“Si te esfuerzas tus sueños se harán realidad” y patochadas similares

“Si te esfuerzas tus sueños se harán realidad” y patochadas similares

 

Me sube la fiebre cada vez que escucho o leo una estupidez del estilo “En la vida todo se consigue si trabajas duro”, “Nunca renuncies a tu sueño”, “Sé perseverante y podrás alcanzar lo que te propongas”.

Va a ser que no.

Es la mayor patraña que se ha dicho nunca. Hortera y ñoña, suele formar parte del corpus literario de autores como Paulo Coelho o cualquier becario que esté trabajando en las oficinas de Mr. Wonderful. También es un forracarpetas, una frase para tazas de café con leche que acaban siendo lapiceros, un motivo para dar los buenos días en Facebook y en el grupo de wasap de tu antiguo colegio de monjas, y para desmotivar -irónicamente- a todo hijo de vecino, puesto que es un comentario injusto que vomita toda la responsabilidad sobre ti mismo.

Encuentres donde la encuentres (no hay que buscarla, se te aparece por sí sola, como las visiones marianas) es una falacia de magníficas dimensiones, repleta de confeti y de unicornios con arco iris. No sirve ni para animar a un chiquillo en edad de crecimiento. Es más, yo soy de las que creen que a los niños hay que educarlos bajo los preceptos de la realidad, y enseñarles que todos tenemos limitaciones y que no pasa nada si no eres el mejor del mundo practicando el laccrose o bailando break dance.

No se trata de ser conformista ni de no tener ilusiones. Todos y todas debemos tener aspiraciones y marcarnos objetivos que dinamicen nuestra vida, pero también debemos ser conscientes de los límites. Porque los hay. Suelen ser casi siempre los mismos y suponen una barrera para todo aquel que sueñe muy a lo grande.

Comencemos, pues, por el premio gordo, por la niña bonita de muchos, por ese liante y atractivo poderoso caballero llamado don Dinero. Los sueños a todo trapo de los que habla Mr. Wonderful suelen tener una barrera digamos así como importantilla, que es LA ECONOMÍA -en su versión pudiente, of course-. Las barreras económicas desmontan las ilusiones de cualquiera (cualquiera pobre) y no hay derecho.

Incluso por mucho que le hubieras escrito a S.S.M.M. los Reyes Magos de Oriente que te habías portado superbién y habías sacado notazas en diciembre, aquella máquina de escribir de color rosa patrocinada por la Nancy no llegaba y no llegaba. Imaginaos cuán larga es la sombra del parné, porque sin él no podrás entrar en ninguna fortaleza pija en la que todos se conocen y en donde los sueños se hacen realidad aunque vayas justo de cerebro.

Curiosamente, los que están dentro de la fortaleza creen mucho en este tipo de frases y en los listillos que, micrófono en mano, llenan auditorios con sus citas al estilo de “Trabaja incansablemente hasta que tus deseos se cumplan”. Se ve que han vivido con los bolsillos bien holgados, puesto que en realidad mucha gente trabaja incansablemente, sí, pero para pagar el coste de la vida; y cuando quieren apuntarse a clases de claqué, el sueño de su existencia, no tienen ni para comprarse los cordones de los zapatos.

Prosigamos con los límites que tienen los deseos: LOS ENCHUFES, también denominados recomendaciones, a menudo relacionados con lo tratado anteriormente, aunque se dan igualmente a nano-escala. Ya puedes haber sudado la gota gorda esforzándote, siguiendo las consignas de Paulo Coelho, que llega el sobrino del profesor de claqué y se queda con la última plaza de un curso que te podía lanzar al estrellato. Coelho, nunca te he leído una frase intensa sobre el enchufismo.

Por otra parte, los que escriben estas citas motivadoras de Mr. Wonderful, así como los telepreachers reconvertidos ahora en coaches motivacionales, o no tienen familia, o fueron encontrados en la selva criados por una manada de lobos. De lo contrario, no entiendo que no se les pase por la mente otro gran obstáculo: LAS RESPONSABILIDADES FAMILARES.

Tu gran sueño es pasarte dos años viajando cual lobo de mar en el Calypso, el barco científico de Jacques Cousteau, pero tienes hijos -y me han dicho que hay que atenderlos, cuidarlos y no sé qué más que ahora no recuerdo-, una pareja, unos padres mayores, un perro, un gato, dos periquitos -es que si solo tienes uno se deprime- y reuniones del AMPA a las que acudir. No queda muy allá empaquetárselo todo al otro mientras observas los coletazos de la ballena azul. Hay cosas como que no.

No obstante, una de las causas más lógicas del incumplimiento de los deseos, si bien los creadores de pósters y libretas con purpurina no lo tienen muy en cuenta, es TU PROPIA TORPEZA. Por mucho que quieras ser la prima ballerina del ballet Bolshói, si no tienes aptitudes, poco puedes hacer, por mucho que lo hayas soñado y por mucho que lo hayas trabajado sin descanso. De hecho, has ensayado de más para compensar la falta de talento y has acabado con una amputación de pies, tibia y peroné. Ahora sí que no tienes mucho futuro. Desconozco si hay frases Wonderful para motivarte en situaciones así.

Además, existe una serie de condiciones esenciales para que tus anhelos dejen de serlo y se hagan reales: una personalidad optimista, el afán de superación, creer en uno mismo, la constancia, el tesón, la ilusión eterna y demás atributos solo aptos para los bendecidos por la gracia de un ser etéreo y esperanzador.

Y, por último, pese a que pocas referencias hay hacia ellas por su naturaleza chorras y poco literaria, están LAS CASUALIDADES. El estar ahí en ese momento, contar con un golpe de suerte inesperado, una coincidencia estúpida… suelen ser motivos de éxito de los que muy poca gente habla, y cuando ocurren saben muy bien. Eso dicen, a mí no me ha pasado nunca. Forraré todos mis libros con frases wonderfulianas; quizás se me pegue algo.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *