ponía su diadema con micrófono a lo Britney Spears y, entonando una voz a lo Luis del Olmo, hablaba con una serie de gente con tono de macarra de salón de futbolines: “Hey…¿qué pasa, tío? Oye, jajaja [risitas fingidas], una cosa, jajaja [risitas fingidas], buah, macho, ¡ya te digo! [voz de chulito], jajajaja [risitas fingidas].

UN MOMENTO, POR FAVOR. ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi Costi? En fin, que luego en la comida le saco el tema y él me dice que yo también hablo en plan pija cuando me encuentro con alguien. [Me imita]:

“Ayy, Maicaaa, pero qué guapa, tíaaa, o seaaa, pero te veo superdivinaaa”.

Lo cierto es que me reconocí perfectamente, aunque no lo quise admitir, así que le dije que ni de coña, y él, que sí y yo, que no; y los días iban pasando y yo con la bromita, y él, de mal humor por el esguince, y yo de mal humor porque sí. Lo normal.

El asunto es que mi Costi evolucionaba hacia:

– FASE 2: Comienza su etapa trascendental. Entre lisiado y aburrido, el Costi empezó a plantearse cuestiones que, para nuestras simples vidas, rozan lo metafísico: “No sé, igual deberíamos adoptar un cerdito vietnamita. Porque imagínate que un día echamos la vista atrás y decimos: pues la verdad es que deberíamos haber adoptado un cerdo vietnamita”. Madre mía, casi lo prefería cuando hablaba a lo Luis del Olmo. “Tú deja al cerdito en Vietnam, y vuelve a tu micrófono de Britney”, le respondo. ¿Pero qué le había dado a este con el Vietnam? Yo solo pensaba en una cosa: ¡auxiliooooooo!

Pero todavía quedaba lo peor,

– FASE 3: ¡Tiquismiquis power! De filososófico pasamos a mosca cojonera. Ya me diréis qué se responde cuando te preguntan si has sido tú la que has dejado unas migas en el teclado del ordenador, teniendo en cuenta que somos dos y él no ha sido. Así que, dado que me iba como el culo contestando con sinceridad, opté por la palabra mágica “no-sí-tal-vez-lo-que-tú-digas-cari”. Sería mala suerte que con alguna de estas sílabas no acertase. Y de este modo respondía a sus preguntas de vital importancia tales como: “¿Quién ha dejado esta montaña de medicamentos encima del microondas?”, “Has puesto tú el CD de Radiohead al lado del de The Doors?”, “¿Eres tú la que nunca cierra el bote de Colacao?”.

¡No, Costi, es que hay un cementerio indio como en Poltergeist debajo de nuestro piso, y un espíritu hace todas esas fechorías de inhumana crueldad! ¡Pues claro que he sido yo! ¡Solo una mente pérfida como la mía puede dejar destapado el Colacao!

“¡A ver si yo no tengo derecho de vez en cuando a estar de mal humor! ¡Yo soporto siempre todos tus cabreos!”, me suelta.

Qué jodío, me ha dejado sin respuesta.

Espero que me sirva un “no-sí-tal-vez-lo-que-tú-digas-cari”.

 

4 comentarios

  1. Me parto contigo, eres única, me encantas

    1. Author

      Soniii!
      Gracias, pichón😍. Hija, yo pretendo contar mi vida en plan realista, pero al final parece todo un carnaval😂😂.
      No sé si es bueno o malo! Jajajajaja😂
      Besoo😘

  2. Por fin consigo mis dos segundos de gloria! Gracias Mala por hacerme pasar mi falsa divinidad a la posteridad jijijiji

    1. Author

      Hola, querida Maica.😁
      No sé si serás consciente de que tu cameo pasará a los anales de la literatura en letras hispánicas. En caso de ser así, me deberás el 15 % de tus ingresos, como todo mánager que se precie.

      Atentamente,
      Mala.

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