Póngame cuarto y mitad de ofensas, por favor.

Póngame cuarto y mitad de ofensas, por favor.

 

Hace un tiempo leí que una de las claves para escribir un blog o cualquier contenido en el que predomina tu voz, consiste en no pensar en quién va a leerlo.

Deberás olvidar que va a leerlo tu amiga, tu madre o tu suegra, ya que de lo contrario, el proceso creativo se complica; la fluidez y la creatividad desaparecen y tu pequeña narración se convierte en una tortura y en hago-deshago continuo. Así que no criticarás la naturopatía, porque no quieres molestar a una amiga que sí la practica; suprimirás el párrafo en contra de algunos funcionarios de ventanilla porque puede haber lío con algún familiar y evitarás reírte de ciertos programas de televisión porque entretienen la vida de tu suegra.

Con lo cual, te encuentras ante el ordenador más rígida que un taco de madera, intentando no molestar a esa gente que te importa, cuando en realidad es que el hecho de que ellos te importen implica que tú también le importas a ellos. Te conocen y te aprecian, y esta reciprocidad afectiva evitará que se sientan atacados personalmente. Sería una pérdida de tiempo pensar que alguien que te respeta pretende mofarse de ti públicamente.

Y estos tres años de blog así me lo han confirmado. A pesar de mi inseguridad al escribir sobre ciertos temas, lo cierto es que no he tenido ni un solo problema dentro de mi círculo personal.

Otro cantar es el lector o lectora al que le llega por casualidad tu humilde textito -siempre le llega, nunca lo busca, lo cual dice poco de su interés sobre tus contenidos- , y quien, tras leer dos o tres palabras que no tienen cabida en su escueto y rígido mundo de ideólogo -o ideológa-, reacciona como un dios griego en plena furia. Tampoco se ha dignado a leer el resto del artículo, y mucho menos, a echar un vistazo al contenido general del blog o a las entradas más recientes, pero un par de oraciones leídas en diagonal son más que suficientes para adoctrinar al mundo.

Aleccionar es su principal objetivo. El ofendido no solo muestra su herida, sino que también nos enseña a los demás cómo hay que actuar en la vida para ser un buen ser humano.

Son policías de la buena moral y de la perfecta conducta que pasan su tiempo buscando la semilla del mal en todos lados. Y si buscas con empeño aquello que sirva para reafirmarte en tu opinión, date por seguro que lo encontrarás, aun rastreando en la guía de teléfonos o en un libro de cocina.

En mi opinión, el resurgir de los, acertadamente, llamados “ofendiditos” está relacionado con el auge de lo individual. Todo se resume en que uno se sienta en el altar de la primera persona y comienza a denunciar lo mucho que sufre por causa de la falta de tacto de los demás. Entonan el “ME molesta que / ME duele que / ME ofende que” porque siempre hay un “TÚ quién te crees para / TÚ no tienes idea de / TÚ no tienes en cuenta a”.

Puede que se la refanfinfle la situación de los bosques en el Amazonas y las dictaduras militares en África, pero mientras no toquen su causa, no hay mayor problema. Ahora, como se te ocurra tratar un asunto en el que se puedan lucir con sus ME y sus TÚ, sacan toda su artillería pesada y te tratan de persona insensible y, sobre todo, de inculta.

Para ellos no hay nada más triunfante que demostrarte toda su instrucción teórica (de la práctica poco sabemos) a través de una visión rocambolesca de algo que has dicho. Es más, a partir de dos líneas de sintaxis y léxico básico, los ofendiditos lo transforman en una parábola inventada muy en sintonía con el Realismo Mágico: exagerada y sobrenatural.

Presumen de naturaleza hipersensible hacia los problemas del ser humano y del planeta Tierra, si bien confunden ser sentimental con tener una visión de la vida triste y sin humor. Parece como si el gracejo y el salero les restara puntos en su compromiso ético. O puede, simplemente, que carezcan de la virtud de ver la vida con más alegría.

En cuanto a mí, no puedo tener queja. Se cuentan con los dedos de una mano las personas que me han escrito en tono chulesco para notificarme la ofensa que les he causado. Y pese a que no cuento yo con una gruesa coraza que me proteja de improperios ajenos, la verdad es que el cabreo no dura más allá de un día.

Sí me sorprende la capacidad de muchos para extrapolar las anécdotas que yo escribo a un ámbito muy, pero que muy concreto, que es el suyo.

Las aventurillas que se narran en este blog están distorsionadas e hiperbolizadas para conseguir una finalidad más o menos cómica. Pertenecen a mi día a día y están ambientadas dentro de mi entorno, el cual, por mucho que quieran hacerme creer lo contrario más de alguno y de alguna, es un entorno rico en ideas, en personas imaginativas y cultivadas. No obstante, si les hace sentir bien llamarme machista, no les voy a negar esos quince minutos de gloria. Todo el mundo merece sentirse poderoso aunque sea a costa de sacar las cosas de madre.

Por último, repito un consejo de amiga para los ofendiditos: sería conveniente que dedicaran más tiempo a la lectura, no tanto de su propio archivo panfletario, sino del catálogo de textos del sujeto al que pretenden ofender. Pero no los culpo, su pasión por los ME, ME, ME, y los TÚ, TÚ, TÚ, los ciega, ya que en esto de la ofensa, quien no corre, vuela. Podría aparecer otro ofendidito que se ofenda antes y les robe su momento de esplendor.

Por último, he de decir que no pretendo erigirme como estandarte de nada.  No soy Rosa Parks, ni Juana de Arco, ni me retratarán jamás como a la Revolución guiando al pueblo. Pero siempre me he tomado por una mujer con un papel activo dentro del feminismo o, al menos, de mi feminismo; siendo, además, un tema recurrente en el blog. He hablado de temas como la sororidad,  la condescendencia con la que tratan nuestros logrosla presión que ejercen sobre nuestro aspecto, evidentemente desde mi punto de vista, que para eso es mi vida. 

Que para eso es mi blog.

 

1 comentario

  1. Ole, ole y ole!! Ahí queda eso!! Qué orgullosa estoy de ti, mi niña luchadora! Si te conocieran un poco más todos esos ofendiditos verían lo que realmente defiendes siempre en clave de humor. Recuerda:”you’re a great writer”. Siempre, porque escribes LO QUE TE DA LA GANA.

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