El canon de belleza actual: Estoy hasta el moño.

El canon de belleza actual: Estoy hasta el moño.

Canon de belleza

En principio, que exista un prototipo de belleza no tiene por qué suscitar problema alguno siempre que sepamos tomarlo como una mentira ajena a nuestras vidas. Es como si ves el techo de la Capilla Sixtina y piensas “Ya me gustaría a mí pintar así”, pero no te tortura lo más mínimo, puesto que vives estupendamente siendo Pepita Pérez y ni de coña te cambiarías por el maestro Miguel Ángel. ¡Lo que pudo padecer de las cervicales el pobre  mirando hacia arriba todo el rato ! ¡Quita, quita!

El problema real comienza cuando consciente o inconscientemente te tomas este canon como la Estrella Polar que debes seguir para encontrar el Norte de tu autoestima y de tu vida, y en caso de no poder seguir a la estrellita de los cojones, habrá ocasiones en las que te sientas perdida por el camino. Normal. No todo el mundo sabe orientarse hacia el Norte, ni a veces este Norte es lo que a ti te conviene, o incluso el Norte no tiene por qué ser más bonito que el Oeste, por ejemplo. Pero venga que escuchas que el Norte es chulísimo, y venga que el Norte es donde quiere estar todo el mundo, y claro, te entran unas ganas de estar allí tremendas.

De todas formas, siempre ha existido un arquetipo que ha marcado las pautas de belleza; desde las gordas de Rubens hasta la sensual y pizpireta Marilyn. Cada una, a su modo, era el colmo del atractivo, y yo afirmo y confirmo que el truco es mostrar distancia con respecto al populacho. ¿Y cómo se consigue esto? Añadiéndole al personaje el factor del éxito, es decir, que veamos que tienen un desapego hacia el resto de la humanidad. Ellas son diosas. Tú una pobre alma gris y vulgar. Con lo cual, la celebridad y el triunfo son fundamentales para que te consideren un icono de lo apolíneo.

Partiendo de dicha premisa, hasta hace bien poco concluíamos que las mujeres esculturales eran el resultado de una ANATOMÍA HUMANA AGRACIADA + EMPERIFOLLO A TOPE + FAMA, pero actualmente resulta que tenemos la siguiente ecuación:

BELLEZA = ANATOMÍA HUMANA CIRUGIADA + CEREBRO DE SERRÍN + MAMARRACHOS Y MAMARRACHAS QUE LAS ADORAN.

Hala, ya tenéis la fórmula matemática. Para que luego digan que soy una nula con los números. ¡Ja!

Pues sí, lectores y lectoras, ahora tienes que tener acciones en Corporación Dermoestética para ser la más guapa del reino, además de incorporar voluntariamente el bisturí a tu vida cotidiana de tal manera que por las noches, al poner el despertador a la hora de siempre te dices: “¡Ostras, que mañana me levanto dos horas antes para hacerme la rinoplastia. Casi se me olvidaba!”.

Exacto, ahora para estar tremenda te tienes que poner en la cadena de montaje, y un tío te pone la nariz, y otro, las tetorras. Me han dicho que para lo de las tetis hay peleas: “Perdona, pero yo llevo en esta empresa trabajando 30 años y solo he quitado lunares y tú, que acabas de entrar, ya te han puesto a tocar tetas. No hay derecho.” Pero luego se les pasa, porque al segundo día ya se aburren de fabricar doscientas tías idénticas.

A pesar de este soporífero patrón de belleza, Mala ha nacido para hacer tus sueños realidad, por lo que planteo la siguiente pregunta: ¿quieres ser una tía buena de los nuevos tiempos? Solo necesitas una turgente billetera y, -primordial-, un móvil con una buena cámara; de lo contrario, ¿para qué demonios te has convertido en guapa?

Atentas, que allá vamos:

Pómulos que llevan dentro unos Mini Babybel: Si eres alérgica a la lactosa, unas bolas de Navidad; y si las fiestas te ponen triste, unas pelotas de ping pong. En esta vida hay solución para todo.

Labios con infiltraciones de no sé qué, pero ese nosequé no suena bien: Las croquetas congeladas marca Dia tienen ingredientes menos perjudiciales. Todo dicho.

Nariz respingona de la Barbie: Dices que la heredas de mamá, pero no cuela. Que tu mamá enseñe la foto de carné, a ver qué pasa. ¡Coño! ¡Pues sí que la tiene respingona! Un momento….¡este carné es de 2017! ¡No tiene bemoles la señora de enseñarme el de 1986!

Ojos rasgados, ¡nunca redondos!: Joder, qué rabia, mi quimera de ser una diosa del erotismo se ha ido al traste. “Ojos de sapo, no ligas ni un carajo”, bonito pareado de rima asonante que dono gratuitamente al refranero castellano.

Tetas más grandes que dos sandías apuntando hacia el satélite Hispasat, en un cuerpo que pesa 41 kilos: Lo común y habitual, vaya. Esto es la herencia del Homo Tetazus descubierto por mí. Ayyy, ¡cuánto se ha perdido la antropología sin mis estudios!

Culo descomunal pero barriga plana como un lavadero de la ropa: Vaya, qué cosas, justo la grasa se acumula en la retaguardia, y en esto, pegas un giro de 180 grados y…¡¡tachán!!, vientre de portada de Men’s Health. Superhabitual, digáis lo que digáis.

Cero celulitis, pero solo en foto: Vaya por dios, del día en que la muchacha estaba sentada en la taza del váter no tenemos ni una imagen, pero de ella en una playa con bikini brasileño, posando de espaldas y viendo hacia el horizonte, porque hay que ver cuan zen y cuan reflexivas son estas chicas, de esas tenemos seis mil.

Cara de lerda en general: Pues sí, acaba de parir pero tiene en las mejillas unos polvos bronceadores y unos claroscuros que destacan sus volúmenes faciales, que para sí los quisiera el mismísimo Caravaggio en sus óleos. Sí, ¡qué pasa! Se hizo un contouring del rostro mientras estaba con las contracciones y le dio tiempo ya de paso a hacerse la raya del ojo. ¡Envidia es lo que tienes, porque además, son unas madrazas! Finalmente posan poniendo cara de gilipollas mientras cortan el cordón umbilical. Guauuu, ¡superespontáneo!

Madre del amor hermoso, si es que agotada estoy de tanta perfección silicónica y quirúrgica. Dadme una verruga con pelos, una uña encarnada, una caries en un diente y muuucha paciencia para aguantar todo esto. Amén.

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