En mi casa siempre ha habido una máxima: no se habla de dinero. Y punto. La verdad es que en caso de hacerlo, tampoco tendríamos mucho de lo que hablar. Es lo que tiene ser parte del modesto proletariado. Pero una cosa no quita a la otra. Éramos humildes, sí; pero conservábamos el mismo savoir faire que la gente adinerada y con poderío: hablar de dinero es muy personal y no se saca a relucir por ahí. Así me criaron y así sigo practicando esa religión. Sin embargo, hay ciertos individuos e individuas que, por varios motivos, se pasan el día dándome más cifras queLEER MÁS