Este año, en mi anárquica pero responsable familia, hemos decidido que las Navidades las celebremos cada uno a la lumbre de su propio hogar. Nos es indiferente que cantantes octogenarios entonen villancicos ante cinco mil personas. En nuestra casa, aunque vamos sobrados de contradicciones, como casi todo el mundo, cuando nos toca ser buenos ciudadanos, lo somos. Así, mientras otros cantan El tamborilero, nosotros cantamos Cada mochuelo a su olivo, lo que empodera nuestra ética familiar. Dicha decisión determina que mi Costillo y yo pasaremos, por primera vez, la noche del 24 de diciembre a solas con nuestro gato. Y a varios días vista, yaLEER MÁS