No sé si me estoy volviendo una insoportable o es que ya lo era antes, pero a medida que me voy haciendo mayor, más gili me pongo. Encima, así… rollo cascarrabias, que todo me molesta, que nada está a mi gusto y siempre rumiando en un tono de voz semi-inaudible, solo alcanzable por la raza canina . Lo que por estos lares llamamos ser un “rosmón” o una “rosmona”; término con mucha enjundia y de una riqueza léxica y semántica sin parangón. Yo ya adelanto que ser una rosmona tiene su truco. No se trata de quejarte todo el día, ni de ser la mártir de una generación.LEER MÁS

Todos hemos visto esas series americanas donde el padre es pluscuamperfecto: nunca se pierde los partidos de su hijo (que es el quarterback con más futuro del condado), y siempre que tienen una riña, va a su cuarto para soltarle una frase que cambiará el rumbo del adolescente y el de los telespectadores, que quedan petrificados ante la belleza de esas sabias palabras. Sin duda, se trata de un padre que se escapa del hospital el día que va a ser operado de urgencia de apendicitis. Y ahora yo pregunto: “¿Vuestros padres se han levantado de la cama del hospital, se han arrancado de cuajoLEER MÁS