Mi foto postureística

Mi foto postureística

Mal vestido

A finales de este verano, mi community manager casero, mi mano derecha empresarial, mi CEO, mi SEO y todas esas cosas que dice que hace él, me aconsejó poner un foto mía como perfil del Facebook.

Yo, persona en absoluto ducha en cuestiones de redes sociales, me negué de antemano y de posmano. Me negué en inglés, en francés, en chino mandarín y en tagalo.

Simplemente no.

Yo argumentaba que con el dibujo de Mala, hecho a mano y coloreado con mis Faber Castell, regalo estupendo de mi amiga Marta, era más que suficiente. Nadie necesita contemplar mi careto y yo no necesito ser contemplada.

“Pero Mala, -insistía mi community-, ¿no ves que así humanizas al personaje relacionándolo con esa grandiosa, carismática y objetivamente atractiva mujer que eres tú?” Bueno, exactamente no fueron esas las palabras. Así que…. vaya… JUSTO AHORA NO ME FUNCIONA EL BOTÓN DE SUPRIMIR. Esperad que vuelvo a probar:

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Uy, qué imprevisible es la tecnología, ¿eh? Pues nada, que no va ni la tecla de suprimir ni la de retroceder. ¡Y mira qué odio parecer presuntuosa! En fin, ¡cosas que pasan!

Total, que mi polifacético subalterno no llegó a convencerme pese a todas sus tretas y a su despliegue de métodos de persuasión.

Si bien hete aquí, que llegado el fin de semana en el que se celebraban las fiestas patronales en el pueblo del Costillo, me tocó entaconarme y emperifollarme por el bien de la salud de mi suegra. No hay nada que más le guste que verme toda endomingada y subida a unos taconazos el día en el que se engalana todo su barrio.

El caso es que después de la comida de rigor, de la sobremesa, de mi clásico frotis-frotis con un paño mojado y una gota de Fairy para disimular el lamparón de marisco en mi vestido, mi Costi y yo decidimos pasear a solas por los alrededores.

Y caminando, caminando, nos metimos por un sendero que parecía la selva colombiana. Yo estaba bastante preocupada por si me secuestraba uno de las Farc, pero más que nada porque me daba un corte tremendo que me vieran con tacones por la selva. Eso es una señora horterada. Ya puestos a que te secuestren, pues al menos que vayas acorde a la situación.

La cuestión es que mi Costi, que solo me mira con ojos de amor, me dijo que me quedase quieta porque me iba a hacer una foto allí mismo para el Facebook.

“¡Ah, no, no! Ni de coña, vamos; que esto tiene un postureo que me da un corte que te mueres”, -respondí yo-. “Anda ya, Mala, ¡pero si somos los reyes de las fotos con postureo!”

¿A qué se referiría el Costi? Muy fácil, breve explicación en unas líneas:

Pues ni más ni menos que cuando nos vamos de viajecito, es tal la cantidad de fotos de nosotros dos poniendo caritas, pomulando y entornando las pestañas que ni dios sabe si estamos en Roma, en Helsinki o en la alameda de mi pueblo. Especialmente yo. ¡La cámara me quiere! ¿Qué culpa tengo?

Y por cierto, que tampoco somos tan egocéntricos; que un día incluso le hicimos una foto al Coliseo romano y todo. Tiempo después le enseño el reportaje visual a una amiga y me suelta: “Ah, ¿pero estabais en Roma? ¡Es que como solo salís vosotros!” .

Definitivamente, la gente no sabe apreciar el arte de la fotografía. Fin del inciso.

Volvamos al momento de la posible instantánea para subir al Facebook. El Costi insistía en que era un retrato espontáneo de dos personas que pasean y se hacen una foto.

Uyyy…sííí. ¡Superespontáneo! Cuando me pregunten cómo la hice voy a responder: “Pues nada, iba yo por el medio del monte con vestido blanco, sandalias de tacón imposible, los morros pintados (lo normal para hacer senderismo, vaya) y de repente; no sé qué ocurrió pero de en medio de la maleza sale un fotógrafo y ‘clic-clic-clic’. Así de inesperado fue todo”.

“Tú calla y párate quieta”, me dice todo marimandón. Así que me pongo a posar de frente. Veo el resultado: “Quita quitaaaaa. ¡Que se me ve todo!”, “¿Todo el qué? Pero qué piensas qué estoy fotografiando?”, “Pues mi cara. ¡Que se me ve todo el careto!”, -me quejo-. “Bueno, pues ponte así con el pelo y las gafas de sol” (me da unos retoques, como un buen profesional).

¿Resultado?: Una fregona con un vestido blanco. Penoso. Abandono la misión.

Menos mal que en cuanto me olvidé del tema mientras seguíamos caminando (los más privilegiados, otras íbamos esquivando los piedras y desenterrando tacones) me hacen una fotillo como si nada, que son las que mejor salen.

El resultado final quedó aceptable, principalmente porque apenas se me ve y eso siempre es sinónimo de éxito. Y ya de paso, me hago la misteriosa. ¿Qué habrá bajo esas gafas de sol? ¿Un ojo de cristal o un orzuelo?

Os lo dejo a vuestra imaginación, amigos y amigas.

Foto laura

1 comentario

  1. Hola Mala! Jeje! Esas fotos las hacemos todos y en la mayoría de ellas salimos más feas q en las fotos del DNI! Yo tengo unas cuantas con mucho postureo y son para reírse..😂😂😂😂

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