Mis Navidades: he estado menos gilipollas. ¡Bien!

Mis Navidades: he estado menos gilipollas. ¡Bien!

mala navidadAquí estamos, es enero y seguimos vivitos y coleando y con ganas de seguir dando por culete a más de cuatro.
Buena señal.

Para empezar, se han acabado las Navidades, y reconozco que este año quería dármelas de especial, ya que lo de poner a parir a estas entrañables fechas se ha quedado como muy mainstream. Y eso que una se cree única y piensa que ha sido la primera que comenzó, tiempo ha, a odiarlas y despreciarlas sin nocturnidad ni alevosía.

Aunque ojo, hastiar las Navidades, sí; PERO A MÍ QUE ME REGALEN COSAS. De ninguna manera miento si confieso que las detesto, pero mis paquetitos con su lazo y su papel con renos que no has visto en tu puta vida, pero te aseguran que son renos; que no falten.

Suena un poco hipócrita todo esto, efectivamente, pero, ¿quién no lo es si no? Y con esta sentencia nos excusamos y nos quedamos la mar de tranquilos. ¿Que haces pis dentro de la ducha? ¡Y quién no! Hala, todo arreglado. A mí el “mal de muchos” me consuela mogollón.

Pero a lo que iba, lo que solía ocurrir año tras año en mi modesta vida era aborrecerlas sin discreción, condenarlas públicamente y alzar la voz para comunicar a todo el mundo que una se agobia con tanta felicidad y tanta ñoñería.

Por ese motivo, tal y como os comentaba, este año pretendía hacerme pasar por una ciudadana que sintiese al menos una pizca de júbilo.

LO INTENTÉ.
OS LO JURO.

Es que surgen trabas por todas partes. Es una confabulación para que las odies y las odies infinitamente. Como cuando a golpe de noviembre un alcalde pesado decide poner luces catatónicas hasta en los callejones de gatos hambrientos y moribundos. Con lo cual, ahí estás tú, vistiendo cazadora de entretiempo pero con unas lucecitas quemacórneas que te van minando la moral.

Pese a tenerlo todo en contra, estas iban a ser mis Navidades. Serían unas fiestas para la concordia, para los regalos que encuentras a la primera y para las caras de tus padres como las del anuncio de “Vuelveeeee a casa vuelveeeee”. Qué entrañable todo.

Yo lo tenía clarísimo, de estas fechas me iba a gustar hasta el discurso del Rey en Nochebuena.
Pero no sé cómo, las cosas empezaron a torcerse sin yo quererlo.
Tan simple era la respuesta como que me olvidaba de un pequeño detalle: que no me gusta hacer las cosas por sistema.

Pues claro que es fantástico comer con gente a la que quieres, pero me gusta hacerlo cuando realmente me apetece, cuando de verdad es una buena idea y la gente está emocionada. Sin embargo, me encuentro con que hoy toca en mi casa, pasado en la tuya, y al día siguiente organizamos nosotros. Todo ello con agobio, claro está, porque son las fiestas más especiales del mundo y tiene que salir todo muy bien, tal y como dijo NO SÉ QUIÉN EN NO SÉ DÓNDE.

Pero ese no sé quién y ese no sé dónde es una autoridad más que suficiente para tomártelo muy a pecho todo.

Y vas como por inercia. Y te reciben como por inercia. Y haces de anfitriona como por inercia. Todo ello con caras de súper buen humor porque…¡es Navidad! Motivo único y suficiente.

Demasiada inercia para ser Navidades, ¿no os parece?

Ahora bien, si de algo me siento orgullosa es de no haber caído en las garras del bucle sin fin ante la compra de regalos.

Recordemos por supuesto que yo tengo que; perdón, DEBO encontrar el regalo más personal, más preciado y más acertado del universo. No hay momento para la equivocación. De lo contrario, me convertiré en un ser infecto e inmundo.

Aunque he de advertir que este año, gracias a mi amadísimo y respetadísimo Dr. C., no me puse gilipollas perdida cuando me topaba inmiscuida en esta tarea tan festiva y relajante como es la de adquirir un obsequio para una personita que quieres.

De hecho, en cuanto se avecinaba bucle, ya me saltaba por el hilo musical su voz chungo-relajante que me alertaba del conato de agobio en medio de una tienda. Dicha voz chungo-relajante del Dr. C. suele aparecer al mismo tiempo que la de mi Costi, a la que podemos denominar voz relajante-estoyhastaloscojones-perotequieroigual. Y entre los dos consiguen que haga mi compra y a tomar viento.

De modo que:
Tienda de discos: “Buenas, ¿tienen el nuevo disco de Paul Weller? Para regalo, por favor”.
Librería: “¿Hola, me cobra estos tres libros, por favor?”, “Son el mismo libro, señorita”, “Sí, este título ha sido una recomendación de mi Dr. C. y gracias a él apaño regalo para tres personas. Por cierto, puedo encargar cuatro más? Se acercan varios cumpleaños también”.
Relojería: “Qué tal. Me gusta ese reloj. Me lo llevo aunque tenga que pedir un crédito. Taluego”.
Tienda de ropa: ehh…ahí es donde peor me he portado pero muy bien para ser yo. Bravo por mí.

Para finalizar, he de reconocer que todo lo que he ganado en este terreno lo he perdido en otro, pues resulta que he estado con una neumonía en cama casi una semana y el Costillo se enfadó conmigo porque dice que soy muy mala enferma. ¿Y a qué no sabéis por qué? ¡Porque dice que no me dejo cuidar!

Apunto nuevo propósito: dejarme mimar.
¡Hecho!

4 comentarios

  1. Bufffff.

    Calla, calla. Doy fe con el temita cuidarte… Que pesáaaaaa.. Que me dejes al menos prepararte una sopica o algo.
    Menos mal que me ha encantado ese regalo tan poco estudiado y repensado, que si noooo

    PD: todavía me duelen las córneas por culpa de las luces viguesas

    1. Author

      A ver, Costi, que no sé cuántas veces te lo tengo que explicar. 😁😁 Que la sopita es de sobre y me la hago yo en diez minutos. Si me hicieses al menos un caldito casero, no te iba yo a decir que no.

      Pero eres el mejor enfermero para la peor enferma. 😍

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *