Elementos deserotizantes

Elementos deserotizantes

Puerta de CupidoCuando le echas el ojo a alguien tiendes a elevar a la categoría de lo extraordinario todo lo que dice y hace. Ni te planteas si tiene defectos. ¡Cómo los va a tener! ¡Es una criatura celestial!

De repente, te ves poniéndole un marco de oro a todo lo que te cuenta. Así, si te dice que tiene un perro al que adora que se llama Bobby, lo conviertes mentalmente en el hombre de tu vida. Da igual si ha defraudado a hacienda o si ha robado el Códice Calixtino. Ama a su perro y veía la serie Doctor en Alaska; datos suficientes para concluir que es la persona más bella con la que jamás te has topado.

Puede que cambies de opinión en tres semanas, bajándolo del pedestal en el que lo habías colocado por causa de la presencia de un componente alterador: EL ELEMENTO DESEROTIZANTE.

Este elemento tiene la capacidad de neutralizar aquellas virtudes del otro que tú habías considerado únicas y superespeciales. Gracias a su poder antiestético e irritante, borra en un santiamén tu visión romántica e idealizada. Con su doble acción, el elemento deserotizador conseguirá que el susodicho te parezca el antimorbo y te ponga de los nervios de una sola vez.

Sin más dilaciones, mostremos mis principales factores enemigos del dios Eros:

-No entiende la ironía: esto es, expresar lo contrario de lo que se quiere decir con una finalidad humorística o burlona. No comprende que si quieres dar a entender una idea, sostengas justo lo opuesto. Claro, surgen desencuentros cada por tres.

Pongamos que estáis de compras y ves una camisa propia de una de las Grecas. Como él es un poco-bastante-tirandoamuy muermo, decides montarte la fiesta tú sola. Coges la camisa y sueltas: “¡¡Ay….justo lo que estaba buscando para la Comunión de tu sobrina!! Muy sobria y elegante para un evento así, ¿verdad?”. “Mujer, no sé, -contesta-, yo no diría que eso es sobrio. Es bastante llamativo, ¿no?”. “Uy, ¡pero qué dices!, -yo a lo mío-, ¡anda que no es una pieza refinada, discreta y estilosa!”, “Haz lo que quieras, pero la verdad es que es horrible”, sentencia.

Y yo también sentencio. Dedicarle un tiempo que supere los tres minutos ha sido tu actividad humanitaria de aquí a una década.

Conjugación dudosa del verbo “haber”: El subjuntivo de este verbo no está hecho para él. Cada vez que pronuncia un “HAIGA” se te hace una bola de pelos en la garganta y, aunque te mueres por corregirlo, decides dejarlo a solas con su verbo fetiche. Encima, no atisbo en el horizonte señal alguna de que se cuestione la incorreción de tal palabra, por lo que a medida que aumenta exponencialmente su presencia en la conversación, mi devoción  decrece de la misma manera.

-Remangarse el bañador: Intuyes que es un chulito, pero aun así decides acompañarlo a la playa. Te tomas tu típico baño refrescante, mientras que él opta por su baño promocionador. De él mismo, indiscutiblemente. Cual mecenas de su cuerpo, se otorga la posibilidad de deslumbrar, ya que otros, según él, no pueden. Al llegar a la toalla, no se sienta; se planta de pie, con las piernas bien abiertas, mientras va enroscando hacia arriba los bajos de su bañador hasta formar una pieza de lencería hortera como ella sola. Si adereza esta postura con los brazos en jarras, dile que vas a buscar un helado, aunque en realidad vas a hacer como aquel que fue a por tabaco: no volverás en tu santa vida.

-Expediente X entre botón y botón: Por lo visto, el muchacho es seguidor de la moda y va siempre de punta en blanco. Qué mal rollo. No sabes qué pensará cuando le digas que llevas debajo una camiseta de felpa por eso de que no te coja el frío en los riñones, que ya sabes que luego te dan cólicos. Vas mona pero a tu estilo, sin mucha parafernalia. Lástima que él se presente con una camisa y un misterio por resolver: lleva tres tallas menos de la suya y se le abre la camisa entre botón y botón, formando un agujero raro de nosequé queseyó que te quedas sin palabras. Útil para guardar las llaves o airear el pechamen, que nunca viene mal. Vete comprando el antigripal que en menos de nada, resfriado al canto con tanta ventilación.

-Patilla de dibujo lineal: Dice que odiaba esa asignatura en el instituto. Nunca comprendió (ni yo) cómo era eso de dibujar una línea paralela a otra siguiendo unos pasos, si en realidad las hacías a ojo y el profe te ponía “Buen trabajo” igualmente. Es por eso que sabe hacer maravillas a mano alzada, como por ejemplo su patilla del ancho de un milímetro. En cuanto se gira la cara, ¡zas!, elemento deserotizante en menos de un segundo. Te pones las gafas para verlo bien, porque a cierta distancia te parecía que era una fila de hormiguillas. Resulta que no, pero casi que lo hubieras preferido.

– El Planeador: o sea, que dice “en plan” todo el rato. El estilo indirecto no es lo suyo, ni tampoco cuenta con una fuente muy variada de vocabulario. De todas formas, ha sido listo y nadie le va a quitar su derecho a comunicarse. Para ello toma del acervo coloquial esta expresión polivalente. Sirve para absolutamente todo: “Entonces mi jefe se puso en plan pufff, brrrr, pafff” (traducido: su jefe no estaba de humor), “Aunque me contestó en plan, o sea, en plan…yo que sé…pim pam, en plan guay, ¿sabes?” (traducido: me habló amablemente).

Sobra decir que si el planeador planea mucho todos los días; y venga en plan y en plan, y yo planeo, tú planeas él planea….acaba hastiándote en cinco minutos. Adiós muy buenas. Sí, sí; ya nos veremos si eso.

En definitiva, y en líneas muy generales, estas son algunas de las características deserotizantes que anulan mi ferviente deseo. Bien es cierto que me acabo de leer y parezco un poco superficial. No lo contradiré.

Aunque yo no diría “superficial” exactamente, sino más bien en plan…eso….en plan…ya sabes.

TODO DICHO.

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