Estudio científico sobre los tíos: el IOCT

Estudio científico sobre los tíos: el IOCT

Estudio científicoLa coordinadora del Instituto Observacional del Comportamiento de los Tíos (IOCT), la prestigiosa experta Mala de los Nervios, publica esta semana la conclusión final de su estudio. Siguiendo el clásico modelo cartesiano, la investigadora ha desarrollado durante tres años este proyecto denominado Los tíos: para qué dicen que les gustan las tías sencillas y naturales si no se lo creen ni ellos.

Este trabajo, iniciado a partir de una anécdota personal de la propia De los Nervios, nos presenta a través de su cinco etapas (evidencia, análisis, síntesis, comprobación y conclusión) la ausencia de relación entre teoría y práctica, en cuanto a lo que la muestra del estudio (varones entre año y medio y 99 años) afirma a priori y lo que sucede a posteriori. En esta ocasión, se focaliza en la visión de este sector de la población sobre el aspecto de las mujeres.

Conversando con la doctora, autora asimismo de la tesis Hombres: ¿Por qué coño os los calláis todo y no nos contáis lo que os pasa? , nos confiesa que la idea de este nuevo trabajo nació a partir de un suceso curioso vivido en primerísima persona.

Gesticulante y con voz aguda, Mala de los Nervios nos cuenta que una tarde acudió a unos grandes almacenes con el objetivo de adquirir un producto de cosmética. Entre aspavientos de brazos y golpeteo de las palmas de sus manos sobre los reposabrazos del asiento, pone énfasis en la contextualización de aquella tarde: “Antes de salir de casa, me puse un poco de rímel, me atusé el pelo con un simple movimiento y salí de casa. Siendo franca, es todo lo que necesito para resultar infinitamente atractiva, como usted puede comprobar “.

De los Nervios, escenifica cada una de las acciones que llevó a cabo ese día y narra cómo fue aquel paseo hacia los grandes almacenes: “Me encanta ir a pie a todos los sitios. Soy muy observadora y disfruto de la gente entrecruzándose. Además, caminar me permite contemplar la armonía de mis rasgos en cada escaparate, lo que resulta muy agradable”. Tras la pregunta sobre si en ese trayecto de ida observó algo diferente de lo habitual, responde: “En absoluto, la cantidad de gente en las calles era la usual a aquellas horas y en cuanto a mí, no recuerdo contemplar nada extraordinario más allá de la chispeante luz de mi rostro reflejado en los cristales”.

La doctora nos insiste que todo cursaba con total normalidad. Nos cuenta que al llegar a su destino, se entretuvo como siempre curioseando y toqueteando cosas pero intentando que el personal no se percatara de su presencia, pues confiesa que lo pasa mal cuando le ofrecen o promocionan algún artículo que no va a comprar: “No sé decir `No, gracias´, paso mal rato”, sostiene.

A continuación, según sus propias palabras, se acercó al puesto pertinente para comprar el producto que necesitaba, aunque justo después de efectuar el pago, una de las dependientas le pide permiso para maquillarla: “No me gusta acceder a este tipo de peticiones dado el poco hábito que tienen de acicalar facciones como las mías, visiblemente agraciadas y bien proporcionadas”, asegura.

Mediante gestos que imitaban el trabajo de las maquilladoras, Mala de los Nervios admite que fue una experiencia abolutamente relajante y que el resultado, si bien no le disgustaba, era más recargado de lo que ella acostumbra a llevar. Es, entonces, a partir de este momento en el que los mohínes de su cara se tornan en gestos de sorpresa, ya que reconoce que a la salida, comprobó el estado real de su rostro en un espejo de mano. Definitivamente se trataba de algo más perceptible de lo que pensaba.

Poseedora de un lenguaje coloquial de lo más variado y con tono hiperbólico, la doctora De los Nervios nos manifestó su malestar a través de las siguientes palabras: “Iba más estucada que el alicatado de mi cuarto de baño. Así que rezando para no encontrarme a alguien conocido, a la vez que le pedía a todos los dioses del cielo que durante esa media hora de trayecto se produjese un apocalipsis exterminador de seres vivos, me puse a caminar a velocidad de desfile de soldados norcoreanos. Creo que batí todos los récords, incluyendo el del halcón peregrino”.

Ese recorrido fue el detonante que le provocó inclinarse definitivamente hacia el campo de estudio que actualmente presenta, pues en Los tíos: para qué dicen que les gustan las tías sencillas y naturales si no se lo creen ni ellos descubrió, según sus propias palabras que “Solo faltó que el bulldog con el que me crucé me pidiese matrimonio, ¡porque así se comportaban los viandantes masculinos al pasar por mí! Qué cosa más inexplicable. ¡Pero si se trataba de mí: la misma persona que había pasado por allí tan solo veinticinco minutos antes! Y si mal no recuerdo, no dejé huella alguna en nadie. ¡Las únicas huellas eran las de las patitas del bulldog!”.

Intentando apaciaguar a la célebre doctora, nos dimos cuenta de que nuestra misión era en vano, pues parecía que su deseado apocalipsis estaba ocurriendo en ese momento: .

Señorita de los Nervios, cálmese por favor. “¡¡¡….Y luego apareces más pintada que una mona y vas derritiendo los helados a tu paso!!! ¿Pero a ustedes les parece normal eso? Pues bien que alzan la voz con tono de personas sensibles para admitir que prefieren a las tías con una apariencia natural y sencilla. ¡Ja!”

La experta continúa: “¿¿Pues saben lo que les digo??”

“PPPPRRRRRRR” [De los Nervios realiza una pedorreta con el sobaco]

Calmadas las aguas, se disculpa y advierte que podemos desechar toda la entrevista menos la pedorreta final.

“¡Y la quiero en mayúscula y en negrita!”.

2 comentarios

  1. Buenísimo!! Me he reído mucho con el nuevo instituto de investigación jajaja! Y todo lo que dices es verdad, que a muchos tíos le gustan las mujeres pintadas como puertas. Son muy simples😂. Sigue así Mala. Besazo.😘

    1. Querida Almu,
      Mala nunca falla en sus investigaciones, por eso la conclusión es siempre certera: no entiendo a los tíos y punto final. 😂😂😂

      Abrazo😘

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