El mundo no se acaba (ya lo estudiarás el año que viene).

El mundo no se acaba (ya lo estudiarás el año que viene).

Este inesperado receso nos ha enseñado a algunos que el mundo sigue girando pese a la interrupción de algunas costumbres y actividades. Al final, a todo se acostumbra uno y, salvo motivo de vida o muerte, concluyes que al menos durante una temporada se puede estar sin eso o aquello; o conviertes este eso y aquello en otra versión acoplada al nuevo día a día.

Sin embargo, intereses de todo tipo y cierto miedo al apocalipsis han determinado que algunas ocupaciones sigan adelante, no sea que su suspensión cause un cataclismo irreparable.

Hablemos, por ejemplo, de la EDUCACIÓN.

Bien, nos encontramos ahora mismo con todos los estudiantes metidos en sus casas, desde preescolares hasta universitarios, desde el alumno brillante hasta el borrico de la clase, pero resulta que este año es pecado mortal no acabar el temario a tiempo.

Así que a todo el mundo le ha entrado un nosequé, una congoja, una angustia, un queseyó, que han puesto a los inspectores de educación, al profesorado y al alumnado trabajando mediante una tele-relación en la que todo Dios está estresado y cabreado: “Envíame las notas de 1º C”, “No las tengo todavía. A dos no les iba el wifi, otros tres viven con sus abuelas, cuatro están en el hospital, y yo no tengo tiempo porque me estoy insultando por mail con un padre que me ha amenazado de muerte en caso de mandar más tareas”.

Y así estamos.

Yo solo digo que como la tele-educación siga a este ritmo, no solo destrozaremos récords en el informe Pisa, sino que esta generación nos va a dar la cura del cáncer y la del reparto desigual de la riqueza en el mundo. Y es que hay que ver qué nivel intelectual teníamos a escondidas, solo que hubo que esperar a una pandemia mortal para verlo.

Ahora que la prole estudia en casa deben dominarlo todo, desde matemáticas hasta tocar la flauta dulce, lo cual se consigue a base de muchas horas de dedicación de las que no siempre se dispone de medios tecnológicos y materiales de los que mucha gente carece, y de una base académica que no todo el mundo tiene.

Dicho esto, con buenos resultados o no, todas las partes implicadas lo dan todo a diario en la mesa de la cocina, donde se suelen presentar desquiciantes imprevistos, como cuando el chavalillo tiene que presentar unas láminas de Dibujo Técnico: “Traslada la figura anterior 160 mm verticalmente hacia arriba, y a dicho resultado aplícale una homotecia inversa de razón K=-5/4, con centro en el punto 0” :::::::Silencio revelador:::::: “Eso que te lo explique tu padre, que es más de homotecias que yo”. Y decides pasar al boletín de ejercicios de Ética, a ver si hay más suerte.

Pero no. Toca filmar un cortometraje en el que se represente la metáfora de la unión ciudadana ante un infortunio global. ¿Pero la asignatura de Ética no iba de hacer un trabajo con la ayuda de la Espasa-Calpe? Pues sí que soy mayor.

Y si fuera poco el drama, todos los profes de Plástica de este país, hartos de ser ninguneados, han aprovechado el confinamiento para favorecer el mercado negro de los denominados, a partir de este año, artículos de primera necesidad: pegamentos de barra, papel pinocho, cartulinas multicolores y, sobre todo, esos cartuchos de impresora que actualmente se cotizan a precio de barril de petróleo.

En efecto, amigos y amigas, la asignatura de Plástica ha propiciado en los pasillos del Carrefour auténticas peleas entre padres desesperados, dispuestos a retarse a duelo de navaja por el último kit de goma eva: “¡Ya hay que ser hijo de puta!”, “¿Hijo de puta yo? Por lo menos la semana pasada no me llevé cuatro paquetes de levadura Royal!, ¡Que hay que tenerlos bien puestos!”, “¡Es que hago panadería conceptual!”, “¡Pues hornea entonces un fajo de billetes, que eso es lo que le tendrás que mandar a la profe para que el niño apruebe Plástica!”.

Como veis, esta situación nos está convirtiendo en personas realmente maravillosas. Si no creíais en el ser humano, esta es vuestra oportunidad, sin lugar a dudas.

Tenemos entonces la siguiente situación: inspectores con una fusta sobre los centros, centros que exigen no bajar la guardia a los profes, profes sobresaturados que deben tener al día a los alumnos, alumnos que desesperan a los padres, y padres que simplemente están a punto de darse a la bebida.

Me pregunto qué hubiese ocurrido si dejásemos pasar este curso. Dudo mucho que, conspiratoriamente, añadieran un nuevo elemento químico en la tabla, identificasen un nuevo sistema digestivo, o que la lista de verbos irregulares de inglés felizmente se redujera a tres. Dicho esto, y como siempre ha ocurrido, lo que se ha explicado este año, se repasa el siguiente, y si no se ha explicado, se vuelve a hacer. Es lo que tiene el conocimiento: nunca es cerrado, sino continuo.

Ergo todo o casi todo es recuperable y recurrente.

Mientras, tocará aguantar el chaparrón y esperar al siguiente ciclo de la vida.

2 comentarios

  1. Jajaja! Menos mal que en mi casa no tengo el mueble bar muy lleno, porque te juro que habría arrasado con todo! Verdades como puños, como siempre, Mala.

    1. Author

      Gracias, Marta!

      Yo entiendo que la gente esté nerviosa por si este virus usurpa también la inteligencia y la cultura, viendo a algunos políticos :); pero no, los cerebros en principio seguirán en el mismo sitio el curso que viene; esto es: en tres meses.
      Si esperan cuatro años por el puto mundial de fútbol, se puede esperar unas semanillas, ¿no?
      Beso!

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