Hace nada me dijeron que tengo la suerte de ser propietaria de un buen escudo con el que protegerme de muchas cosas de la vida: el humor. Tras agradecer semejante halago, no sin sonrojarme terriblemente, dado la convicción con la que me lo confesaba, me di cuenta de que en realidad nunca he sido demasiado consciente de ello. Es decir, sí, sé que tengo sentido del humor, pero para mí es lo mismo que tener dos ojos: los tienes ahí pero no les prestas mucha atención. Vienen contigo de serie y nunca te has parado a agradecerle a la vida que te los haya puestoLEER MÁS