Mi amiga Mari Carmen es todo un personaje. Sabe de todo o hace que sabe de todo, nunca me ha quedado claro. El caso es que si te encuentras en un momento de indecisión o de no saber cómo solventar un problema, ahí está ella para aclararte cualquier incertidumbre, sea la posología del Voltarén o comprar las mejores pastillas de freno para el coche. Efectivamente, puede que no tenga ni idea de lo que habla, pero tal y como te lo vende, te hace creer en los elfos si es necesario. Lo cierto es que una de las cualidades de las que más presume esLEER MÁS

Yo no sé cómo funciona esto del tiempo: entre que un señor fue un adelantado asegurando que era relativo y que otros señores viven atrasados con su Franco y su aguilucho, en realidad no tengo ni idea de si el tiempo corre deprisa o no. Pero por lo de pronto, y a lo tonto a lo tonto, ya ha pasado un año desde que esta humilde servidora dio salida a un proyectillo bobalicón aunque hecho de forma muy amorosa. De ninguna manera se acompañó de ínfulas ególatras o de objetivos absurdos e irrealizables. Por dos motivos; uno, porque no dispongo yo de ego suficiente comoLEER MÁS

A finales de este verano, mi community manager casero, mi mano derecha empresarial, mi CEO, mi SEO y todas esas cosas que dice que hace él, me aconsejó poner un foto mía como perfil del Facebook. Yo, persona en absoluto ducha en cuestiones de redes sociales, me negué de antemano y de posmano. Me negué en inglés, en francés, en chino mandarín y en tagalo. Simplemente no. Yo argumentaba que con el dibujo de Mala, hecho a mano y coloreado con mis Faber Castell, regalo estupendo de mi amiga Marta, era más que suficiente. Nadie necesita contemplar mi careto y yo no necesito ser contemplada.LEER MÁS

[“ Disculpe, ¿podría traerme otro cafecito con leche, por favor?”] Me tenéis que perdonar pero estoy aquí en una terracita pidiendo un nuevo suministro al camarero, al mismo tiempo que muevo mi silla sin parar, buscando ese rayo de sol ideal que incide en la vértebra adecuada de tu espalda. A ver, a ver…yo creo que veinte centímetros más hacia a la derecha…voilà. Lo tenemos: la postura perfecta. [“Sí, descafeinado, gracias”] Ah, nada, que ha venido otra vez el chico a preguntarme si lo quería descafeinado. Quizás le suene  mi cara, porque una es de las que hace caiditas de pestañas por doquier. Y aunque dentroLEER MÁS