Me hago mucha gracia.

Me hago mucha gracia.

Mala golpear

Que no es lo mismo que ir de graciosa, ojo.

Aclarada esta cuestión de suma importancia, no negaré que he cambiado el título unas mil veces con el fin de no parecer una persona vanidosa, pero no ha habido manera de que el apaño quedara bien.

A ver cómo se las arregla una para decir con modestia que se hace mucha gracia a sí misma. Imposible. Parecerás una creída hagas todas las combinaciones de palabras posibles, así que me he tirado a la piscina y lo he simplificado en cuatro: ME HAGO MUCHA GRACIA.

Y así lo debería haber dejado en un principio ya que la clave de este enunciado es el pronombre reflexivo “me”, que indica que la acción recae sobre el propio sujeto que la realiza, o sea, YO. Con esto ya nos queda clarísimo que yo soy la que suelto la gracia y la que la recibo, de modo que  me reiré yo y me divertiré yo, lo que marca la diferencia entre “hacerse gracia” e “ir de gracioso”.

Esta subespecie humana, Los Graciosillos, difieren de otras categorías de seres cómicos en tanto y cuanto emanan su gracia desde el OGT, eso para empezar. Y todo lo que proviene de ese oscuro e inhóspito lugar huele a revenido, lo que configura otra de las características de esta criatura: sus chistes están más gastados que el sueldo a primeros de mes.

Por otra parte, El  Graciosillo acompaña su chiste con una gestualidad facial que esconde la suposición de que su ocurrencia será recibida con gran regocijo, cuando en realidad el público sonríe más bien por no enviarlo a tomar viento a la farola.

Vamos, lo que viene siendo mandarlo a tomar por culo, puesto que el objetivo de sus gracietas siempre será el prójimo, nunca él mismo.

Ahora bien, cierto es que el humor es muy subjetivo y que siempre existirá alguna persona a la que sus “locas” ideas le resulten divertidas. Se llaman “Los Palmeros”. Este grupo puede estar configurado por una persona, por dos, o ya directamente por ninguna salvo él mismo; cómputo más que suficiente, dado que en su mente es el individuo más enrollado del planeta.

Por otra parte, me duele confesar que yo soy palmera de mí misma. Pero en vez de arrancar con palmas flamencas, utilizo a la víctima que esté a mi lado para maltratarlo físicamente a base de golpearle repetitivamente el brazo con el dorso de la mano.

De manera que comienzo con el primer asalto: “Mira esta foto que me hice en Roma delante del Coliseo. Espectacular, qué grandiosidad… [golpecitos en el brazo del otro que ahora viene el chiste]…¡y el Coliseo también!”. Continúo dando manotazos aunque ahora también los acompaño de codazos a la altura de su riñón: “jajajajajaja..ay..qué risaaaa” [ME RÍO YO SOLA].

Otra variedad se manifestaría, por ejemplo, estando en una librería con el Costi: “Bueno buenooooo. Cómprame este libro porfi, porfiiiii [y comienzo a aplaudir como una foca, plass plasss plassss]. ¡¡Lo necesitoooo. Este libro solo puede ser comparable a Ana Karenina!! [se acerca el Costillo y le enseño un libro de las memorias de Bertín Osborne mientras me río como las gallinas, le doy codazos en los riñones y en  caderas a la par que golpeo la portada con mis nudillos]. Juasss juasssss, me meooo”.

Ahora bien, debemos sumar cierto agravante porque según me han dado a entender, tengo la desquiciante manía de caminar por la acera con alguien al que, por supuesto, además de perjudicarlo físicamente por causa de todas estas zurras que le meto en el brazo con el dorso de la mano; por lo visto lo voy empujando lateralmente hasta  prácticamente dejarlo en la carretera. Yo ni me entero, hasta que le digo: “¡Pero súbete a la acera! ¿Qué haces ahí?” , “¿Que qué hago aquí? ¿Tendrá morro la tía? ¡Pues a ver si me dejas de atizar, que tengo el brazo lesionado!”.

Vaaaleee. Cómo se pone la gente, por dios. ¿Qué le voy a hacer si nací con esta gracia en mi cuerpo serrano?

Y dejo para final mi movimiento estrella: la bicicleta en el sofá. Pongamos que estoy a punto de irme a cama y, haciendo el último zápping, me entero de que están poniendo la escena de Kickboxer, del Van Damme,  en la que el tío se marca un baile ochentero totalmente risible y colosal. Las dos cosas. Así que yo, tumbada boca arriba comienzo a descojonarme mientras doy pataditas en el aire, y ya luego no sé si me río de mí, del baile sensual, del Van Damme o de qué.

Lo sé, profundamente avergonzada admito que yo autofestejo casi todos mis chascarrillos, sin importarme la compañía que me rodea o la circunstancia que me envuelve. Crasso error, ¡pero no lo puedo evitar!

¿Es grave, doctor?

6 comentarios

  1. 😂😂😂😂conozco a una persona que es igualita que tú. De sus chistes solo se ríe ella😂😂😂🤣

  2. Aaaarrrrgggggg!!!! Dios, doy fe!

    Normalmente tengo el brazo como una morcilla de Burgos. E incluso hubo un día que contó un chiste y acabé escayolado.
    Por lo demás, un amor, la Mala esta.

  3. Yo suelo utilizar: “Me caigo bien” jajaja jajaja

    1. Author

      Hola, Sonia!
      La verdad es que tu expresión es más humilde que la mía, y más acertada, ya de paso. jajajajajaj

      Yo he ido un poco de sobrada, pero está bien que nos caigamos simpáticas, no? 🙂

      Fantástico que te haya gustado. ¡Abrazo!

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