No hay tema más universal que el amor. Ni más amplio, ni más complejo, ni más íntimo, ni más público. Además, todo los misterios que conlleva dan pie a un estudio desde el más filosófico al más ñoño, eso ya depende del estilo de cada uno. Yo optaré en esta ocasión por un aire más mundano, porque para mostrar todo mi vasto dominio sobre cualquier materia ya tengo el resto de días, como habrá podido comprobar la masa lectora gracias a los innumerables conocimientos aquí expuestos y desarrollados. Es por ello que me basaré en datos empíricos y, en consencuencia, fiables; siempre que estos hayanLEER MÁS

Estos días tengo un disgusto que nada me lo puede quitar. Ni más ni menos que mi Grundig, esa minicadena que me regaló mi abuela en el año ’92, está llegando a su fin y, aunque parezca exagerado, mi pena es superlativa. Me la compró justo cuando yo no daba abasto con mis playbacks delante del espejo, y me moría por comprarme cedés y por hacer mis casetes megamix gracias a la doble pletina, pero en mi casa no había un duro. Así que un día me dio una sorpresa descomunal. Pagada a plazos, como se hicieron siempre las cosas en mi casa, la minicadenaLEER MÁS

Como experta en temas amorísticos que soy y, dado el texto publicado en este mismo blog la semana pasada, es de apremiante necesidad que tratemos en esta ocasión el asunto opuesto: aquellas conductas o rasgos que al menos a mí, Mala, me resultan altamente deseables. Erotizantes a tope. Sin más preludios, centrémonos entonces en el núcleo de la cuestión, pues no hay tiempo que perder: -La ironía y el humor por bandera: Un comentario socarrón por aquí, una burla finamente hilada por allá, reírse de sus patosidades por un lado, presumir con irónica gracia de sus virtudes por otro, o hablar de algo cutre comoLEER MÁS

Desconozco el decreto ley según el cual se ha dictaminado que hablar de amor es de cursis. Puede que me equivoque, sin embargo me da la sensación de que se ha quedado relegado a las conversaciones de los más nostálgicos o sensibleros; de los que vulgarmente conocemos como “moñas” y que suelen formar parte de todo tipo de mofas. Pues yo, aprovechando la coyuntura, confieso sin pudor alguno que soy una moñas. Sí, y me encanta serlo, ya que por mucho que os esmeréis no encontraréis un tema más chulo que el amor, que el enamorarse, que el morirse de amor como lo hacían losLEER MÁS

[Suspiro] Ahh…la primavera….. Caen chuzos de punta, pero me dicen que es la estación del amor y del florecimiento del deseo. Los pajarillos se ponen cochinotes en las ramas de los árboles y, de hecho, piensas: “hay que fastidiarse, hasta los gorriones tienen más ganas de ñaca-ñaca que yo”. Obviamente, me entra el bajón, así que prefiero recordar esas épocas primaverales en las que andabas más caliente que el pico de una plancha. El deber llama y es por eso que trataremos a continuación el asunto amoril con el Costillo. Mi ya célebre enamorado no apareció de la nada, aunque pueda parecer que bajó deLEER MÁS