A finales de este verano, mi community manager casero, mi mano derecha empresarial, mi CEO, mi SEO y todas esas cosas que dice que hace él, me aconsejó poner un foto mía como perfil del Facebook. Yo, persona en absoluto ducha en cuestiones de redes sociales, me negué de antemano y de posmano. Me negué en inglés, en francés, en chino mandarín y en tagalo. Simplemente no. Yo argumentaba que con el dibujo de Mala, hecho a mano y coloreado con mis Faber Castell, regalo estupendo de mi amiga Marta, era más que suficiente. Nadie necesita contemplar mi careto y yo no necesito ser contemplada.LEER MÁS

[“ Disculpe, ¿podría traerme otro cafecito con leche, por favor?”] Me tenéis que perdonar pero estoy aquí en una terracita pidiendo un nuevo suministro al camarero, al mismo tiempo que muevo mi silla sin parar, buscando ese rayo de sol ideal que incide en la vértebra adecuada de tu espalda. A ver, a ver…yo creo que veinte centímetros más hacia a la derecha…voilà. Lo tenemos: la postura perfecta. [“Sí, descafeinado, gracias”] Ah, nada, que ha venido otra vez el chico a preguntarme si lo quería descafeinado. Quizás le suene  mi cara, porque una es de las que hace caiditas de pestañas por doquier. Y aunque dentroLEER MÁS