Pero no el Goya de honor, que ese te lo dan cuando ya estás fiambre o a puntito de ello, cosa que es peor. Es más, ¡qué poca delicadeza la de los miembros de la Academia! Me los imagino en su reunión para tratar el asunto sobre quién será el afortunado en recibir el premio a toda una carrera. Pongamos que escondemos un micrófono en la sede central: “Me he enterado de que [ léase un nombre propio de estrella del celuloide español] sufre epilepsia catatónica tras varias décadas jugando al Tetris, y no creo que le quede mucho. ¿Le damos este año el Goya?”, “¡Ni hablar!LEER MÁS

Madre del amor hermoso. Yo no sé si estoy otra vez en la pubertad o definitvamente soy más idiota de lo que pensaba. ¿Os podéis creer que todo me da vergüenza? Pero todo. ¡Todo! Podría ser normal y comprensible que me diese pudor quedarme en pelotas delante de un auditorio o darme de bruces contra una farola, mientras te observa el respetable de una terracita veraniega. Lo que se llaman eventos bochornosos clásicos, reconocidos como vergonzosos tanto aquí como en el sur de Pakistán. Pero hete aquí que cualquier nimiedad me produce un desproporcionado rubor, solo comparable a la lectura de mi discurso para laLEER MÁS

No sé si me estoy volviendo una insoportable o es que ya lo era antes, pero a medida que me voy haciendo mayor, más gili me pongo. Encima, así… rollo cascarrabias, que todo me molesta, que nada está a mi gusto y siempre rumiando en un tono de voz semi-inaudible, solo alcanzable por la raza canina . Lo que por estos lares llamamos ser un “rosmón” o una “rosmona”; término con mucha enjundia y de una riqueza léxica y semántica sin parangón. Yo ya adelanto que ser una rosmona tiene su truco. No se trata de quejarte todo el día, ni de ser la mártir de una generación.LEER MÁS

No sé por qué, pero hay cosas en la vida que siempre le ocurren a todo el mundo menos a ti. A saber: nunca te toca la cesta de navidad del súper, nunca consigues la mega ganga de la que te puedas chulear, nunca tienes un hijo feo y; nunca, JAMÁS DE LOS JAMASES, eres ni serás una choni. De hecho, según tu criterio, tienes más posibilidades de que tu jefe te ordene ir a su despacho para alabar tu trabajo, que de ser una choni. Porque, ¿choni, tú? Ay…jeje…como que te da una risa floja y condescendiente tan solo de pensarlo. ¡Pero si túLEER MÁS