La tiendas de fotografía: donde la felicidad perdura.

La tiendas de fotografía: donde la felicidad perdura.

No hay nada más optimista en estos tiempos inciertos, que contemplar los escaparates de las tiendas de fotografía. Desde niños vestidos de marinerito, hasta una Mamá Noel no apta para menores de edad, allí todo el mundo irradia alegría.

Reconozco públicamente mi pasión por estas muestras fotográficas, e incluso he configurado un recorrido oficial de vitrinas para mi deleite personal. Además, salvo en temporada alta de comuniones y bodas, en la que las exposiciones resultan un pelín monotemáticas, el resto del año puedo disfrutar de un variado contenido del que no me puedo quejar.

Comencemos, sin tiempo que perder, el repaso de las diferentes estampas y sus variantes:

Embarazadas: La foto de Demi Moore luciendo su desnuda preñez supuso un momento de inflexión en la historia de los retratos. Desde entonces, todos los fotógrafos del mundo se dedicaron a reproducirla, convirtiéndola en una imitación de lo más democrática: ministras, famosas de medio pelo, tu vecina del descansillo, la abogada de tu pueblo, la modista de tu calle, la directora de tu instituto, la reponedora de tu súper y la que enseñaba catequesis en la parroquia.

Como consecuencia de la disparidad de estas mujeres, esta obra ha mutado en un collage de lo más pintoresco, en el que predomina, sobre todo, la ilusión de posar como una artista.

De todas maneras, existe una variante que marca la diferencia con la foto primitiva, pues en caso de que la modelo encinta cuente ya con otro pequeñuelo, al chiquitín se le pone también delante de la cámara, normalmente acompañado por el padre. Figura capital para recrear una imagen donde todos besan a todos según este esquema:

el nene le da un besito a la barriguita de mamá – mamá le da un besito a la cabecita del nene – papá le da un besito de amor en la boca a mamá.

Y todos quedan besados en cadena.

Me han contado incluso que hay familias que van al fotógrafo solo para darse besos, porque en casa no se los dan.

Comuniones: Sin duda es uno de los núcleos temáticos esenciales en un escaparate de fotos de estudio. Y lo más importante, el contenido de estas imágenes se ha transformado notoriamente en los último años.

De un clásico marinerito posando con las manitas juntas en actitud de oración, han pasado a un capitán de los tres ejércitos con gesto desafiante. Así es. Un niño con más condecoraciones que el almirante Nelson mira a la cámara, chaqueta al hombro, al más estilo Julio Iglesias en Miami. Podría venir de un salón de futbolines o de la batalla de Trafalgar, mismamente, pero no. Viene de recibir el cuerpo de Cristo.

Si es que nadie me hace caso, pero la Eucaristía ya no es lo que era.

Por otra parte, las niñas viven su GRAN DÍA PARA SER GUAPAS, nuestra ilusión en la vida. Ni sacramentos ni mandamientos. Aquí lo importante es el vestido, el peinado, el bolsito y el medallón.

Una pequeñaja lo luce todo muy requetebién en una instantánea en la que se retoca el brillo de labios ante un espejo, porque los nueve años de antes equivalen a veintidós en la vida de una influencer. Así, salen todos encantados, incluido la abuela, que pondrá la ampliación en el salón-comedor.

Bodas: Obviamente, el tema estrella. Y debido a su amplitud en cuanto a estética y contenido, resulta necesario dividirlo en diferentes subgrupos, no sin previamente, aludir a los elementos en común que comparten todas las parejas fotografiadas.

Por un lado, tenemos imágenes que plasman los momentos de la novia previos al enlace. No sé qué ocurre exactamente, pero se pasa el rato mirándose en el espejo: mientras la maquillan, mientras se coloca el zapato, mientras se pone perfume y mientras besa a su padre.

El único momento en que deja de contemplarse a sí misma es en el que declara “Sí quiero”.

Por otro, todos los novios del mundo se ajustan el nudo de la corbata un millón de veces. No entiendo cómo no acaban ahogándose con tanto ajuste y reajuste. Este patrón gestual se trasladaría a la colocación de gemelos y comprobación continua de su estado.

En todo caso, el semblante del novio en sus retratos en solitario debe ser serio y reflexivo. Las novias, sin embargo, lucirán la semisonrisa justa que las distancie de parecer una loca que se lo toma a pitorreo, pero que las aleje también de ser una amargada.

Una vez finalizada esta parte común, comienza ya la miscelánea de detalles que representan la identidad de la pareja contrayente. De modo que es el momento de realizar capturas de todo tipo y para todos los gustos: la pareja clásica que pasea por el parque cogida de la mano; la divertida, en la que uno se esconde detrás de un tronco de árbol y ella lo sorprende creando un cénit humorístico sin precedentes; los modernos, que van a la cosmopolita Berlín para hacerse con sus luces de neón, y los instagramers, que no necesitan ni fotógrafo. Para poner morritos les vale un móvil y un cuartucho.

Habría que sumar las fotos del banquete, las de los entrantes, las del baile y las de las mil combinaciones resultantes de capturar a los novios con los parientes de una y otra familia.

No me puedo despedir sin hacer una mención especial a las fotos de las bodas de oro, de bebés metidos en macetas, de vistas aérea de casas, de montajes de enamorados y de la fotografía abstracta o de autor en general.

Lo dejo para otra ocasión. Que la habrá.

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