Dicen que seremos más solidarios y mejores personas

Dicen que seremos más solidarios y mejores personas

 

Como ya sabréis, llevamos tres meses con el mismo lema: que saldremos de esta convertidos en seres humanos más concienciados y altruistas.

No sé de dónde viene esta hipótesis, pero quien la haya formulado mejor que se dedique a otra cosa que no sea la adivinación, porque augurar la llegada de una nube mundial de generosidad justo cuando todo el mundo se pone a comprar papel higiénico sin pensar en los pobres culos ajenos, francamente, me parece una predicción muy poco acertada.

Yo es que no me fío de la gente que se olvida de los aparatos digestivos de los demás. Es una manía que tengo, llamadme mala persona.

Si eres el tipo de individuo o individua que ignora las etapas del proceso digestivo, a saber; ingestión, digestión, absorción y defecación; esta última, por cierto, altamente demandante en cuanto al aseo, poco puedes presumir de conciencia social y colectiva desde el momento en que compras cuatrocientos rollos de papel higiénico, dejándonos a los demás con la boca abierta y el culete bien cerrado.

Bendita la inocencia de algunos que les permite seguir confiando en la bondad humana. Yo, de naturaleza ceniza, me inclino por el descrédito hacia aquel que no deja evacuar con dignidad al prójimo, pues si crees que tu caca es la única del mundo que merece un respeto, desconfiaré de tus valores humanos por siempre jamás.

Dicha compra acaparadora de papel higiénico se hizo extensible también al pan, a la leche, al pegamento de barra para los niños, a la tinta de la impresora y al limpiador desinfectante. Puede que intuyas que los que están esperando en la cola también necesiten lo mismo que tú, pero qué más da, no están los tiempos para ser desprendidos. Así que haces acopio de todos los pegamentos y todas las cartulinas por tu cara bonita, porque te la pela; y ya de paso elaboras unas manualidades monísimas con todo el papel higiénico que te ha sobrado por ser una mala persona y haber pensado solo en tu ojete.

Cuidado, el karma siempre vuelve, y en esta ocasión intuyo que llegará en forma de cagalera maligna. Yo solo aviso.

Además, suele coincidir que quien más egoístamente se comporta por un lado, más lo compensa por otro, siempre que no sea una actividad muy laboriosa. ¿Ejemplo? Los aplausos en el balcón a las ocho de la tarde. Pues eso. Ya que estás en casa te pones a dar palmas bien orgulloso, mientras piensas que ser buena persona no cuesta tanto trabajo.

Eso sí, muchos han dado más palmas que los coristas de Camarón, pero luego son los primeros que se quejan cuando su médico lleva cuarenta minutos de retraso. Sin mencionar el trato un tanto casual hacia su enfermera a la que tanto han aplaudido en pijama, pero a la que en persona se dirige con un “¡Nena!”, “¡Ey!”, “¡Oye!”, mientras que al MÉDICO le hablan de “Don”. Rancio, no. Lo siguiente.

Pero ya lo arreglarán con unas palmaditas en el balcón, como las Royal Families. Este rítmico gesto de apoyo hacia el personal sanitario provocará que tu puntuación en tanto que ser sensible suba como la espuma. ¡Y los demás comprobarán que eres una personita de bellísimo fondo! ¿Existe algo mejor?

Ahora bien, ser un buen sujeto tiene sus límites. ¡No vas a ser un santo las 24 horas del día! Ilustremos:

El día que estrenamos horario para hacer deporte, los hiperagradecidos-modo-aplauso decidieron cambiar el pijama por el chándal, y las palmas por un súbito amor al running, de manera que en mi calle, solo quedó el loro del balcón de enfrente silbando el estribillo de Resistiré. Deduzco entonces que en mi barrio abundan los “Solidarios-Guadiana”, van y vienen a golpe de aplauso y de conveniencia.

Por otra parte, hemos visto que las pandemias ponen a uno bastante sibarita. Y lo malo es que nunca sabes cuándo te va a apetecer un bocata de calabacín con queso fresco, espárragos al gratén, sepia a la plancha, rodajas de mango y salsa búlgara. ¿Y si te entra el gusanillo un domingo de confinamiento a las once de la noche? Es cuestión de vida o muerte y no te queda otra que llamar a los de la comida a domicilio. Tampoco pasa nada si viene el chavalillo con su bici. ¡Encima que le das trabajo!

¡Diga usted que sí! No solo colabora con nuestro perfectamente engranado sistema económico, sino que sale todos los días a aplaudir. Qué maravilla. Está claro que rezuma filantropía.

Y además de estas virtudes filantrópicas, se han propagado por todos los vecindarios ciertas habilidades investigadoras. Yo misma he practicado esta ocupación, aunque me consuelo pensando que todos lo hemos hecho. -COSA QUE NO ME EXCULPA-.

Desde contabilizar cuántas veces iba fulano a llevar la basura, hasta cuántas otras estaba citrano en la calle sin el perro. A partir de ahí, y siempre detrás de la cortina, te dedicabas a sacar conclusiones infundadas e injustas sobre la vida de los demás, a la vez que te crecías reflexionando en lo cabal y responsable que eres tú, y lo inconsciente que es el resto. Lo de siempre.

Si todavía seguís creyendo en la grandeza humana, enhorabuena. Os admiro.

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