Si tuviera que ligar hoy en día.

Si tuviera que ligar hoy en día.

 

Afortunadamente, mi cortejo amoroso aconteció en tiempos ancestrales en los que las relaciones amatorias se desarrollaban como una novela de corte clásico: introducción – nudo – desenlace.

Cierto es que en dicho esquema podían alterarse el orden de factores, dependiendo tanto de las ansias amatorias de los enamorados, como de elementos externos.

De esta manera, una combinación habitual era empezar directamente en la fase dos para pasar a la fase de presentación/introducción en última instancia. Todo era cuestión de gustos y de formas de proceder. Asimismo, el estancamiento en la fase uno podía provocar un salto directo y sin escalas hacia el desenlace. En cualquier caso las combinaciones eran múltiples y variadas.

Este proceso de emparejamiento requería de una labor dinámica por parte de los implicados. Nada venía dado y de ninguna manera era recomendable adoptar un papel pasivo, aunque había que ser muy prudente para conseguir el justo medio que no te hiciese parecer una acosadora o una desesperada.

Ojo, difícil tarea.

Por ese motivo, yo, mujer de poca decisión en general, y de parálisis funcional en cuanto a temas de seducción, decidí optar por una táctica, si bien conservadora, efectiva en cuanto a resultados: reírle los chistes batiendo palmas como una foca, desplegar mi repertorio de gracietas, practicar un movimiento jass jasss de pelo y ejecutar un guiño de ojo aun a riesgo de parecer bizca. Y según el nivel de desesperación del individuo, mi método surtía efecto o no.

Todo ello llevado a cabo dentro de los parámetros de la normalidad, esto es; si tras el intercambio de idioteces inherente a una escena de galanteo, ninguno de los dos ha llamado a la policía, enhorabuena: has hecho el suficiente ridículo para ligar, pero no como para que te consideren una sociópata.

Y de este modo se iban fabricando las parejitas en mi época.

Quizás sea un procedimiento propio del Mesolítico, sobre todo si se compara con los protocolos de actuación de hoy en día: métodos que se han adaptado a la velocidad y exigencia de la vida actual, por lo que son ahorradores de tiempo, facilitadores de encuentros de índole sensual y elevadores o aniquiladores del amor propio, eso según se tercie la jugada.

Lo más contradictorio es que por mucho que hayan sido creados para simplificarte el encuentro romántico, personalmente, me producen una pereza descomunal. Solo pensar que tengo que ponerme al día en el manejo de aplicaciones del móvil, para ornamentar mis perfiles con imágenes de mí misma en las que haya mutado en una exótica sirena, me entra una vagancia supina.

Sumémosle las horas que empleas en hacerte un selfie decente, así que te metes en foros para averiguar qué tipo de instantánea es la recomendada. No me aconsejan la autofoto delante del espejo del ascensor, ni haciendo el saludo nazi, ni la que salgo con Rouco Varela. ¿Qué me queda, entonces? Es que de verdad, que ganas de complicarlo todo. ¡Para una en la que salgo bien!

Vuelves a Google para informarte sobre qué aplicación es la más adecuada para ti. Un lío tremendo. Muchas opiniones e incontables trucos para tener en cuenta. Mejor será hacerse con un boli y una libreta para tomar apuntes.

Una vez hecho el resumen de la situación, ninguna te convence. En una se liga a mansalva, pero quien parecía ser Leonardo Dicaprio al final es su primo el desdentado; y en otra, la cosa es más fiable, pero sale carísima la mensualidad, y tú no quieres mezclarte con el populacho que accede gratis. Tú te mereces ser cliente prémium y el mundo debe saberlo.

Como resultado, después de tres días de profunda investigación concluyes que en realidad, no necesitas darte de alta en una app de ese tipo, porque registres donde te registres, siempre encontrarás pareja para el fornicio. Desde Wallapop, hasta el Foro de Oposiciones a la Justicia, desde un portal de dudas veterinarias hasta la página de Amigos de la botánica. Cualquiera de estos rincones son propicios para la amistad y lo que surja, siempre que lo que surja sea la primitiva actividad de copular.

Por otra parte, no quieres ni imaginar que tres o cuatro caballeros requieran de tu conversación al mismo tiempo. Varias pestañitas abiertas simultáneamente no combinan demasiado con tu mente de naturaleza despistada. Al final invitas al vegano a cenar en un asador, y le anuncias al amante del Jazz que también te encanta la ópera como a él.

Te estás liando y lo sabes. Encima, se te queman las lentejas. Intentas despegar el fondo con una espátula mientras te suenan mensajes en el móvil. Qué estrés. Maldita la hora que te metiste en ese embrollo.

Necesitas un discopub de los de antes para ligar a la vieja usanza.

¿Y tú? ¿Estudias o trabajas?

2 comentarios

  1. 😂😂😂 Totalmente de acuerdo, qué pereza!! Además, tal como dices, los tíos te entran en cualquier parte de las redes sociales. En la vida real no me como un colín, pero en mi perfil PROFESIONAL de Facebook no veas… Será que les pone lo del rollo mujer profesional en la oficina?? Me imaginarán con gafas y la camisa abierta hasta la explosión de unas tetas descomunales??? Cuánto daño ha hecho el porno en este país!! 😂😂😂

    1. Author

      Hola, Yoli,
      Qué tal?
      Pues tienes toda la razón. Es salir en el Internete y de repente te aparecen cien proposiciones, todas indecentes.😂 Y ya si les das alas para imaginarse un mundo con una porno-chacha, triunfo total!
      Pensarán llevas ligueros a trabajar o que se te revientan los botones de la camisa.😂😂
      Un abrazo y gracias😍

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