¡Qué maravilla! Traigo una novedad: resulta que soy majísima y yo no tenía ni idea. Pero maja-maja, majísiima de la muerte. Maja a morir. Y yo viviendo en la inopia, desconociendo esta dulce noticia capaz de embelesar los más pétreos oídos. Qué lástima, pudiendo haber vivido tan majamente como merecemos la gente maja. En principio, el descubrimiento de esta buena nueva se debe a la llegada del invierno, de las lluvias y del frío; ya que me atavío debidamente y acorde a las circunstancias climáticas, a saber: gorros, paraguas, guantes, bufandas y todo aquello que sea susceptible de dejar olvidado en cualquier sitio al queLEER MÁS

Yo es que soy rarísima. Resulta que me muero de la vergüenza si tengo que hablar con el presidente de la comunidad de vecinos, pero luego me marco sin problemas el pasito de Michael Jackson en el vídeo de Beat it. Ojo, todavía me queda mucho para ser la loca del pueblo, ya que mis coreografías callejeras solo las hago si voy acompañada, que queda como mucho más normal, dónde va a parar. Es más, si tú te arrancas a hacerte un Beyoncé en la zona de las terrazas, así visto, la verdad es que parece un poco fuera de lugar; ahora bien, si leLEER MÁS

Pero no el Goya de honor, que ese te lo dan cuando ya estás fiambre o a puntito de ello, cosa que es peor. Es más, ¡qué poca delicadeza la de los miembros de la Academia! Me los imagino en su reunión para tratar el asunto sobre quién será el afortunado en recibir el premio a toda una carrera. Pongamos que escondemos un micrófono en la sede central: “Me he enterado de que [ léase un nombre propio de estrella del celuloide español] sufre epilepsia catatónica tras varias décadas jugando al Tetris, y no creo que le quede mucho. ¿Le damos este año el Goya?”, “¡Ni hablar!LEER MÁS

Madre del amor hermoso. Yo no sé si estoy otra vez en la pubertad o definitvamente soy más idiota de lo que pensaba. ¿Os podéis creer que todo me da vergüenza? Pero todo. ¡Todo! Podría ser normal y comprensible que me diese pudor quedarme en pelotas delante de un auditorio o darme de bruces contra una farola, mientras te observa el respetable de una terracita veraniega. Lo que se llaman eventos bochornosos clásicos, reconocidos como vergonzosos tanto aquí como en el sur de Pakistán. Pero hete aquí que cualquier nimiedad me produce un desproporcionado rubor, solo comparable a la lectura de mi discurso para laLEER MÁS

No sé si me estoy volviendo una insoportable o es que ya lo era antes, pero a medida que me voy haciendo mayor, más gili me pongo. Encima, así… rollo cascarrabias, que todo me molesta, que nada está a mi gusto y siempre rumiando en un tono de voz semi-inaudible, solo alcanzable por la raza canina . Lo que por estos lares llamamos ser un “rosmón” o una “rosmona”; término con mucha enjundia y de una riqueza léxica y semántica sin parangón. Yo ya adelanto que ser una rosmona tiene su truco. No se trata de quejarte todo el día, ni de ser la mártir de una generación.LEER MÁS

No sé por qué, pero hay cosas en la vida que siempre le ocurren a todo el mundo menos a ti. A saber: nunca te toca la cesta de navidad del súper, nunca consigues la mega ganga de la que te puedas chulear, nunca tienes un hijo feo y; nunca, JAMÁS DE LOS JAMASES, eres ni serás una choni. De hecho, según tu criterio, tienes más posibilidades de que tu jefe te ordene ir a su despacho para alabar tu trabajo, que de ser una choni. Porque, ¿choni, tú? Ay…jeje…como que te da una risa floja y condescendiente tan solo de pensarlo. ¡Pero si túLEER MÁS