Mentir, mentimos todos

Mentir, mentimos todos

Un tipo al que debo soportar con bastante asiduidad siempre va soltando la misma cantinela: que si algo hay en esta vida que no soporta es la mentira, y por ello es, según él, poseedor de un radar de finísimo umbral para detectar a los mentirosos.

Sea verano o invierno, él nunca abandona su autopromoción como justiciero en búsqueda de la sinceridad más absoluta. Pues francamente, que se cambie de representante o le dé un giro a su carrera de superhéroe, porque lo que es conmigo, nunca acierta. Le he colado más de una trola sin apenas despeinarme. De hecho, a veces, en plena inmersión de mi embuste, me vengo muy arriba porque el mundo que me invento es mucho más sugerente que el mío propio, y voy adornando y adornando la historia hasta que me queda una aventura la mar de maja.

Digamos que mis mentiras son protectoras, me protegen de dar explicaciones o hablar de algo que en ese momento me incomoda. Así que cuando atisbo en el horizonte la más remota posiblidad de que aparezca una pregunta o tema que amenace mi intimidad, e, importante, EL INTERLOCUTOR NO SEA DIGNO DE CONTAR CON MI SINCERIDAD, siempre me alivia saber que puedo tirar de una buena patraña para salir del paso. Y si me evita algún mal rollo, yo, a una mentira le dedico una oda, un romancero gitano y un poema en verso blanco si hace falta.

Si bien, ojo, hay que situarse en la zona del aurea mediocritas, como decían los antiguos griegos. Y para el lector o lectora que carezca de la fortuna de contar, como yo, con una exquisita y regia formación en lenguas clásicas, le advierto que se trata del famoso justo medio. Con lo cual, yo, Mala, os informo de la única forma que sé, esto es, versada e inteligentemente, de las situaciones en la que se recomienda hacer uso de la falsedad:

– Para proteger tu intimidad individual: Te preguntan por qué estás más delgada o por qué no tienes hijos o por qué no te casas o por qué te ven últimamente sola. ¡Esto se merece meter una bola, amigos y amigas! Aquí está permitido todo, puedes contestar que te has separado porque has conocido a Ryan Gosling y te ofrece aparecer en La La Land 2, que va a ser dirigida por él, con lo que vas a chupar mogollón de cámara. O sueltas que estás más delgada porque ahora practicas el sexo tántrico que aprendiste con un monje budista que pasaba de celibatos.

¡A ver si hay narices que alguien te replique algo con estas historias! ¡Efectivas, 100%!

Para proteger tu intimidad familiar: A alguien le apetece saber algún que otro dato de tu Costillo o de tu madre. ¿Qué es menester? Es menester soltar una trolaza como la catedral de Burgos, como que tu madre ahora es Testigo de Jehová, “Así que mejor que no la llames por si se pone a darte la brasa con el tema”. Y hala, un favor que le has hecho a tu madre para el resto de su vida.

Para proteger tu vida cotidiana/laboral: ¿No hacen más que compararte con un primo que es médico de ACNUR? ¿Te sientes profesionalmente como una ameba? ¡Don’t worry! Invéntate que te han llamado de la Casa Blanca para ser la que lleve la campaña del contrincante de Trump para la próximas elecciones. Necesitaban a alguien joven, rematadamente atractiva, con dominio de 11 idiomas y de ideas progresistas de corte europeo para introducir a los senadores americanos los modelos de Seguridad Social Europea.

A ver, primo médico de ACNUR, ¿algo que objetar? ¡Ja!

Para hacerte la misteriosa e interesante: Bien, tu vida es una mierda. Igual de mierda que la del resto, pero a ti te da la sensación de que es un truño absoluto. Muy fácil. ¡Vente arriba contando algo que te alegre el día aunque no sea verdad! Resulta que te paran por la calle y el fulano es más pesado que una vaca en brazos. ¿Cómo deshacerte de él en dos segundos? Diciéndole con cara de agobio que no te puedes parar porque llegas tarde a coger un vuelo para una reunión con Mick Jagger, ya que él quiere hablar contigo personalmente desde que vio tu foto en la prensa británica como CEO que eres de una promotora de eventos musicales a gran escala. Efectivamente, tú no organizas un conciertillo de unos Triunfitos, tú más bien ya estás harta de pasar fines de semana con los de Coldplay. Y mientras te despides de aquel pesado le dices: “Bueno, que te vaya bien. ¡Te dejo que ya tengo a Bono llamándome por la otra línea!”

En resumen, tened siempre muy en cuenta mis consejos para sobrevivir en esta jungla de la vida, y si hay que mentir, pues se miente. Que la gente muy santa me aburre.

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