El puto Black Friday

El puto Black Friday

¡Éramos pocos y parió la abuela!

Ya conocéis lo relajante que siempre ha sido para mí ir de compras, que es una gozada observar la perturbadora demencia con la busco la talla perfecta, el patrón perfecto, el color perfecto, el tejido perfecto y cualquier mierda que tenga que comprar perfecta, porque las mierdas si no son perfectas son mierdas-mierdas, y a mí las mierdas me gustan en condiciones; ahora resulta que me meten con calzador unas rebajas que llegan de allende los mares y que son el colmo de la felicidad.

Por supuesto, todo aquello que procede del país del Tío Tom ha llegado a nuestras modestas existencias para transformarlas en un radiante y próspero fluir vital, haciéndose acompañar, además, de un lema que se apropia de tu cerebro como un okupa y que reza tal que así: ¡Tonto el que no aproveche estos descuentos! Jopé, no es para menos, la taladradora de agujeros para el cinturón antes costaba 15´95 y ahora cuesta solo ¡11’95 €!

¡IM-PRE-SIO-NAN-TE! Tiene que ser mía sí o sí.

Si es que cuanto más lo pienso, más convencida estoy de que se trata de un objeto de necesidad extrema, así que ahora mismo me bajo al centro, hago hora y media de cola en la parada del bus, me subo, me agarro a un asa, le huelo el sobaco a seis personas porque hay que ver cómo está de atestado por culpa de que todo el mundo irá en busca de sus propias taladradoras, me bajo en la Zona Cero de la algarabía mercantil y me adentro en la jungla.

Esta sería la versión A, la de dejarse enamorar por el bombardeo propagandístico para comprar más y, lo más importante, mejor y más barato que el vecino. Puede que hasta el día de ayer no te haya interesado comprar ese organizador de botes para los distintos tipos de arroz, pero es que ahora has visto el anuncio en un panfletillo que te han dejado en el buzón de tu edificio y oye, que te quedaría muy bien sobre la encimera de la cocina, y ya de paso te chuleas delante de las visitas diciendo que lo compraste en el Black Friday tirado de precio.

Por lo tanto, una vez que has caído en las redes de estas rebajas hay dos tipos de adquisiones que puedes realizar:

– Una compra que necesitas de verdad: unas botas para la lluvia. Perfecto. Desgracia la tuya que no encuentras unas a tu gusto, entonces decides comprar otras botas que no son para la lluvia pero que parecen cómodas, aunque te dicen que ya no quedan de tu número, por lo que te vas a la opción de hacerte con unas botas que no sirven para la lluvia, que tampoco son muy cómodas pero SON DE TU TALLA Y ESTÁN REBAJADAS. Suficiente.

Con lo que a partir de aquí llegamos al segundo tipo de adquisición:

Una compra que colgarás en Wallapop en menos de dos semanas con el texto ” Casi sin uso. Impecables”: botas que lo que es entrar en el pie, te entran; y hasta ahí lo único positivo. ¿Lo demás? Principalmente que estaban de rebajas, segundo, que te costaban menos que el mes anterior y, tercero, que a la semana siguiente costarían 19 euros más. Tres razones idénticas que te empujan a comprarte un par de botas de charol rojo con perlas incrustadas, lazos de tul y tachuelas moteras. ¡Anda que no les vas a sacar tú partido! ¡Si es que van con todo y son muy ponibles!

Y casi mejor que no sumemos las esperas para hacer preguntas al personal de tienda, los 600 gramos de ibuprofeno que te tomaste para el dolor de cabeza que te provocó esa selva mercantil, ni el Strepsils que compraste en una farmacia por el dolor de garganta debido a los 32 grados de temperatura indoor y los 8 en la calle.

Visto entonces que caer en las redes de este frenesí comercial no es bueno ni para la salud mental ni la monetaria, EXISTE la versión B de la historia: mandar este tinglao a tomar por culo. Ojo, que no sirve cualquiera para darle la espalda a esta oportunidad que te brinda la vida para ser un ciudadana moderna, pues te tendrá que resbalar que más de uno te suelte que tiene esa Nespresso mucho más barata que tú y que por comprar tus mismas zapatillas de running le han regalado una sudadera a juego, mientras que a ti los dichosos tenis solo te han causado un esguince y su consecuente excusa para no correr más en tu vida.

Encima, no hay nada que me moleste más que me hagan pasar una actividad que en principio sería de ocio, como lo es ir de compras, por una tarea estresante que debo cumplir por sistema, ya que de lo contrario seré medio lerda y estaré perdiendo dinero. Ya iré de compras un día que me apetezca y que esté de buen humor. Puede que me salga más caro, pero a mí me compensa.

Por cierto, me he comprado en el Black Friday una batidora para la cocina. ¡Es que estaba rebajada!

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