Venía yo de leer un tochazo, y dado que la belleza también está en la variedad, decidí acudir a mi madre, esa lectora voraz, en busca de un préstamo en forma de libro sin pretensión alguna más allá que la de leer unas paginillas antes de conciliar el sueño. Lo malo es que pedirle a mi madre que me recomiende algo de lectura es como caer en unas arenas movedizas de las que no saldrás nunca: “Pero… ¿policíaco estilo escandinavo o más bien novela negra americana? Ah…que lo mismo prefieres algo en plan espionaje de John Le Carré, o si quieres también tengo el últimoLEER MÁS

Vaya por delante que en casa tengo lo que se llama un MAROMAZO: alto, guapo, estiloso, culto, ingenioso, graciosísimo…y un etcétera de cualidades solo propias de él o de alguna deidad de la Grecia Antigua. El problema es que mi Costillo tiene, digamos, un pequeño defecto. Pero vaya, una cosilla así, sin importancia, que tampoco nos vamos a cebar ahora con el muchacho; y es que resulta que de vez en cuando, tiene ganas de ñaca-ñaca. Sí, hombre; que ya sabéis por dónde voy; de ñaca-ñaca, de kiki, de revolcón, de vicio y fornicio, de polvete. Resumiendo: de darle un homenaje al cuerpo. Ya veis,LEER MÁS