Me crispa la gente que habla de dinero

Me crispa la gente que habla de dinero

Mala MinelliEn mi casa siempre ha habido una máxima: no se habla de dinero. Y punto.

La verdad es que en caso de hacerlo, tampoco tendríamos mucho de lo que hablar. Es lo que tiene ser parte del modesto proletariado.

Pero una cosa no quita a la otra. Éramos humildes, sí; pero conservábamos el mismo savoir faire que la gente adinerada y con poderío: hablar de dinero es muy personal y no se saca a relucir por ahí. Así me criaron y así sigo practicando esa religión.

Sin embargo, hay ciertos individuos e individuas que, por varios motivos, se pasan el día dándome más cifras que un bróker del parqué de Nueva York. Y lo hacen además de una forma tan natural (natural para ellos), que consideran que te están haciendo un favor.

Ni Solchaga ni Montoro. Este sujeto pronunciará más cifras por segundo que Dustin Hoffman en Rain Man. Así que, a no ser que me sorprenda sobremanera con un giro inesperado, intentaré desde el principio alejarme de esta gente tan tediosa.

Añadiré que mi animadversión hacia este tipo de especímenes proviene de su costumbre por convertirte en diana de sus grotescos interrogatorios. ¿Cómo? Preguntándote cuánto te ha costado todo aquello que considere pertinente, conformando el primer grupo de sabihondos en cuestiones de capital:

EL PREGUNTADOR TOCAPELOTAS: No se corta. Fuego a discreción. Desde tu sueldo, tu alquiler, tu coche, la ternera para preparar el osobuco, la pomada para la dermatitis; hasta la consulta con el cardiólogo de pago, el Pato WC para el váter y las galletas marca blanca imitación Tosta Rica.

El modo de salir de ese embrollo preguntón va en los gustos de cada uno; ahora bien, respondas lo que respondas, siempre tienen algo más que aportar: véase algún conocimiento que tenían guardado en la recámara para hacerte saber que ellos dominan el valor monetario que se le asigna a algo, bien un objeto, bien un servicio.

En el fondo, este tipo de personas creen que realizan una tarea de ayuda al ciudadano desinformado. Gracias a su inagotable sabiduría sobre cuestiones financieras, te acabarán diciendo que te han timado. Y ya está. Se trataba simplemente de eso.

Ya ves. ¡Y para eso tanto rollo! ¿Que la finalidad era decirme que soy una pringada? ¡Si eso ya lo sé yo! Y por cierto, no me importa en absoluto. Si me lo hubiera dicho desde un principio, la de tiempo que me habría ahorrado mandándolo a tomar viento desde el primer minuto.

Por otra parte, existen también dos tipos de expertos economistas susceptibles de ser mencionados:

-EL QUE SIEMPRE TE OFRECE DATOS, PERO VA A SU BOLA: Enhorabuena, solo tienes que armarte de paciencia y dejarle hablar. Eso sí, calma tus ansias de saltar de un puente. Ejemplo:

“El nuevo coche de Opel cuesta veintinueve mil euros, que es el que se quiere comprar mi primo. Pero si paga una hipoteca de 870 euros, ya me dirás. Yo le dije que 870 era mucho, porque yo pago 530 euros a plazo fijo y tengo gas natural, que me viene un recibo de 49 euros, no como a él; que lo tiene todo eléctrico y le sale la luz a 290 euros. Bueno, ya se apañarán, porque mi primo cobra mil ochocientos euros, y su mujer lo mismo, o sea que son tres mil seiscientos. Está bastante bien ese sueldo porque…”

Recuerda, no te tires del puente. La vida es bella. Sigue aguantando estoicamente.

-EL QUE TE CUENTA SU BIOGRAFÍA POR MEDIO DE CIFRAS ECONÓMICAS: “Pues yo en el año 73 le presté a mi hermana trescientas mil pesetas, que por aquel entonces era un dineral. Se compró una parcelita que le costó la mitad y con los ciento ochenta mil restantes se hizo con un coche de segunda mano que le salió malísimo. Si hubiera sido yo, le habría dado diez mil pesetas como mucho. Después, en el 78 me compré un coche de estrena que me costó un millón de pesetas y (ojo, que pone énfasis), LO PAGUÉ AL CONTADO, que era lo que me había sobrado de la herencia de mi madre, que en total fueron cuatro millones y pico de pelas. Y ahora le estoy poniendo el tejado a una casita que tengo y me está saliendo por treinta y cinco mil euros. Oye, ¿tú cuánto pagas de alquiler? Porque a mí nadie me tima y sé de pisos que están muy bien de precio”.

Al final, no todo ha sido tan desquiciante.

A ti te traían por saco todas estas historias y él se ha quedado como un rey compartiendo su sapiencia monetaria. Si es que hacer feliz a alguien no cuesta tanto.

¿Dónde hay un puente por aquí?

 

2 comentarios

  1. Me encanta tu manera de describir una anécdota cotidiana en arte. Siempre me sacas una sonrisa o una carcajada. Enhorabuena!!! No te voy a perder de vista 😉🤓

    1. Author

      No me pierdas de vista, Marigel, te lo ordeno!😁
      Muchas gracias por hacerme saber que te ríes tontuna mente 😂.

      Gracias y estate atenta al blog, que muy próximamente habrá una sorpresita…

      Besoo😘

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