¿Soy gilipollas o simplemente tímida?

¿Soy gilipollas o simplemente tímida?

Mala jijiji

Madre del amor hermoso.

Yo no sé si estoy otra vez en la pubertad o definitvamente soy más idiota de lo que pensaba. ¿Os podéis creer que todo me da vergüenza? Pero todo. ¡Todo!

Podría ser normal y comprensible que me diese pudor quedarme en pelotas delante de un auditorio o darme de bruces contra una farola, mientras te observa el respetable de una terracita veraniega. Lo que se llaman eventos bochornosos clásicos, reconocidos como vergonzosos tanto aquí como en el sur de Pakistán.

Pero hete aquí que cualquier nimiedad me produce un desproporcionado rubor, solo comparable a la lectura de mi discurso para la entrada en la Real Academia de la Lengua o recibiendo el Premio Cervantes. No menciono a los Premios Nobel, porque están comprados, clarísimamente. Y Mala es una mujer que solo acepta premios que nacen de la honestidad.

El caso es que debido a la timidez que sufro en casi todos los momentos de mi vida, he creado un nuevo personaje que, así, a primera vista puede parecer imbécil total. Se trata de una mujer que no para de hablar y de gesticular, con estridente voz e inagotable palabrerío. 

Lo peor de todo es que después de tantos años interpretando este papel, no solo le he tomado cariño al personaje, sino que he manejado con pasmosa destreza el método Stanislavsky, y ahora no sé quién es quién.

Por lo tanto, desconozco si la verdadera Mala es esa que gesticula, que se tira cuatro horas para contar una anécota, dado que imita las voces de todos los personajes implicados en ella; y la que eleva la voz cual soprano entonando esa aria que le reportará diez minutos de aplausos en la La Scala de Milán.

¿O es aquella que es tremendamente tímida, que lo pasa horrible cuando se encuentra con alguien con el que no se tiene mucho de lo que hablar y para evitar esos silencios incómodos se transforma en una cotorra tropical?

Desde luego, para mí un acto tan cotidiano como pararme con alguien por la calle y tener una conversación estilo diálogo en un ascensor, pues no me va nada. Oye, que podría aguantar el trago con normalidad, como hace todo el mundo; pero yo, no. ¡Lo paso fatal! ¡Requetemal!

Y no se trata de exagerar. Sabéis que no me va nada la hipérbole, y que tiendo a lo ecuánime siempre. Bueno, casi siempre. Vaaaaale, solo de vez en cuando. ¡Ay, que sí !Lo admito!, soy una exagerada. ¡Aceptamos barco!

Así que retomando el tema, no hay nada que me dé más vergüenza que una escena como la que sigue a continuación, recreada con amor y cariño para todos vosotros:

-¡Hola Mala! ¡Cuanto tiempo!

-[¡Mierda, me ha visto! No hay escapatoria, me tengo que parar a hablar] Ay…holaaa, es que iba despistada. ¿Qué tal? ::::Muaks muaks::::

-Pues muy bien. ¿Y tú?

-Pues todo bien.

[SILENCIO INCÓMODO]

-Pues nada, yo aquí, paseando.

-Haces bien. Hay que aprovechar el sol.

-Está claro, porque menudo tiempito…

-¡Ya te digo! Qué verano más raro!

[SILENCIO INCÓMODO]

-Pues nada…

-Pues eso…

[SILENCIO INCÓMODO EN SU MOMENTO CLÍMAX]

-Pues a seguir paseando.

-Me parece muy bien. Ya nos veremos.

 

En efecto, lectores y lectoras, esta imagen diaria no suele proporcionar ningún problema para nadie excepto para mí. Me quiero morir sea parte activa o pasiva, da igual. En caso de que vaya acompañando a alguien que se detiene a saludar-estilo-ascensor a alguien, yo sufro más que el interesado, padeciendo una vergüenza ajena que no viene al caso.

Consecuentemente, me veo en la tesitura de convertirme en un ser escapado de un manicomio. Y como no hay nada más aclaratorio que una representación in situ, ahí va mi fidedigna versión:

-¡Hola Mala! ¡Cuanto tiempo!

-[¡Mierda, me ha visto! No hay escapatoria, me tengo que parar a hablar] Ay…holaaa, es que iba despistada. ¿Qué tal? ::::Muaks muaks:::: MADREMÍACUÁNTOTIEMPOESTÁSDIVINAAAAAAA. Ji ji ji. [RISITA NERVIOSA] ¿¿Qué tal estás?? ¿¿ Qué tal estás?? [REPETICIÓN: LA CLAVE].

-Pues muy bien. ¿Y tú?

-Pues todo bien. Yaveoyaveoquémaravillaquémaravilla. Bueno,¿y qué? ¿Y qué? Ji ji ji ji [RISITA NERVIOSA]

-Pues nada, yo aquí, paseando.

-Haces bieeeeeen. Hay que aprovechar el sol, quuelavidasondosdías. ¡Son-dos-días! [REPETICIÓN DE NUEVO] Que te lo digo yoooo. [TOCÁNDOLE EL BRAZO Y METIÉNDOLE UN CODAZO PILLÍN]

-Está claro, porque menudo tiempito…

-¡Ya te digo! Ya te digo [REPETIMOS OTRA VEZ]. ¡Qué verano más raro! De hecho yo me he comprado una bolsa para la playa y ni la he estrenado ni nada, porque el tiempo está tan revuelto que….

-Pues eso…a seguir paseando.

[SILENCIO POR PRIMERA VEZ. Y SE AGRADECE]

-Me parece muy bien. Ji ji ji ji [RISITA DE VERGÜENZA A TOPE] ¡Ya nos veremos! ¡Ya nos veremos!

 

Por supuestísimo, yo acabo atacada de los nervios entre la perfomance, la timidez y la sensación de ridículo. En cuanto a la otra parte, pues acabará pensando que no haría mala pareja con Jack Nicholson en la peli del cuco aquel que voló en no sé dónde.

Con razón. Con razón.

 

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