No iré yo de monja de clausura afirmando que me desagrada tomarme un refrigerio en una terraza. La vida tiene sus placeres y este es uno. Ahora bien, el furor terracero se ha apoderado de nuestras almas, convirtiéndonos en animales primitivos que luchan en la jungla del postureo. Enseñas colmillos, arqueas el lomo o ya directamente te pasas al insulto o a montar un pollo como Dios manda. Cualquier signo de intimidación será lícito siempre que el adversario perciba tu agresividad. La única mesa que queda libre es tuya y estás dispuesta a todo. Desconozco con exactitud cuál ha sido el desencadenante de este augeLEER MÁS