Pelos turcos

Pelos turcos

Turquía, ese país descendiente del Imperio Bizantino y Otomano, de copioso patrimonio histórico, étnico, cultural y geográfico, ahora resulta que es conocido principalmente por ser la tierra en la que entras calvo pero sales peinando melenaza.

Casi que prefería que la gente conociese a Turquía por el motivo de antes: porque de allí eran el Galatasaray y el Fenerbahce. Una razón como otra cualquiera.

Sin embargo, el modo en el que se está tratando este asunto del injerto capilar, está comenzando a irritarme levemente. Y lo que en otra persona sería levemente, en mí se convierte en mucho tirando a me molesta bastante. Resumiendo, hace ya tiempo que noto cierto tufo culpabilizador hacia los hombres que se han quedado sin pelo o que están en proceso de ello.

Bien sea en conversaciones privadas o al pasar por algún corrillo en la calle, han sido numerosas las veces en las que alguien ha declarado el siguiente enunciado: “Hoy en día si uno está calvo es porque quiere”. Y si uno es gilipollas, también; con la diferencia de que esto no se cura ni en Turquía ni en Papúa Nueva Guinea.

El mismo tipo de persona que sentencia este tema con una frase así, suele acompañar su teoría con una historia en la que siempre hay un calvo que, harto de estar acomplejado, se fue a Estambul y ahora mismo tiene que hacerse un moño por los calores que le da su nueva mata.

Asegura que conoce la historia de primera mano, aunque en realidad solo sabe el nombre del protagonista y poco más. Lo que ha ocurrido realmente es que el relato se ha ido adulterando mediante unas diez versiones distintas en las que cada cual le aportaba más énfasis al viaje del hombre calvo. “Ahora parece Sandokán”, dice uno. “Tiene más melena que el de Medina Azahara”, comenta otro. “Ayer lo confundí con su hermana”, remata un tercero.

En el fondo no conocen más casos que ese y el de algún que otro famosillo, pero adornan su teoría asegurando que muchos tíos de su entorno se han atrevido y están contentísimos con los resultados.

Y con esta propagación masiva del “yo conozco a uno que/ mi primo era calvo pero fue a Turquía y/ le llamaban el Kojak aunque”, resulta que lo que se tomaba con la seriedad de un procedimiento médico se está banalizando como quien va a hacerse la manicura. “Pero si te acompleja no tener pelo ¿cómo es que no vas a Turquía? Hoy en día con todos los adelantos que hay, si sigues así es porque tú quieres”.

Es verdad, podéis ir los dos a Turquía y ya de paso mira si te pueden hacer un injerto cerebral en el área de la inteligencia. Con los adelantos de hoy en día, no tienes por qué seguir diciendo memeces.

Y es que puede que haya la posiblidad de que uno sea consciente de que está calvo, sí, pero ha hecho el esfuerzo de aceptar esa condición y no ha querido alargar demasiado el duelo.

Cierto es que hay un código humorístico entre los propios hombres en el que se han de reír públicamente de su calvicie. Mofarse del físico propio se ha visto siempre como un síntoma de agudeza y de fortaleza. Sobre todo en ese mundo machote en el que puedes mostrarte derrotado si alguien te ha rayado el coche nuevo con una llave, pero te has de reír si te sueltan que tienes más entradas que para un partido de la Champions. [El chiste no es mío].

Yo me imagino que en muchos casos la procesión va por dentro, aunque afortunadamente creo que muchas personas saben lidiar con sus imperfecciones, no dejando que les afecte a su autoestima más de lo debido.

Con lo cual, ahora mismo, en este maremágnum de guapos y guapas y fotos y posturas y me opero y me quito y me pongo y mira qué fácil, hay personas pululando por ahí a las que les cuesta comprender que no todo se arregla modificando en quirófano todo aquello que les disgusta.

De hecho, recuerdo que en un día de playa, una pandilla de jovencitas/no tan jovencitas comentaba las fotos de una revista del corazón: “¡Mira cómo se le han quedado las tetas!”, decía una. “¡Ya te digo!, -responde otra-, “Yo lo que no entiendo es cómo tiene tanto dinero y no se las va a arreglar!”. Pues chica, le habrá hecho una promesa a un santo, será alérgica a la anestesia o simplemente NO LE DA LA GANA.

La posiblidad de quererse de manera natural es para muchos ciencia ficción. Gran incoherencia.

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